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Para que la cuña apriete… José Ramón cimbró a la 4T

ESPEJO CÓNCAVO

Por Roberto Morales.-

Nadie imaginó que el encargado de destruir la estructura de la 4T desde sus cimientos, y aplastar como el merengue al rey en la canción de Gabilondo Soler Cri-Cri, sería ni más ni menos que José Ramón López, el propio hijo del Presidente Andrés López, inmerso hoy, junto con la familia “real” en hechos de corrupción semejantes a los de Emilio Lozoya y su Odebrecht mexicano.

Ni el movimiento de FRENAA, ni panistas, ni priístas, ni todos los enemigos juntos habían hecho mella en el escudo protector del mandatario pero, en un abrir y cerrar de ojos, el dique se rompió y el agua arrastró con toda la verborrea presidencial, esa de «primero los pobres«, de «no tener más que un par de calzado«, «aspiracionista«, «no aventurarse a estudiar«, ni «ser clasemediero«.

Todo lo mando al caño el ‘junior’, que resultó más fifí que los fifís del PRI, del PAN y del PRD.

Vivir en la opulencia, según López Obrador, a costillas de su trabajadora mujer, fue un tremendo golpe que José Ramón le propinó a su señor padre entre ceja y oreja, cuando no se cansaba de pregonar su doctrina franciscana de huarache y a pie, tortillas y frijoles, apareció la verdad, la cruda y ostentosa verdad de quienes viven del engaño y la mentira, engañan a los pobres y disfrutan de las riquezas que dejan los dineros del pueblo bueno.

El golpe del junior fifí hizo cimbrar a toda la Cuatro T y, de paso, alertó a toda la sociedad sobre los hechos de corrupción que giran alrededor de la familia presidencial y de sus principales allegados.

Ya sin saber cómo defenderse, cómo decir que tiene preso a Emilio Lozoya, exfuncionario del gobierno de Peña Nieto por haber recibido dinero de una empresa petrolera a cambio de contratos millonarios, mientras que José Ramón, quien también fue intermediario para abrir las puertas de Petróleos Mexicanos a Baker Hughes que recibió adjudicaciones directas de la paraestatal en contras por millones y millones de dólares.

El pueblo no es tonto, diría Andrés López, y sí, tiene gran razón en tal aseveración. El pueblo no es tonto, se tardó tres años en quitarse la venda de los ojos para darse cuenta que vivía en el engaño, que la 4T no es más que un nido de sinvergüenzas abusivos y ladrones, no iguales, peores que los del pasado.

Se cayó la carpa del circo, la lona se vino abajo y, ahora, las “benditas redes sociales” a las que tanto alabó en el pasado, son sus más grandes detractoras. Desde éstas, la crítica a la corrupción y la riqueza de la familia del Presidente ha ido creciendo a tal grado que la popularidad de López Obrador, quien se decía honesto a más no poder, ahora se vino por los suelos.

Por algo son los dichos populares y aquí queda comprobado que “para que la cuña apriete, debe ser del mismo palo”.

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