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Tiene Parras su propio ‘Grinch’: se apellida Pérez Arciniega 

Por: Luis Enrique Morales.-

Parras, Coah., 18 Diciembre 2021.- En esta vida, que conocemos efímeramente como nuestra, de vez en cuando nos toca reproducir tradiciones que son representaciones de los más profundos sentires de la humanidad; conocimientos de antaño que, con sangre y lágrimas, el Hombre se ha encargado de mantener siempre a la luz, para, por siempre, recordar. 

Una de ellas es la Navidad. En esta gran fiesta, existen símbolos que materializan la bondad, la alegría, la familia y el Amor por el prójimo. Como conmemoración del nacimiento de Jesucristo, en estas épocas decembrinas las personas ven por quienes les rodean; por un pequeño lapsus, dejan de preocuparse por sí mismos, alzan la cabeza, y voltean a ver al otro, al de al lado, al hermano, al vecino, al de abajo, al desprotegido. 

Irónicamente, la Navidad, que simboliza todos estos valores, vive, también, a través de otros símbolos. Los gorros rojos, los regalos, las luces, el pino navideño, Santa Claus: todo nos recuerda a ella, y con ello, lo que detrás se esconde. 

En la mayoría de la gente, estos detalles causan alegría, amor, compasión. En otros, tristeza, soledad, nostalgia. Pero, quien diga que la Navidad no le causa ningún sentimiento, tenga por seguro que miente. 

Existen también algunos otros, que son pocos, muy pocos, a los que, debido a las malas experiencias vividas, estas épocas les causan un profundo rencor. Basta recordar la película del ‘Grinch’, ser extraño de color verde, el cual fue desterrado a la cima de una montaña, por su peculiar imagen. Se trata de un personaje que, movido por el odio y el resentimiento, se decide a robar la Navidad. 

Esta acción del ‘Grinch’, paradójicamente se refleja en lo que está pasando por acá, en nuestro pueblo, ya no tan mágico de Parras de la Fuente, donde pareciera que la Navidad pasó de largo. Que alguien o algo se encargó de robarse todos los adornos navideños, las luces de colores, los obsequios, el olor de las posadas, los cantos y las risas para hundir sus calles en la penumbra., en la desfachatez, en la sequía. 

Y el causante de robarle a Parras el espíritu navideño, no es otro que el aún alcalde, al que ya solo le faltaba, además de apoderarse de todo cuanto pudo, cargar con la Navidad. Basta con darse una vuelta por el pueblo para darse cuenta de la jodidez que hoy cierne sus alas sobre las calles, las plazas, las acequias. No hay adornos, no hay pinos adornados con esferas y luces de colores destellantes. Todo está descolorido. Alguien se robó, en Parras, la Navidad. Y ese alguien tiene nombre y apellido: ése alguien se llama Ramiro Pérez Arciniega.

Al Grinch de ‘El Durazno’, quién sabe qué cosas ó por qué caminos lo llevó la vida, para despreciar estos símbolos, para olvidarse de ellos y de las fiestas decembrinas. Y no sólo acabó con las fiestas, sino también con los valores que representan. Como bien dijo una regidora en días pasados, estas calles hoy simbolizan el interior de su gobernante: oscuras, grises, derruidas, dejadas. 

Ni siquiera pusieron pino de Navidad. Sólo hay uno, el que instala año con año la Coca Cola, en la plaza del reloj. De ahí en más, nada. Ni un sólo adorno, ni una tira de banderitas de colores cubre, en este diciembre, las calles del pueblo. 

Es triste, sin embargo, todo tiene arreglo: tendremos los parrenses que poner nuestro granito de arena para salvar la Navidad. No pasa nada, las crisis nunca son para siempre. Son contados ya los días que le quedan a este Grinch de Parras.

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