Coahuila y los grandes proyectos: el tren rápido ‘Coahuilteca’

BAILE Y COCHINO

Por Horacio Cárdenas.-

El ayuntamiento de Saltillo se puso las pilas en el asunto este del transporte de personal, que tantos dolores de cabeza ha venido dando a los habitantes de la capital de Coahuila desde hace ya varios años. Son oleadas de camiones las que invaden las avenidas y calles conducidas por unos cafres que ningún respeto tienen por los reglamentos de tránsito, por las señales, mucho menos por otros conductores y peatones, por nadie. En las horas pico, cuando cambian de turno las empresas y salen los trabajadores con ganas de llegar lo más pronto posible a sus casas o sus municipios, los que vienen desde más allá, y pues ¿qué más podían pedir los choferes, sino que les prendieran tantito el orgullo?, allí los tiene jugando carreras suicidas por todas las vialidades, burlándose de los saltillenses que los miran aterrorizados.

El ayuntamiento destinó personal de tránsito y vialidad para que los camiones de personal no suban a los puentes, que vayan por las laterales, que le bajen a la velocidad, y en fin, que actúen no como ciudadanos, sino como seres humanos. Bien hasta allí, pero esto no es más que una solución parcial a un problema de gran envergadura que nadie se ha ocupado de resolver a cabalidad, esperemos que al rato no se les olvide y vuelvan a dejarlos sin rienda.

A principios de esta semana los medios de comunicación recordaron lo que para muchos es una idea descabellada, pero para otros es un proyecto que le daría viabilidad económica a la región sureste del estado de Coahuila por años por venir, una viabilidad que hay que reconocer, se está viendo seriamente amenazada por la más que limitada infraestructura vial que más que posibilitar, pone en jaque las comunicaciones y todo lo que de ellas depende.

Tan sencillo como que si hay vías de comunicación adecuadas, suficientes, rápidas y seguras, el desarrollo económico de la región sureste, principalmente de los municipios industriales de Saltillo y Ramos Arizpe, podrá continuar y expandirse, si no las hay, pues se frenará y en caso extremo comenzará a retroceder. De allí la importancia que reviste el proyecto de un tren interurbano, del cual lastimosamente, solo existe ya no digamos el trazo o el planteamiento técnico, sino que apenas el nombre, porque para eso serán buenos los políticos, bautizar un niño que no existe más que en la imaginación.

Les gustó y pegó lo de un tren Coahuilteca, como si los habitantes originarios de esta razón hubieran andado en ferrocarril en vez de a pie, pues que ni caballos había en su época, y los árboles que conocieron sirvieron para el tendido de los durmientes del tren en los tiempos de Porfirio Díaz. La idea es sencilla, aprovechar las vías ya existentes para crear una ruta que comunique las zonas industriales de Ramos Arizpe y Derramadero, pasando por Saltillo, la inversión no sería tanta porque ya está el tendido y el derecho de vía, pero aún así, no es gratis.

Es parecido al otro gran proyecto que tiene pendiente, bajita la mano, cincuenta años, la de que entre las capitales de Coahuila y Nuevo León haya un tren rápido que permita a los cientos y miles de trabajadores que se desplazan a diario, hacerlo con seguridad, en vez de correr los riesgos de la carretera. El proyecto no es malo, mercado lo hay, pero nadie se ha decidido a invertir en esto, como tampoco en el onírico Coahuilteca.

También en días pasados nos enteramos que el vecino estado de Nuevo León está enfrentando una verdadera crisis por la falta de agua. Las providencias que en años pasados se tomaron, a construcción de la presa La Boca, y luego la de El Cuchillo, están en un punto crítico derivado de una de las peores sequías de que se tenga memoria. La diferencia entre las situaciones anteriores y la actual es que por primera vez se están poniendo fechas para un supuesto agotamiento del líquido, lo que repercutirá en la suspensión paulatina, o no tanto, del suministro a la población.

Como suele ocurrir en estos casos, de inmediato se pudieron a buscar soluciones, y no faltó quien desempolvara el proyecto de llevar a Monterrey agua del río Pánuco, el cual estuvo a punto de realizarse hace una decena de años, y que finalmente se canceló por la falta de recursos económicos, más que por la presión que ejercieron los cada vez más activos grupos de ecologistas, que atacaron el proyecto desde su concepción, y que vieron su cancelación como un triunfo personal.

Aparte de este proyecto andan en el aire otros dos, uno el de traer agua del río Bravo, lo cual no es muy viable dado que la sequía tiene a las presas construidas sobre su cauce muy cerca del agotamiento, y el otro, del que se ha hablado todavía por más años sin que nadie haga nada por él, el comenzar a desalinizar las aguas del golfo de México, y una vez potable, bombearla hacia los centros urbanos que la requieren con urgencia. Hasta el momento lo de la desalinización no ha sido para los gobiernos mexicanos más que una referencia académica, porque siempre es más barato no hacer nada, o echar mano de las fuentes tradicionales, ríos y pozos, pero en momentos de crisis como el actual, vuelven a sonar.

La novedad en esta ocasión es que se habla de un proyecto de varios estados, pues somos varias las entidades en sequía extrema, en concreto se habla de que se tendría que plantear una alianza entre Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas para emprender este gran proyecto, que mientras más se interna en tierra, más difícil y costoso se vuelve. Imagínese, si sería caro desalinizar en San Fernando para llevar agua a Ciudad Victoria, los problemas se multiplicarían exponencialmente para llevar todavía más agua hasta Monterrey, ciudad que requiere cinco o más veces el agua que la capital tamaulipeca, ¿y Saltillo?, traer el agua del Golfo hasta la capital coahuilense, con el agravante físico de los más de mil metros de diferencia en la altura, hacen que el proyecto parezca francamente inviable, por no decir imposible. Porque técnicamente pongamos que no haya problema, pero el financiamiento, allí sí que se topa con pared.

Total que hablamos solo de dos problemas, el de vialidad y el del agua. Para ambos hay soluciones, no sencillas ni baratas, pero a las cuales en algún momento, muy pronto, habrá que tomar en serio, pues ni el tránsito local e interestatal se hace más fluido por sí solo, ni los patrones climáticos nos están haciendo nada que parezca un favor.

Tantos expertos que dicen que hay en planeación, en desarrollo de proyectos, tanto grillo con pretensiones de visionario, pues este es el mejor momento para comenzar a aterrizar las cosas, cuando estamos parados en el tránsito imposible, y cuando estamos esperando que salga agua de la llave. Todo lo demás que se plantee es secundario a esto, uno de estricta sobrevivencia, y el otro, de que las ciudades, concretamente Saltillo, vuelvan a dar la impresión de ser transitables y habitables.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Ofrecido por WordPress.com.

Subir ↑

Descubre más desde El Demócrata

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo