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CIMARI, ahora comienza lo bueno

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Pues qué sorpresa nos llevamos todos la semana pasada, cuando se dio a conocer, porque no se anunció en ningún sitio que hayamos podido ver, que dejaba de funcionar el Centro Integral de Manejo de Residuos Industriales, el tristemente célebre CIMARI, ubicado en el vecino municipio de General Cepeda. Aquello que pintaba para ser una pesadilla permanente para los habitantes de la región, de repente amanecieron con la novedad de que la empresa estaba dejando de recibir material para su almacenamiento y confinamiento, y que apunta para un cierre definitivo.

Recordemos que desde el inicio de sus operaciones, no fue precisamente bien recibido por los vecinos de Noria de la Sabina la incursión de una empresa de este tipo. ¿cómo habrán estado las cosas, que aun una zona con la economía deprimida a más no poder, se oponían a una inversión que tanto durante la construcción como ya en operación, debería traer beneficios económicos a quienes viven de lo poco que ofrece la agricultura del semidesierto?, pues así de grave estaba el ambiente desde aquel no tan lejano 2017. La gente se informó, o tal vez los informaron con buena o no tan buena intención, de los riesgos que implicaba para la vida, la salud y la productividad de la tierra el contar con vecinos como un CIMARI. Lo que en un inicio era un asunto del establecimiento de una empresa para lo cual se hicieron, se supone, los debidos trámites ante las autoridades municipales, estatales y federales, se convirtió al poco tiempo en un asunto de enfrentamiento político y en una bandera que ondear por todos los que se sintieron parte interesada, a favor o en contra.

Lo de los confinamientos de residuos tóxicos no es ninguna novedad, o bueno sí. En otras partes del mundo donde se sabe que prácticamente todos los procesos industriales necesariamente generan residuos, algunos de los cuales tienen alta toxicidad, se comenzaron a hacer leyes, reglamentos y procedimientos para que estos residuos tóxicos recibieran el mejor de los manejos, de preferencia desactivarlos, y en su defecto, confinarlos donde no causaran daño a nadie. En México la cosa es más bien reciente, no lo de la generación de desperdicios, sobre todo que acá los procesos de fabricación no son siempre los más eficientes, y tal imperfección redunda en residuos más tóxicos todavía, a los que no se daba ningún tratamiento y se aventaban allí donde fuera, como si se trataran de basura cualquiera. ¿Cuántas personas habrán fallecido o enfermado por este desconocimiento, más bien por esta desidia de la empresa y del gobierno? Imposible saber, pero nos imaginamos que muchos.

Cuando finalmente se comenzó a legislar sobre el asunto, también se comenzó a visualizar una oportunidad de negocio interesante para los dueños de capital. Tan sencillo como que al precio de venta de cualquier artículo, además del costo de fabricación, transporte, impuestos, corrupción, ganancias, se agregaba un costo por disposición final o desactivación de riesgos, y pues es un nicho de negocios nada despreciable.

Pero a como somos en México, el negocio que pintaba como bueno, se hizo doble o triplemente bueno, ¿cómo?, pues igual que con los procesos industriales que dieron espacio a la existencia de los residuos peligrosos, con procesos de disposición imperfectos.

En los escasos años de funcionamiento del CIMARI de General Cepeda tuvimos noticia de por lo menos dos incendios, y de otros incidentes menos graves, algunos de los cuales devinieron en la liberación de materiales tóxicos al medio ambiente. Esto tampoco es nuevo en ningún lado, el otro CIMARI, el que está por el rumbo de la Muralla, y dos o tres confinamientos de menor tamaño se han incendiado con una frecuencia de la que lo mínimo que se puede decir es que es sospechosa. Al menos en teoría los materiales almacenados deberían ser inertes, no inflamables ni explosivos, y sin embargo se queman… nadie explica cómo es que se queman si nadie los toca, si nadie tiene acceso a esos sitios por el peligro que corren, aun contra el enemigo natural que son los rayos, se supone que deberían contar con pararrayos que los protegieran, y se incendian.

Muchas veces se ha dicho, sin poder probarlo por la falta de información que rodea a estas empresas, que los incendios ocurren muy cerca del punto de saturación de los confinamientos ¿qué mejor manera, la más económica, de hacer espacio, que quemando, perdón, que se queme, aquello que está guardado desde hace años y de lo que nadie se acuerda?, así se ahorran excavaciones, compactaciones, nuevas naves, y a volver a rellenar, un negocio redondo.

O parece que no tanto, porque el de General Cepeda deja de funcionar. ¿Qué pasó? ¿será que se quedaron sin clientes?, ¿será que sus clientes perfeccionaron sus procesos hasta el nivel de que ya no tienen residuos tóxicos, ni de ningún tipo?, a lo mejor hasta en este sucio negocio hay competencia, y los nuevos actores en el mercado ofrecen mejores condiciones, precios más bajos, quien sabe qué. Porque nuestra hipótesis es la de que lejos de bajar la actividad industrial, esta está creciendo, con el consiguiente e indeseable subproducto de residuos peligrosos.

Pero lo que nos preocupa de veras es que, una cosa es que un vertedero de residuos industriales se llene, y otra cosa es que cierre sus operaciones. Porque hay una responsabilidad que debió quedar plasmada en contratos con las empresas que pagaron por el manejo de sus residuos, con la supervisión cercana del gobierno, que al final, cuando se presentan los problemas, es quien tiene que entrarle al quite, nunca con el mejor talante, sino apenas para que el asunto no se agrave.

Si material que debe estar a cierta temperatura, se deja a las oscilaciones del clima, si el que debe guardarse de la humedad, se abandona a los elementos, si no hay vigilancia y comienza la rapiña, así sea solo para robarse los tambos para venderlos como fierro viejo, todo tiene que ver con el despego de los propietarios de la empresa para con los compromisos que esta adquirió y se siente tentada a ya no honrar.

El tiempo pasa, y a la vuelta de los meses y los años el asunto puede volverse cada vez más grave. Un confinamiento tóxico no puede dejarse así nada más, confiemos en que las autoridades se interesen en esto, ellas que al menos un poco, saben más que nosotros, quienes viven cerca del confinamiento y más allá para donde el viento, el agua, puedan arrastrar lo que se vierta de un basurero abandonado.

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