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Los predecibles anexos

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Autoridades de Salud clausuraron un anexo en la ciudad de Torreón. (Foto de Noticias de El Sol de La Laguna)

Realmente la gente común no sabemos cuando comenzaron a surgir los anexos… es más, la gran mayoría de nosotros no tenemos una idea clara de qué es lo que son, qué es lo que hacen, entre otros detalles importantes como quien está tras de ellos, personas o instituciones, si operan legalmente y conforme a un régimen fiscal, si tienen licencia para operar, entre otras cosas que, la verdad es que nunca las andamos pidiendo en ningún lado, pero que para el giro que han adoptado, o se les ha concedido, tienen gran relevancia.

El primer detalle a resolver es el nombre, ¿por qué se llaman anexos?, si son anexos es que no son la parte principal, son algo adicional, algo improvisado, algo eventual, un chipote por decirlo así. Eso ya nos pone, o debería ponernos sobre aviso, de que aun con la mejor intención del mundo, que a veces tiene y a veces no tiene, los anexos no forman parte de la misión original de quienes los administran, ahora sí que se van adaptando a las necesidades, o como dicen los motivadores profesionales, de esos que cobran mucho dinero por según cambiar las actitudes de quienes los escuchan, aprovechan las oportunidades, o dicho con todas sus letras neoliberales y conservadoras, capitalizan las oportunidades.

Creemos que los anexos comenzaron a llamarse así por el simple hecho de que se les hizo un espacio, o se aprovechó un espacio que estaba disponible, que se habilitó o se erigió para dar cabida a algo que les cayó en las manos sin buscarlo. ¿Qué es ese algo?, ah, pues básicamente, gente con problemas, personas a las que por equis o ye razones, se les vino el mundo encima, y no tuvieron a quien más que recurrir que a las personas o instituciones que allá en su barrio, en su ejido incluso, se han hecho fama de ayudar de forma altruista a quienes tienen necesidad, ¿cuál?, pues cualquiera de una larga variedad de posibles necesidades.

¿Quiénes son los que llegan a los anexos?, aunque se oiga feo y se lea todavía peor, personas a las que les han cerrado las puertas en la cara, aquellos hijos de familia a los que esta rechaza por haber caído en alguna debilidad, vicio, o simple conducta que no va con el esquema de valores del núcleo familiar. Muchas veces se trata de alcohólicos, otras veces de drogadictos, gente con preferencias sexuales que no precisamente van con los cánones sociales o del grupo familiar o cercano a este, así que prefieren cortar por lo sano, aunque esto no se aplique muy bien que digamos, y echan fuera al hijo o hija que se salió del huacal, y por echar fuera entiéndase mandarlos a la calle con lo que traen puesto, obvio, sin dinero que en esta sociedad lo compra todo, y no pocas ocasiones con el aviso a los parientes, amistades y conocidos de no darles albergue porque el castigo puede extenderse a ellos, así son los odios.

Y es así como llegan los jóvenes, casi niños, adultos, a los anexos. Si nos ponemos sentimentales, llegan con hambre, con frío, nada más les falta que les haya llovido encima, que esté haciendo frío, y que para colmo, los hayan vapuleado y hasta violado unos pandilleros, de esos que no abundan en los tradicionales barrios saltilleros, y para el caso, los de cualquier ciudad.

Llegan, les abren la puerta, les sirven algo de comer, les dan un jergón donde descansen, les dan oportunidad de asearse y bañarse si es que para ellos todavía es importante este detalle, y el primer sentimiento que nace hacia el anexo es el del agradecimiento, y es que mire, no es poca cosa que lo dejen pasar a un sitio que no esté a la intemperie.

Esa caridad puede dar la impresión de ser casi santa, caída literalmente del cielo para la gente a la que como tecleamos líneas arriba, se le vino el mundo encima, y si sobrevivieron fue de puro milagro, tanto es así que no son pocos los que de plano no lo logran. Y ponga que la caridad esa se torne hasta heroica, sin exagerar, cuando los tales anexos se dan a la tarea de querer curar a las personas de los vicios que traen, si es que quieren curarse, claro, porque a fuerzas, imposible. Allí es donde comienzan las cosas a complicarse. ¿Por qué? Pues por el simple hecho de que los viciosos son ante todo clientes.

Clientes no tan malos en este mundo capitalista donde no todos son Bill Gates ni Carlos Slim, no, gente haciendo negocios las hay en todos los estratos sociales, y sucede que si uno emprende la cruzada por sacar a alguien de la droga… se va a topar con que sus camellos, sus proveedores se van a molestar, y a molestar como solo quienes viven en la ilegalidad pueden molestarse, o sea violentamente.

Casi cada semana escuchamos de Anexos que son balaceados, que son atacados por bandas del crimen organizado, en su segmento de los que venden al menudeo. En Guanajuato, en el Estado de México, en Chihuahua, de repente llegan unos fulanos en camionetas de lujo, entran y balacean sin misericordia alguna a quienes estén, tumbados en el suelo, sentados en sillas, dormidos, despiertos, hombres, mujeres, administradores, internos, a quien sea y a todos. ¿Por qué?, qué les han hecho?, fácil, les dejaron de comprar. Dejaron de robar para comprarles, dejaron de prostituirse para comprarles droga, y eso no se puede permitir, y no lo permiten.

En Coahuila en una misma semana nos enteramos de problemas en un anexo en la ciudad de Monclova, nada demasiado grave, maltratos. Nos topamos con que la Secretaría de Salud clausuró otro en Torreón, este por las malas condiciones sanitarias, en Saltillo ha habido problemas gordos también de abusos y maltrato. Pero todavía no llegamos a las masacres que hay en otros lados… así es como deseamos permanecer.

Lo cual no se ve muy fácil que digamos, porque la sociedad se sigue deteriorando, porque la droga cada vez permea más en los hogares, porque en estos la incomprensión puede ocurrir en cualquier momento, y allá van los jóvenes a la calle, esperando lo que sea que les venga.

Avisos los hemos tenido, pero al parecer no son suficientes para que las autoridades se decidan a supervisar estos anexos adecuadamente. No solo en el adoctrinamiento que puede darse en ellos, no solo en las terapias que a veces rayan en tortura, sino en las posibilidades de que en cualquier instante se conviertan en blanco de un ataque. No es nuestra intención hacerla de ave de mal agüero, pero los signos están allí, cosa de saber leerlos, quien tenga ganas de ello.

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