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Desbancando al Bienestar

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

A veces es útil ubicarnos físicamente en un espacio determinado para darnos cuenta de todo lo que implica la situación en la que estamos metidos. Todos hemos escuchado aquella expresión de que los árboles no nos dejan ver el bosque, frase que tiene lo suyo de compleja, sobre todo porque… si los bosques están constituidos de árboles, ¿cómo puede ser posible que sean los propios árboles los que no nos permiten ver el bosque?  Y no porque lo traigamos perdido, que eso sería relativamente sencillo de dar por zanjado, sino porque por estarnos fijando en las particularidades de este o aquel árbol, fallamos en apreciar lo que llaman los que saben, la visión de conjunto.

Cuando se anunció la creación del Banco del Bienestar, una entidad pública a la que se le encomendaba desde la presidencia de la república el llevar servicios financieros, y obvio, bancarios, a toda la población del país, independientemente de lo alejado que estuvieran las comunidades en las que radicaban, la gente de aquellas localidades se entusiasmó, por fin eran tenidos en cuenta para los temas del dinero, y es que a qué más que la verdad, los bancos se instalan allí precisamente donde hay dinero que administrar, que resguardar, que dosificar, que invertir o que prestar, si no hay esas necesidades, pues no se instalan.

Déjese que sean instituciones fifís o conservadoras, a diferencia de otras de corte social, pero para un banco, visto como institución, instalar una sucursal tiene un costo, mismo que debe redituar, si no lo hace no se pone, y si se había puesto y falló en las expectativas, se cierra y sus servicios se concentran en otra sucursal regional, así de lineales son las cosas en temas de dinero.

Cuando se anunció, por allá  a principios del sexenio, que se iba a instalar una sucursal del Banco del Bienestar en la capital de Coahuila, la gente pensó que a lo mejor no sería una oficina a todo lujo, como suelen ser los bancos, con grandes ventanales, muebles cromados, mesas de cristal, muy iluminados, con personal bien presentado, ¿qué le digo yo?, usted ha ido muchas veces a uno o varios bancos, y conoce de primera mano sus instalaciones, ante todo funcionales, pero que inspiren confianza a los ciudadanos que acuden allí, de que su dinero lo manejarán profesionalmente, y que sus promesas de rendimiento serán acordes a la estabilidad y modernidad que dejan traslucir.

Como debería corresponder a una ciudad capital estatal, el Banco del Bienestar se instaló en el centro de la ciudad, a distancia escasa del Palacio de Gobierno, con el que poco tendría que ver, salvo por su simbolismo, pero también cerca de otras dependencias federales. Y es así que se fue a plantar a media cuadra de la Calle Victoria, por décadas o quizá siglos, la más importante de Saltillo, pues conducía y sigue haciéndolo de Palacio a la Alameda. Ah pero… ¡qué instalaciones!… es un localito… al menos a donde puede uno entrar, de mínimas dimensiones, con decirle que el depósito de alimento para animales que está junto, y las zapaterías, ocupan espacios el triple de grande o más que la sucursal del BanBien.

A lo mejor lo atribuyeron, lo atribuimos a la austeridad republicana, que por aquellos entonces era el discurso más difundido desde el gobierno federal, ¿cómo iban a desperdiciar el dinero del pueblo en un local amplio, elegante, fastuoso?, no, modestito, sin estacionamiento, allí, directamente sobre la banqueta, que la gente sintiera que el dinero se estaba yendo a cosas de veras importantes.

La verdad que no nos explicamos cómo o porqué se escogió ese local tan menudo, sobre todo porque a media cuadra se encuentran dos locales grandes, sobrados, que podrían albergar el Banco del Bienestar en mejores condiciones, no para sus empleados, sino para los derechohabientes, de los cuales habría seguramente muchísimos, toda vez que se planteó como un banco popular, por el que desfilaría muchísima gente. Allí están, a la vuelta el local de Telégrafos Nacionales, o como se llama ahora Telecomm, y junto el de Correos de México, o bueno, del Servicio Postal Mexicano, que a lo mejor son el mismo local dividido y no dos, pero sobre todo el segundo, una parte es la que da a Victoria, y va a dar a la calle de atrás. Es enorme, y se entiende la necesidad de que lo fuera, después de todo era Correos, cuando manejaba gran cantidad de envíos de cartas, impresos y paquetes, que había que almacenar provisionalmente.

Bueno, pues el Banco del Bienestar acaba de anunciar que se desvincula de la prestación del servicio de transferencias de dinero en efectivo, lo que se conoce como el pago de las remesas, dinero que envían los migrantes desde los Estados Unidos a sus familiares en nuestro país, la función pasa a Financiera del Bienestar, entidad que no es precisamente nueva, pues evoluciona de Telecomm, que a su vez viene del ya mencionado Telégrafos Nacionales.

No vamos a decir que qué bueno, o qué malo, lo que sí nos toca señalar es que qué raro, porque desde antes de su creación, el propio presidente de la república Andrés Manuel López Obrador anunció que el manejo de las remesas sería uno de los pilares del Banco del Bienestar, y con ese pretexto, además de otros, se seleccionarían los sitios para ubicar las sucursales.

Viene a resultar que siempre no, Telecomm estaba muy de capa caída, y había que darle algo de juego, aparte en la puesta en operación del BanBien se le estaba haciendo bolas el engrudo al gobierno federal, que ha gastado cantidades ingentes de dinero, y no ha logrado ni establecer todas las sucursales que supone que tendría, ni ha podido poner un cajero automático en cada una de ellas, ni ha logrado establecer una red informática estable para administrar las cuentas de quienes las tienen, y para colmo se ha enredado en cosas políticas, como lo de las tarjetas, que han querido usar para la campaña presidencial de Claudia Sheinbaum, y ha redundado en infinidad de problemas, complicaciones y pérdida de tiempo para adultos mayores, jóvenes, y en general todos los que tienen acceso a uno de los programas asistenciales del gobierno federal.

Bueno antes, todavía, veíamos las filas de gente mayor y jovencitos del lado de Acuña, por lo menos se entretenían viendo los pollitos y los patos en la vitrina de Purina, ahora las mismas filas se mudarán para Telecomm, lugar que tampoco tiene estacionamiento para vehículos –¿y por qué habría de tenerlo, si los pobres no andan en carro, o sí?

Pero eso es lo anecdótico, lo que importa es ¿qué este gobierno no puede hacer las cosas bien desde el principio?, han sido demasiados los bandazos que ha dado con funciones que no debían tener, no tenían ninguna complicación, allí tiene el otro ejemplo clásico, el del INSABI, que destruyó al Seguro Popular, y que hace como un año anunciaron que se incorporaba al Seguro Social como  IMSS Bienestar… lo mismo con el BanBien, que cuatro años después, está tan desprestigiado como lo estuvo en sus estertores finales el BanJidal, por lo pronto ojo donde le toca ir a cobrar, si todavía le van a dar la pensión de ley, porque esto es un desorden.

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