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El peligroso juego de los narcomensajes

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Así quedó, luego de una explosión, la vivienda que habitaban 5 escoltas del Fiscal de Coahuila, Gerardo Márquez; luego aparecería un «narcomensaje».

Lamentable, por supuesto que es lamentable el accidente ocurrido en el Fraccionamiento Santa Fe de la ciudad de Saltillo, en el que producto de una explosión, fallecieran tres agentes de la Fiscalía General del Estado de Coahuila, y dos se encontraran hospitalizados en estado grave, al menos hasta el momento de teclear estas líneas, esperando nosotros que el saldo no empeore con más víctimas.

La principal línea de investigación, nos imaginamos que por las evidencias recuperadas en el sitio del estallido, o más bien la falta de evidencias que digan otra cosa, apuntan a que se trató de un accidente, provocado por la acumulación de gas, que como suele ocurrir, al momento de finalmente entrar en contacto con un agente detonante, el piloto de una estufa, del calentador de agua, incluso la chispa provocada cuando comienza a funcionar algún aparato eléctrico, lo hicieron detonar.

Las autoridades y los peritos son cautos, la experiencia los ha hecho así, no adelantan información, ni para tranquilizar, ni para preocupar, hasta que no tengan los dictámenes en la mano, y estos se suelen tardar primero porque implican estudios de todo tipo, que no son como una prueba de embarazo o una prueba rápida del covid, requieren minuciosidad, y es que en los detalles está el demonio… suelen decir. Pero salvo que aparezca alguna evidencia sólida en contra, la que prevalece es la hipótesis de la acumulación de gas, de la que necesariamente hay que cuestionar que no deja de ser extraña, después de todo, el gas doméstico es bastante apestoso, precisamente para que sea perceptible.

En nuestra ignorancia, alguna vez preguntamos ¿por qué era así de apestoso el gas licuado de petróleo?, a lo cual nos explicó un químico que no, este, como el metano y otros, son inodoros e incoloros, de allí su altísima peligrosidad en las explotaciones mineras, a las que los mineros desde tiempos inmemoriales llevaban una jaula con un canario, mientras siguiera vivo el ave, no había peligro, pero si fallecía… es que había gas en exceso, y los siguientes muertos podían ser ellos. Por eso comenzó a hacerse el agregado de mercaptano, una sustancia que es, esta sí, sumamente olorosa, por no decir pestilente, para que la gente esté consciente de que está en presencia de gas y algo tiene que hacer urgentemente para desactivar el riesgo. Bueno, pues al parecer, cinco agentes de la Fiscalía no percibieron el gas, no buscaron su origen, no ventilaron, y allí están las consecuencias.

Entonces pasamos a lo otro, al accidente, que se reportó inicialmente a eso de las siete de la mañana, y dio pie a especulaciones durante todo aquel día, pese a que el mismo fiscal salió a dar la cara, de plano no podía ser de otra manera, zanjando que no solamente era personal de la dependencia a su cargo, sino que eran sus escoltas, incluyendo a su jefe. Y fue entonces que vino el narcomensaje…

Dicen algunos especialistas, que para conocer a una persona, no necesitas observarlo, no necesitas cientos de sesiones de sicoanálisis, con que analice uno un texto, hasta eso uno no demasiado largo, con eso tiene para conocer de cuerpo entero al individuo que tiene como objeto de estudio. Desde que a algún criminal se le ocurrió que necesitaba escribir un mensaje para que quienes encontraran un cadáver se enteraran sin espacio a dudas de lo que quería decirles, cambió, al menos en México, lo que había sido poco menos que un arte.

Tiene razón la esposa del presidente López Obrador, la doctora Beatriz Muller, todo es culpa de no leer, con leer El Padrino, aquella novela que luego se convirtió en película, en saga de tres, supimos algo de lo que significaba que a un ejecutado le hubieran practicado esta o aquella mutilación, si lo habían rafagueado, envenenado o acuchillado, todo tenía su explicación, así lo entendían los socios de la víctima, así lo dilucidaban los investigadores policiacos, las palabras sobraban ¿y cómo no, si el código de la mafia fue siempre la Ley del silencio, la Omertá?

Pero estamos en México, no leemos, y aquí tenemos que decir quiénes somos, a quiénes nos dirigimos, qué queremos, qué les vamos a hacer, quién sigue de matar, sin faltar la llamada a la población de que estén tranquilos porque no es contra ellos y al contrario, nos vienen a cuidar, todo aderezado de redundancias, repeticiones, faltas de ortografía y peladeces.

Los primeros narcomensajes se les dejaban clavados al pecho del cadáver con un cuchillo, usaban de preferencia cartulinas fosforescentes como los tenis de la primera dama de Nuevo León, y tenían una letra que haría sentir orgullosa a la secretaria de educación de la 4T, Leticia Ramírez.

Ha habido evolución, por supuesto, vinieron las narcomantas, esas se mandan a hacer a algún negocio de impresiones en gran formato, lo que implica que mínimo intervienen el diseñador, el operador de la máquina, y uno o dos ayudantes más, y en el caso que nos ocupa, el narcomensaje en torno al accidente del Fraccionamiento Santa Fe, llegó por redes sociales.

Como decíamos antes, ¿quieres conocer a la persona?, lee un texto que haya escrito. El narcomensaje más parece elaborado por alguien que se puso a buscar en internet ejemplos de comunicaciones anteriores, de las que más bien parece un “copy paste” que algo hecho ex profeso, aunque ¿quién sabe? A lo mejor también quieren dar pie a que la gente crea que está hecho por los mismos redactores de confianza del capo al que atribuyen la amenazante comunicación, Ismael “El Mayo” Zambada García, quien estaría firmando así: Mayo Zambada, operativo MZ, CTE Cabreras…

Recordamos hace quizá unos diez años, aparecieron un par de cadáveres vestidos con uniformes militares falsos, el hecho sucedió sobre la carretera Saltillo Torreón, a la altura de Paila. Eran dos hombres, a quienes torturaron y luego mataron, pero el detalle que queremos comentarle es que el narcomensaje, porque traían un narcomensaje, era que los habían matado por andar haciéndose pasar por integrantes de un cartel sin serlo. Así nomás. Nunca supimos el trasfondo de la historia, ni quienes eran, ni a quienes pretendieron suplantar, a quienes extorsionaron, nada, y no porque no fuera importante el delito, sino porque las autoridades siempre tienen mucho trabajo y además, estaba la explicación de que se habían ganado el castigo que les habían aplicado, fuera de la ley, obvio.

Lo que importa es recalcar que con los narcomensajes no se juega. A lo mejor sí fue un accidente, que los agentes estaban tan cansados, tan dormidos, o que algo falló en su entrenamiento, que no percibieron el gas, si eso fue, y alguien o ‘álguienes’ lo vieron como una oportunidad de sacar tajada criminal, de revolver las aguas, de poner de nervios a la población, una broma, o cualquier motivación, enviando un narcomensaje falso, sépanse que esa clase de cosas no las perdona la autoridad, y los narcos menos.

Comenzando por la firma “Mayo Zambada”, si a mí me firmaran así, sería lo último que escribieran en sus vidas, se trata de imponer respeto, no de que cualquier alacrán se trepe a las barbas, comenzando con cómo se dirigen a uno. Todavía tienen chance de correr, porque si los agarran…

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