Cosas de gobernadores… y chicanerías

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas.-

El enfrentamiento entre Miguel Riquelme y López Obrador tiene lo que va el sexenio, y no pinta para mejorar, El gobernador de Coahuila tuvo que arreglar problemas fronterizos con Gregg Abbott, el mandatario de Texas, mientras ocurrían acuerdos, el Presidente acusaba «chicanadas» del texano.

Coahuila es un estado fronterizo, eso es una obviedad para cualquiera que pueda ubicar a nuestra entidad en un mapa, que desafortunadamente son cada vez menos, en vez de como sería deseable que fueran cada vez más, pero el carácter de fronterizo no es algo que la mayoría de los coahuilenses asuma como algo propio, algo que nos distinga.

En efecto, échele la culpa a las grandes distancias, a la pobreza que impide viajar a todos los lugares que uno quisiera visitar una vez o recurrentemente, a la dificultad en las comunicaciones, a que cada quien vive dedicado a lo suyo, el caso es que los laguneros se asumen como laguneros, los de la región sureste cada quien como saltillense, arteaguense o ramosarizpense, los de la región centro, igual cada quien lo suyo, y así por el estilo.

Solamente quienes por cuestiones de negocio o de trabajo recorran con cierta frecuencia los municipios de Coahuila, tienen la percepción de que sí, somos un estado que colinda con los Estados Unidos, y que los habitantes de las ciudades de la frontera tienen más que ver con lo que ocurre del otro lado de esta, que lo que pasa en las distintas regiones de Coahuila, con la capital del estado o aun la capital federal, de la que por definición, somos el punto más alejado, y un poquito también, el más olvidado, por no decir con todas sus letras que el que menos importa.

No sabemos como funcionen las cosas en otras entidades, pero desde hace décadas que los habitantes de la región de los Cinco Manantiales ha solicitado, exigido y hasta amenazado, para que su área geográfica sea reconocida dentro de lo que la ley mexicana contempla como zona fronteriza, no ha funcionado. Para ellos está bien claro, aun estando fuera del límite de veinte o así de kilómetros, la distancia entre estas cabeceras municipales y de la totalidad de su población es mucho más cercana de la frontera de la que obtienen todos los satisfactores que requieren para vivir, en comparación con los cuatrocientos kilómetros que los separan, que no unen, con Saltillo.

 Quizá en Sonora, Chihuahua o Tamaulipas también hay algún movimiento social y económico para buscar ser incluidos en los beneficios que se conceden a la frontera, pero no estamos enterados, hablamos de lo que sabemos, de la identificación de esos coahuilenses que tienen un pie allá, y apenas un par de dedos del otro acá.

Por esto es por lo que lo sucedido la semana pasada en la frontera de Coahuila con Texas, o más puntualmente, entre este estado norteamericano y los cuatro mexicanos con los que tiene colindancia, es tan importante. De repente nos venimos a enterar, por los medios de comunicación, que el gobernador de Texas, Greg Abbot, del Partido Republicano, había decidido imponer procedimientos mucho más duros que los normales, al paso de vehículos de carga provenientes de México.

¿Cuál fue la motivación del gobernador texano para imponer revisiones exhaustivas a los camiones de carga?, muy sencillo, ya que los procedimientos existentes del lado norteamericano y del lado mexicano no se han traducido en la reducción en el cruce de migrantes ilegales y de droga hacia Estados Unidos, el mandatario decidió tomar el toro por los cuernos, ordenando que se revisara todo vehículo, nada de que uno de cada diez o uno de cada veinte, o de los que se tuviera sospecha o denuncia, todo vehículo que se formara para cruzar la frontera, que se preparara para ser inspeccionado con lupa, y no por personal federal, del Departamento de Aduanas, de la Patrulla Fronteriza, del Departamento de Seguridad Doméstica, que indudablemente tienen sus procedimientos muy acabados, sino de personal texano, que lo que menos estaban dispuestos a hacer es ser señalados por su jefe, el gobernados Abbot, de hacer las cosas al aí se va, así que se pusieron más que exigentes y requisitosos.

Obvio que en un par de días las filas, de este lado de la frontera, tenían ya varios kilómetros de largo, y comenzaron las quejas, no de los choferes que esos pobres siempre han sido carne de cañón, sino de los propietarios de la mercancía, mucha de ella perecedera, que se estaba echando a perder, también surgieron las quejas de industriales y comerciantes que no veían llegar los insumos para sus actividades, afectándose sus cadenas de producción.

El gobernador Abbot dejó correr el asunto. De repente nos enteramos que el gobernador de Coahuila Miguel Riquelme Solís había estado con el gobernador de Texas para firmar un acuerdo que permitiera agilizar el tránsito de vehículos de carga. ¿Qué, cómo, cuándo, quién gestionó esa reunión y el acuerdo?, son cosas que no se hacen de la mañana a la tarde. Luego nos enteramos que Coahuila no había sido el primer estado en firmarlo, en tres días seguidos firmaron el acuerdo los gobernadores de Tamaulipas, Nuevo León y Chihuahua, todos en el mismo sentido y compromisos, apersonándose en el estado vecino, del otro lado del Bravo.

¿Qué es lo que significa que los gobernadores de este y del otro lado de la frontera estén firmando acuerdos, pero antes que esto, estén tomando medidas drásticas para controlar cuestiones que por lo menos acá, y nos sospechamos que también allá, son de competencia exclusiva de los gobiernos federales?, pues lo más aparente, que ante la falta de atención, interés, formas, o lo que sea, tanto en Washington como en la Ciudad de México, están haciendo las cosas por su cuenta.

Que sí, la cuestión no es nomás de ordenar revisar y que se hagan filas, de repente se dejó sentir el poder de los narcotraficantes y las bandas del crimen organizado, que se sintieron, también, afectadas, y operando según su particular estilo, quemaron varios trailers de los que estaban allí detenidos. Esto por si en las capitales federales no habían parado bien las orejas o estaban ocupados en grillas de otro tipo, sin ocuparse de que la frontera común estaba literalmente ardiendo.

Contra toda lógica, pero bueno así es él, el presidente López Obrador se lanzó contra el gobernador de Texas, acusándolo de chicanerías, que no sabemos si es un delito contemplado en los códigos estatales o federales, de aquí o de Estados Unidos. De Washington no sabemos nada. Pero el gobernador Abbot no se paró lampareado, avisó que si no mejoran las cosas del lado mexicano, vuelve a imponer la revisión, total, si se echa a perder la fruta o las verduras, es acá, si queman los trailers, es acá.

El asunto no es menor. Hablando por Coahuila, el enfrentamiento entre Miguel Riquelme y López Obrador tiene lo que va el sexenio, y no pinta para mejorar, los otros estados allá cada uno su grilla, pero esto ya trascendió lo inmediato, lo de acá, ya pasó la frontera, y viene a resultar que, el viejo concepto de la República del Río Grande tiene más vigencia y más efectividad, que lo que puedan hacer los grillos allá en la ciudad de México, algo para pensarse.

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