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Amor con amor se paga…

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas.-

Cuentan que corría el año 2019, un año relativamente tranquilo electoralmente hablando, en el cual sin embargo se registraron algunos procesos electorales importantes, como lo fue la elección de gobernador de Baja California, la elección extraordinaria de gobernador de Puebla, y elecciones de congresos locales en Baja California, Quintana Roo y Tamaulipas, y de presidentes municipales en Aguascalientes y Durango.

Estos procesos electorales, sin mayor trascendencia en lo federal, fueron interpretados como de singular importancia, ¿por qué?, pues porque eran la prueba de fuego para el Movimiento de Regeneración Nacional ya como partido gobernante. A nadie le importó mayormente lo que ocurrió, salvo claro a los habitantes de cada uno de estos estados, pero dos que tres analistas acuciosos prendieron las luces de alarma para MORENA, pues de la elección del 2018 a las del 2019, había perdido una cantidad desproporcionada de sufragios, llegando a hacerse una estimación, meramente estadística, que si esa pérdida se convertía en tendencia, MORENA no ganaría la elección presidencial del 2024.

Dicen que al ya presidente López Obrador no le hicieron ninguna gracia aquellos resultados, y que muy a su estilo, le gritoneó a sus colaboradores cercanos que esa pérdida de votos, que no necesariamente en posiciones políticas, se debía que él, Andrés Manuel López Obrador, no había aparecido en las boletas electorales.

La historia se repitió en las elecciones de 2020, y en ello se basa la necedad, por no llamarle necedad, de que el mandatario buscara por todos los medios posibles que la consulta de revocación de mandato, a la que él le había invertido muchísimas expectativas y no poco capital político, ocurriera el mismo día en el que se celebrarían las elecciones intermedias del 2021. Ya sabe, en ningún lado y en ningún momento se dijo ni se aceptó esta hipótesis, el cuento fue el de siempre, que las elecciones en México son las más caras del mundo, y él y su gobierno lo que les importa más es el ahorro de los recursos públicos y la austeridad republicana.

Quien sabe qué resultados hubiera tenido MORENA en la elección intermedia, en la que no le fue esplendorosamente bien, si el pueblo hubiera tenido o podido votar por la revocación de mandato, todo queda en la especulación de lo que no existió, pero quizá le hubiera ido mejor de como le fue.

Si en una boleta el ciudadano hubiera votado por que se quedara López Obrador, en las de diputados federales es altamente probable que también hubiera respaldado a los aspirantes de MORENA, pero eso no tiene importancia. Lo que sí es el hecho irrefutable que el partido hechura a imagen y semejanza de Andrés Manuel, ha venido de más, a menos, cada año que pasa, cada elección que pasa, y en esta que acaba de pasar, que fue, usando el ridículo lugar común de haber sido “la reina de las elecciones”, porque en ella sí iba el nombre del mandatario, él y no otro era el objeto de la consulta… perdió la mitad de los votos que hace casi cuatro años lo hicieron presidente.

La tendencia observada luego de los comicios del 2019, confirmada en los años siguientes, muestra una contracción preocupante, preocupante para ellos, del apoyo de los ciudadanos a MORENA, que de seguir así, llegará a 2024 muy, pero muy disminuido, susceptible de ser pasto de sus propios errores, de su incapacidad para aglutinarse alrededor de un candidato que reúna mínimamente las características histriónicas de su creador y todavía líder, Andrés Manuel López Obrador.

Mire lo que son las cosas, y en los números en los que fundamenta su fortaleza, son los mismos que terminarán aplastándolo políticamente, no a él, que ya logró y vive en palacio nacional su sueño de ser presidente de México, sino de su aparato electoral, que para estas alturas ya da muestras de un agotamiento que a otros partidos les tarda décadas. En su discurso de agradecimiento, luego de ganar la consulta de revocación, que acá entre nos, no podía ser de otra manera, consciente o inconscientemente, López Obrador citó que en aquella elección del 2006, sí, sí, aquella que le robó Felipe Calderón Hinojosa, ajá, él había logrado más o menos los mismos quince millones de votos que ahora lo respaldaron para el último tranco de su sexenio; también citó que en la elección siguiente, en que le ganó Enrique Peña Nieto, también había conseguido un número similar de sufragios, probablemente de los mismos ciudadanos, contados persona por persona, y es aquí donde viene lo bueno.

Porque en la elección de 2018 López Obrador se elevó con treinta millones de sufragios, que para esta ocasión, la mitad, le voltearon la espalda. Pero ojo, las condiciones de las tres elecciones mencionadas no son las mismas, ni remotamente, y allí radica la pista de lo que es el éxito o el fracaso de una plataforma política, más que de un gobierno en funciones. Porque en aquellas tres elecciones, los votantes llegaron por sus propios medios, sin acarreos, sin presiones de ningún tipo, solo por su simpatía con lo que creían que sería Andrés Manuel gobernando.

En cambio para la consulta de revocación de mandato… en que traían los bolsillos repletos, es un decir, del dinero de las becas, del dinero de las pensiones, del dinero de los apoyos, y además pagados al doble y por anticipado, con el cuento de la veda electoral que ni siquiera sirvió para este efecto, ahora sí presionados por el nada amable y menos sutil aparato de control de MORENA, que abiertamente amenazó con quitarlos de las listas, si no votaban por la continuación de ya saben quien en ya saben qué.

Si sin dinero Andrés Manuel López Obrador tenía en la bolsa quince millones de votos, la lógica era que con lana, la cifra lograría los mismos treinta millones del 2018, o todavía muchos más, por el efecto multiplicador y bla bla bla, pues no, no sucedió así. Ni de lejos. El mexicano, desde la época de la conquista, aprendió a echarse a la bolsa lo que le den, y de todos modos hacer lo que le venga en gana, el país bien pudo haberse ahorrado todo el circo del “bienestar”, porque como instrumento para cosechar votos, nomás no sirvió.

Quince millones de votos… quince millones en 2006 y quince en 2022, son muchos votos sí. Pero tenga en cuenta cualquier ciudadano, y el presidente y MORENA y los partidos de oposición, que en 16 años el país ha crecido en población, en 2006 había 100 millones de habitantes, en 2022 hay 130 millones de mexicanos ¿dónde están el crecimiento de votos de MORENA?, así fuera solo por el aumento poblacional, debió llegar a veinte millones, y ni por casualidad.

Que bueno que Andrés Manuel agradeció a sus simpatizantes diciendo que amor con amor se paga, porque en números relativos, cada vez son  menos los mexicanos que lo quieren.

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