Sin palo y sin cuarta

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas.-

Olga Sánchez Cordero, Julio Scherer y Allejandro Gertz Manero, se lanzan acusaciones sin que el Presidente López pueda detenerlos. (Foto de Etcétera)

La elección del 2 de julio del 2018 fue una verdadera masacre. MORENA, el partido que postuló a Andrés Manuel López Obrador, logró junto con sus paleros, esos que siempre están dispuestos a vender su apoyo y su reserva de votos al mejor postor, consiguió algo más de treinta millones de sufragios, con lo que los resultados de los comicios se consideraron incuestionables, lo que le dio al naciente régimen una legitimidad que nadie consideró siquiera por un momento tratar de escamotearle.

Por mucho que el presidente y sus escasos ideólogos lo hayan querido plantear como si realmente el aquella fecha se hubiera dado un rompimiento histórico entre la manera en la que se habían venido haciendo las cosas hasta entonces en la política mexicana, y como se harían de ese instante en adelante, atendiendo sobre todo a la frase que el actual presidente repite como si se tratara de un mantra: no somos iguales, hay otros muchos observadores que sugieren lo contrario: no se trató de que el pueblo se volcara en las urnas para darle un espaldarazo definitivo a un proyecto de nación que alguien hubiera visto escrito, sino lo que se había dado en las tres elecciones inmediatas anteriores,  y quizá en varias otras precedentes, pero en las que no se respetaban los resultados como ahora que el Instituto Nacional Electoral, como entidad autónoma, independiente y sobre todo ciudadana, se encarga de organizarlas.

La gente no salió a votar por Andrés Manuel, el autoerigido paladín de la honestidad valiente, el que acabaría de un escobazo y por decreto con la corrupción imperante, no, los mexicanos salieron a darle en toditita la torre a los corruptos que estaban, y que amenazaban con darle a México un sexenio de más de lo mismo. No, el pueblo no quería un sexenio más de nuevo PRI de la mano de José Antonio Meade, como tampoco un calderonismo reeditado como el que traía en la manga de la sotana Ricardo Anaya, pero como López Obrador ofrecía lo que Vicente Fox 18 años antes, sacar al PRI de Los Pinos, y en un descuido hasta encarcelar a los corruptos, pues votaron por él.

La verdad que qué tristeza de país el nuestro, en el que la población no vota a favor de un candidato, de un partido, de un proyecto o de una plataforma política… sino en contra de la continuidad. El pesimismo ladino del mexicano nos decía al oído que probablemente los que llegaran con Andrés Manuel serían tan corruptos o todavía más que la camada anterior, pero cuando menos serían caras nuevas… y oh sorpresa, ni siquiera eso pudo lograr el pueblo, pues buena parte de los que ocupan los puestos de primer orden vienen de sexenios anteriores, de los mismos aborrecidos partidos políticos que tanto odiaban.

Lo verdaderamente sorprendente del resultado electoral, más que el triunfo contundente que ya se anticipaba para MORENA, fue el debilitamiento hasta casi la extinción de la oposición tradicional. El PRI fue relegado a una cuarta posición entre las fuerzas políticas, al PAN tampoco le fue particularmente bien, y partidos que eran meros paleros, el Verde, el PT, Movimiento Ciudadano, se convirtieron en actores políticos, capaces de inclinar la balanza de fuerzas políticas no a favor de una ideología, ni de los mejores intereses del pueblo o la nación, sino de la ganancia política y económica que pudieran obtener.

Mucho han lamentado los enemigos, adversarios, o como quiera llamarles de MORENA, que no ven el momento de desterrar a este partido del poder, verdaderamente han sufrido de ver la total falta de opciones que pudieran darle la batalla en la elección de 2024, cada vez que se publican encuestas sobre la próxima contienda presidencial, lloran porque la oposición, de centro, de derecha, de izquierda no asociada al poder, carece de perfiles de posibles candidatos a confrontar a quien designe López Obrador como el candidato a sucederlo, porque tampoco nadie se hace ilusiones de un proceso abierto en MORENA.

Lo notable es que ni las contras, ni los aspirantes oficiales, le llenan el ojo a nadie, son más bien grises, aburridos, incapaces de despertar entusiasmos, y apenas simpatías. La expresión atribuida a Fidel Velázquez, de que la caballada está flaca, adquiere en estos momentos una connotación de maldición para un país al que le falta liderazgo.

Ah, porque así como López Obrador aniquiló la oposición política, así se ha dedicado en estos años a eliminar cualquier contrapeso que pudiera haber a su poder. La misma elección le dio mayoría en el Congreso, pero él no es nadie para conformarse, se siguió con la Suprema Corte y ha destruido o cooptado a la mayoría de los organismos autónomos, que se rindieron a las presiones, amenazas y ataques cotidianos. Si alguna vez se habló del emperador sexenal, refiriéndose al presidente de México, nunca nadie había concentrado tal nivel de dominio sobre el conjunto del aparato gubernamental como el que tiene Andrés Manuel.

Y sí, como suelen decir los socialistas, que con su llegada al poder la historia se termina, pues no hay para donde más evolucionar, ha venido a resultar lo no previsto por nadie, que el nuevo sistema político iba a comenzar a devorarse a sí mismo.

En efecto, a falta de enemigos externos, los integrantes de la cuarta transformación, con licencia del presidente o sin ella, se han dado a la tarea de atacarse los unos a los otros, de momento respetando todavía la figura del líder, pero ya con ganas de sacudirse su yugo para lanzarse a la conquista del poder, que ahora no detentan sus contrarios ideológicos o políticos, sino sus propios correligionarios.

Los analistas políticos, que además conocen algo de física, han hablado ya de una implosión en el sistema político controlado por López Obrador, y aunque es difícil de concebir una explosión inversa, un colapso hacia adentro, eso es precisamente lo que estamos presenciando.

El pleito, aderezado con un desprecio sublimado del fiscal general Alejandro Gertz hacia la suprema corte de justicia, es solo una de las aristas del problema, control siempre había habido del ejecutivo, pero no una presión abierta para asuntos menores y personales; el pleitazo que se traen entre el mismo Alejandro Gertz, la exsecretaria de gobernación y senadora Olga Sánchez y el exasesor jurídico de la presidencia Julio Scherer, es otro de antología; la estrategia asumida por la fiscalía de abrir y tener expedientes penales de todos y por todo, incluidos secretarios del gabinete y familiares del presidente, no es que sea inaudito, pero no se había esgrimido como amenaza, las diferencias en torno al manejo de los dineros, y por allí podríamos seguirle.

Si los problemas fueran entre enemigos, podría esperarse cierto trato caballeresco, pero en tratándose de los mismos, que además todos se sienten los favoritos o el favorito, nada más falta que alguien encuentre un objeto puntiagudo o pesado para lanzarse a la cabeza de los otros, aliados, correligionarios, amigos entrañables, transformados en acérrimos rivales a los que hay que liquidar para prevalecer.

Que bueno y qué malo, que la oposición no exista, que no se haya podido todavía recomponer, mientras no lo haga los riatazos serán todos internos, y como dice la sabiduría popular, dios castiga sin palo ni cuarta, y en el caso de MORENA, se está puliendo para que cada golpe duela hasta el alma, y alguno de ellos matará.

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