Esos “piojos” con micrófono

(Foto de AFP)

Por: J. Alfredo Reyes.-

La percepción personal que este columnista tiene del fútbol mexicano es muy cercana al fútbol arrabalero, como bien constatamos en el estadio de Querétaro, un deporte entre mediocres donde juegan el “Ranilla”, el “Tripero”, la “Morralla” y la “Pulga”, aunque los comentaristas deportivos los hayan bautizado con apodos mayestáticos como el “Matador”, el “Kaiser”, el “Zorro del Desierto” o el “Capitán Furia”, en realidad puros “ratoncitos verdes”.

Las escenas del zafarrancho en el Corregidora fueron deprimentes y retratan a una afición arrabalera, montoneros de barriada, valentones en pandilla y cobardes individuales.

Dicen que el deporte es una carrera hacia la limpieza pero aquí se ha convertido en la carrera de la suciedad. Y mucha culpa de lo que pasa en el fútbol es de algunos comentaristas deportivos por a su perniciosa influencia e infame necedad.

Necedad porque los cronistas de fútbol son unos auténticos tautólogos en su eterno debate bizantino, por lo redundante de su verborrea y su inmutable apología de lo nimio.

Y lo peor es que piensan que su opinión es trascendente por el hecho de estar frente a un micrófono y el sentir de que su opinión es la quintaesencia en el deporte mundial.

Se sienten genios porque han bautizado estadios mexicanos con apodos tan “originales” como la “Bombonera” o el “Nou Camp”.

Y pocos han reflexionado sobre su responsabilidad en eso de soliviantar el fanatismo, la violencia, el odio y todos esos vicios que derivan de la irracionalidad. Lo peor es que les pagan por fomentar odio y fanatismo. En Monterrey había poca afición por el fútbol y ahora existen turbas alcoholizadas de Rayados y Tigres gracias a los comentaristas y a comunicadoras tan influyentes como María Julia La Fuente, una dama muy querida y respetada mientras no se convierte en pambolera de los Tigres porque se deschonga con cualquiera en defensa de su equipo sin importar desaliñar ese peinado que a diario luchan por peinar en la Ferretera Popular.

¿Qué pasó con esta esta dama de Piedras Negras convertida en una belicosa tigresa más rijosa que Irma Serrano a calzón quitado? ¿Qué transformó al joven estudiante de Trabajo Social en salvaje agresor de estadio hasta que su madre lo entregó al Ministerio Público?

No descubrimos el hilo negro al decir que mucha responsabilidad es de los comentaristas pagados por las compañías cerveceras para incentivar la rivalidad, alentar los “clásicos” y la venta de alcohol, en fomentar el odio y la violencia que deriva de una promovida rivalidad. El opio del fútbol inyectado a un pueblo ignorante, jodido y ávido de una identidad.

Hasta el mismo dueño de Televisa es promotor de la violencia con su grito provocador de “Ódiame más”. El “Piojo” Herrera y su hija protagonizando el zafarrancho en el aeropuerto de Filadelfia, cuyo nombre significa “amor fraternal”, nada que ver con el odio y la violencia promovida en el fútbol mexicano.

Si AMLO polariza en sus “mañaneras” ellos también lo hacen con sus “picantes” comentarios. Una insidia que deforma multitudes, que fomenta estereotipos violentos, que inventa gigantes de pequeños ratoncitos, que promueve el machismo, el “piojismo” y la prepotencia futbolera donde la realidad ahora les impide vociferar que México es el “Gigante de la Concacaf”, otro mito ridículo de algunos “piojos” con micrófono.

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