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La insultante miseria de las Clínicas del Magisterio

BAILE Y COCHINO

Por: Horacio Cárdenas.-

Corría el sexenio de Humberto Moreira Valdés, el bautizado como gobierno de la gente, aventaba dinero por todos lados, los programas sociales, todos tenían el apelativo ‘de la gente‘, y en algún momento de su máximo poder y carisma, llegó a contabilizar algo así como treinta y tres programas, que iban desde las farmacias de la gente hasta el agua embotellada, había uniformes escolares y hasta calzado para los niños, a tal grado llegaba la largueza del entonces gobernador, que casi se puede decir que no quedó un coahuilense al que no le hubiera tocado algo.

Todavía lo recordamos como si lo estuviéramos presenciando en este momento, el mandatario en alguno de tantos eventos de la Sección 38 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, y siendo el mismo profesor, estando arropado por profesores, lanzó una promesa a sus compañeros maestros: viendo que les estaba quedando chica ya la tristemente célebre Clínica del Magisterio a una población que no se iba haciendo precisamente más joven, y que él sabía bien cómo eran de exigentes con el cuidado de su salud, a cargo de una dependencia del sindicato, les construiría una nueva clínica hospital, misma que estaría plenamente funcionando para antes que concluyera su administración.

Era parte del encanto que sabía manejar Humberto como pocos políticos antes y después que él, darle a su auditorio exactamente aquello que estaban esperando escuchar, a veces adivinando cosas que ni ellos sabían que deseaban o necesitaban, pero ya puesto sobre la mesa, era más que suficiente para echárselos en la bolsa.

Cierto, la Clínica del Magisterio se estaba quedando chica, pero era por la altísima demanda de servicios que los derechohabientes hacían de ellos, primero que nada porque tenían derecho, era su servicio médico, segundo porque era de una calidad incomparable con otras instituciones públicas de salud, había también particulares que acudían allí a atenderse, y muchas urgencias caían precisamente allá, el hospital más cercano de la carretera viniendo de Zacatecas. Los profesores acudían, y aunque tardados, se iban en general con lo que habían ido a buscar, medicamento, algún estudio, su consulta, la subrogación de algún servicio especializado, y sobre todo, sin sentir que su economía familiar estaba sufriendo por el cuidado de su salud.

La promesa del profesor Moreira fue por todo lo alto, ¿el terreno?, ya estaba seleccionado entre los que quedaban en la reserva territorial del parque metropolitano de Saltillo, ¿los servicios?, iban a ser 37 camas de hospitalización, que si bien no suenan a muchas, sí significaba un incremento sustancial respecto de las que había y sigue habiendo en la Clínica del Magisterio, además de que se dejaba abierta la puerta a que pudieran operar ambas unidades médicas al mismo tiempo, y ya con eso los profesores asistentes a aquel olvidado evento, se sintieron que en sus años futuros, en los que seguramente requerirían de una creciente atención, disfrutarían de la mejor que el dinero, el poder sindical, la fuerza del gobierno, pudieran comprarles, ya si se morían es porque no han podido resolver eso de la vida eterna, pero hasta ese sueño podían comenzar a acariciar.

Todos sabemos lo que pasó, Humberto Moreira buscó y logró jugar en las ligas mayores, para competir por la presidencia del Partido Revolucionario Institucional, dejó la gubernatura del estado en manos de un interino que hasta la cárcel fue a dar, Jorge Torres López, allá él se proyectó al grado de sacar la chamba de la elección que le dio la victoria al PRI y a Enrique Peña Nieto, y no faltó quien sugiriera que si se no se ponían de acuerdo los otros aspirantes, hasta podía ser el coahuilense quien apareciera en la boleta electoral. ¿Y del hospital nuevo para el Magisterio coahuilense?, ni quien se volviera a acordar de él, no solamente entre los que debieran ser encargados de cristalizar el proyecto, las autoridades estatales, sino ni siquiera entre la base de trabajadores, jubilados y derechohabientes. Del hospital de 37 camas y una atención especializada, no se volvió a hablar.

¿Y cómo iba a hablarse de un navío nuevo, si el que estaba hacía agua por todos lados? Atrás quedaron los grandes proyectos de un magisterio sano, bien cuidado en su vejez, excelentemente atendido por una dependencia sindical que administraba sensatamente sus recursos, y los que le faltaban, los lograba conseguir de un gobierno convencido de que se aplicarían juiciosamente. En algo más de diez años transcurridos desde lo que le venimos comentando, la situación del servicio médico de la Sección 38, que tiene su manifestación física en las Clínicas del Magisterio, no ha hecho más que deteriorarse cada vez más.

Hoy la Clínica de la 38 no es más que un cascarón vacío, luce solo, sin pacientes, sin médicos, sin enfermeros, lo único que preserva es un cierto grado de limpieza, y eso más por la falta de tránsito de gente que porque se empeñen sus directivos en la sanidad. Los profesores y derechohabientes ya no acuden ni a consulta, por los medicamentos no van, ¿para qué?, si han escuchado infinidad de veces la respuesta de los cada vez menos empleados de farmacia, no hay profe, véngase el miércoles que llega pedido, a ver si llega, y ni que decir de que piensen en una cirugía, en algún estudio, o algo más elaborado, eso es poner en riesgo su salud, siendo lo único seguro que saldrán peor que como entraron.

Pero lo peor de todo es la desvergüenza de quienes siguen medrando de las cuotas de los profesores que siguen en activo en las instituciones beneficiarias, en ocasión de haberse celebrado, más bien de haber ocurrido, el aniversario del servicio médico, los directivos no tuvieron empacho en presumir a través de un boletín la compra de un respirador, de una cuna, y dos que tres otras piezas de equipo, nada complicado, nada muy costoso, pero que como ha sido lo único que han comprado, quien sabe si pagado, pues lo dicen a los cuatro vientos que forma parte de un programa, ahora si, de modernización y renovación de equipamiento. Lo que parece increíble es que crean que la población derechohabiente todavía se trague sus mentiras, y además de una pobreza que raya en lo miserable. ¿Cuántas trabajadoras de la educación o familiares se animarán a ir a parir a la Clínica de la 38?, ¿Cuántas se animarán a internar allí a sus hijos recién nacidos, para que le puedan dar uso a la mentada cuna?, y si a esas vamos ¿una cuna, una sola cuna?, eso es hasta discriminatorio, imagínese que a uno le toca la nueva, y los dos o tres pequeños que haya, a esos les tocan las viejas, que imagínese cómo han de estar.

Lo mismo con el respirador, un respirador, ¿cómo presumen de eso en época de COVID, en que se peleaban las instituciones de salud por esos equipos? ¿y aquí se contentan con uno?, que además ni han de querer prestar, porque ¿y qué tal si se necesita para otro paciente, uno más importante? Pues así las cosas en el gran hospital que alguna vez, de la mano del profe que nos cuidaba, los maestros se atrevieron a soñar, mejor ni enfermarse, y si se enferman, ni ir a la clínica, porque capaz que no salen vivos.

2 comentarios sobre “La insultante miseria de las Clínicas del Magisterio

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  1. Gente Nefasta que nunca debió pisar nuestra amada sección 38. Voto libre, secreto y universal ejercido con valor y decision= a Sección 38 sana.

  2. Limpia total a la Secc. 38 del SENTE. TODOS UNIDOS EN UN SOLO FRENTE.Por el rescate de nuestras instituciones y la dignidad del gremio magisterial. RUTA 11 SECC.38

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