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El sonoro manotazo en la mesa

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

¿Alguien recuerda el proceso electoral del año 1992-93? En aquella ocasión se perfilaban dos personajes para la candidatura a la presidencia de la república por el Partido Revolucionario Institucional, vale decir el único que contaba y por el único que valía la pena aspirar a ser candidato, pues en calidad de experimento, solamente un panista, Ernesto Ruffo Apel había logrado una gubernatura para la oposición, como mandatario en Baja California. En aquella ocasión se perfilaba Enrique Martínez y Martínez, como la opción, llamémosle de la clase política local, incluyendo al gobernador Eliseo Mendoza Berrueto, y Rogelio Montemayor Seguy, como parte del control que desde el centro mantenía con puño de hierro Carlos Salinas de Gortari.

Durante varios años Enrique le hizo mosca al proyecto de Rogelio, que más que de él era del presidente. Siempre hemos sospechado que al sabinense le agradaba y satisfacía más moverse en la escena nacional que administrar los destinos de sus paisanos, pero uno va a donde lo invitan, y Martínez y Martínez, aun con todo el capital político que traía detrás, no lo había convidado en esa ocasión.

Hay todavía quien recuerda cómo se resolvió el asunto, que si a Enrique lo mandaron llamar, que si vinieron por él para llevarlo a México a platicar, que si esto o aquello, el caso es que en determinado momento aceptó que ese no era su tiempo, y que se plegaba a las disposiciones del partido. Resuelto el asunto. No estábamos allí para decir que a Martínez le prometieron, en esta ocasión es Rogelio, pero sigues tú sin tocar baranda, en una época en la que las promesas se cumplían, no como ahora y con otros, en que se supone que se negoció que Andrés Manuel López Obrador fuera candidato y presidente, y que el siguiente fuera Marcelo Ebrard, a quien tienen sudando la gota gorda y con el convencimiento, todos incluido él, que no es el favorito.

Para quienes tienen edad de recordar aquel proceso, podrán atestiguar que había incomodidad, preocupación, no tanto como inestabilidad, pero si un ambiente tenso. Rogelio ya tenía varias, muchas posiciones en las delegaciones federales, desde las que operó la precampaña y la campaña. Enrique tenía el apoyo del gobierno estatal, de la sociedad saltillense y del empresariado, pero las cosas eran como eran, y funcionaban razonablemente bien. A Rogelio le fue bien como gobernador y luego como director de PEMEX, a Enrique se le hizo la gubernatura, luego cuando Enrique Peña Nieto fue presidente, llegó al gabinete como secretario de agricultura y hasta a la embajada en Cuba, nada mal, todo está en saber aguardar los tiempos y seguir haciendo talacha.

Nada que ver con lo que está viviendo en este instante el Movimiento de Regeneración Nacional para la elección de candidato a gobernador, también del estado de Coahuila. Muchos, todos los que pensaban que el día 12 de diciembre, quedaría resuelto definitivamente la cuestión de quien se hiciera cargo de la difusa coordinación de los comités de defensa de la cuarta transformación en el estado, y luego ungido como candidato, vieron con desencanto y preocupación que resultó peor.

La calma chicha de antes, con todos los exabruptos, ataques, denuncias, fuego amigo,  que había de parte de Ricardo Mejía Berdeja en contra de Armando Guadiana y en menor medida de Luis Fernando Salazar, que debieron cesar abruptamente, para dar paso a un esfuerzo común de los aspirantes, del ganador y de los derrotados en el proceso y las encuestas, se exacerbaron hasta el nivel nunca imaginado, que el presidente de la república Andrés Manuel López Obrador, en una de sus conferencias mañaneras, tuviera que mandar un mensaje puntual a su subordinado de que no estaba bien cuestionar los mecanismos del partido, y todavía luego en otra, reconvenir públicamente a Mejía Berdeja, a quien ha de tener cierto aprecio y ver en él cierta utilidad, si no lo hubiera mandado por un tubo más que rápido.

Pero puede pensarse que en vez de dar un manotazo en la mesa que dejara las cosas perfectamente claras para todos, no solo en Coahuila sino en la escena política morenista a todas las escalas, López Obrador habría cometido un desliz, mostrando debilidad cuando debió actuar con contundencia: realmente ¿qué caso tenía designar a Ricardo Mejía Berdeja su representante personal para los grandes problemas y proyectos de Coahuila?, asuntos en los que ningún interés, salvo político y económico, pero además ninguna competencia tenía Mejía Berdeja?

Como no fuera seguir jugando a ser dios, de López Obrador, no le vemos ningún caso. Porque designado Armando Guadiana por Mario Delgado como coordinador de los comités de defensa, aquel podía dedicarse exactamente a esto, dejando de depender de la presidencia para nada, en cambio si sigue estando allí Mejía Berdeja causando estropicios, alborotando el gallinero, restándole simpatizantes a la candidatura de MORENA, en vez de sumárselos, de alguna manera sigue conectado el caso Coahuila a palacio nacional, tanto si se da el contacto como si se mantiene en calidad de pendiente.

¿Qué importa que Coahuila se incendie?, ¿qué importa que viendo cómo se las barajan los morenistas, la gente que vive dedicada a lo suyo, no los que tienen un interés concreto en política, prefiera alejarse, no de Guadiana o Mejía o aun de Salazar o Reyes Flores, sino de todo lo que tenga que ver con MORENA, que así resuelve o deja de resolver los problemas?

La crónica del encuentro de Armando Guadiana con el presidente López Obrador en ocasión de la reunión que tuvo este con los legisladores morenistas que aprobaron su reforma electoral dejó las cosas más que claras, para quien quiera entenderlas: es Guadiana el candidato y no hay otra carta a jugar, salvo que… aun con lo dicho así en corto, el mandatario traiga otra baraja.

¿Cuántos manotazos tiene que dar un presidente antes que le hagan caso?, ya lo sugerimos líneas arriba, el golpe debió ser seco y no permitir ninguna clase de cuestionamiento, pero en el último instante le soltó el cuello a Mejía y todavía le dio alas para seguir haciéndola de alacrán en el proceso sucesorio coahuilense.

Si alguien tiene la culpa de lo que está haciendo Mejía Berdeja ese es el presidente, no hay otro, y a este no le cuesta trabajo andar haciendo lo contrario de lo que se supone es su trabajo, desestabilizando lo que debería estar estable, pero así son los manotazos en la época de MORENA, no resuenan y no matan, ni siquiera atarantan todo lo que deberían.

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