La llamada de emergencia… traición con traición se paga

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Armando Guadiana, candidato de Morena y Ricardo Mejía, del PT. Llamada de emergencia.

Estamos a días, algunos dirán que horas y no faltará quien hasta los minutos esté cotando para la apertura de las casillas el próximo domingo 4 de junio.

Las cosas se han ido decidiendo, a jalones, a empujones, a gritos y sombrerazos como el que sin querer, o quien sabe, le puso Armando Guadiana Tijerina a Claudia Sheinbaum cuando anduvo de visita por La Laguna para reforzar su campaña… la del primero, no la de la segunda, si casi podríamos comparar al actual proceso electoral en Coahuila con aquel juego del Tetris, usted sabe, ese juego electrónico ya bastante arcaico y simplón al grado de hipnotizar a la gente, en que de la parte de arriba van bajando estructuras, que el jugador con las flechitas debe de dirigir para acomodarlo en la figura que ya está abajo, no nos pregunte quién y cómo gana, jamás lo hemos jugado, nomás hemos visto como mucha gente se embebe en él.

Sí, las cosas han ido cayendo por su propio peso, a veces aplastando a los que estaban abajo, los que se querían trepar sin permiso, los que no se alcanzaron a quitar, en fin, lo que ha sido siempre la política en este país y en este estado, ya lo que falta es lo “mero prencipal» como dice el corrido mexicano, la elección y sus resultados, o bueno, la parte que se ha dado en llamar la judicialización de la elección, que algunos que le entienden a estas cosas han definido como que ahora las elecciones no se resuelven en las urnas, sino en los tribunales, pero esperemos no tener un final de fotografía como lo fue la elección de 2017 acá mismo en Coahuila, sino algo mucho más contundente, que aunque se presenten incidentes, estos no empañen ni el desempeño de las autoridades electorales, de los ciudadanos, ni el espíritu democrático.

Pero todavía en este rato puede ocurrir algo que podría tirar el Tetris, si en vez de ser un juego de pantalla fuera algo como el jenga, de palitos de madera. Una posible declinación de alguno de los candidatos, y el llamado que haga para que sus seguidores voten ya no por él, sino por el candidato y el partido a favor de quien haya decidido declinar. La cosa es de susto.

El asunto se ha venido manejando desde la primera semana de campaña, y como rumor ha incendiado la llanura varias veces, una de las últimas cercana al segundo debate organizado por el IEC, en que se adelantó que se iba a dar a conocer una sorpresa, que al final no hubo, o si se dio, fue tan, pero tan espectacular, que nadie se dio cuenta que lo era.

Incluso la autoridad electoral hizo los correspondientes avisos, después de determinada fecha, hace unas tres semanas o un poco más, se cancelaba la posibilidad de una declinación, esto asociado al hecho de que las boletas electorales tenían que imprimirse, y ni el impresor, ni las autoridades, mucho menos los ciudadanos, están al contentillo de los candidatos, que si se deciden o no se deciden, si se contradicen, si se desmienten, si se afirman y luego se echan para atrás, para quedar todo como lo estamos viendo, sin cambios de desde que se decidió quien iba a ser el candidato de cada partido o coalición de partidos.

A lo mejor lo de las declinaciones hubiera tenido mayor viabilidad, si los candidatos, los dirigentes partidistas, los equipos de campaña y los seguidores, no fueran tan dados a los excesos verbales. Cada vez que se ventilaba el asunto en alguna entrevista, en alguna declaración, en un discurso, en vez de decir sí, no, tal vez, se lanzaban a decir cosas la mar de feas del otro al que se sumarían o que esperaban que se sumara, y sí, sabemos como es la política, que todo lo que se dice se lo lleva el aire, nadie lo recuerda y pocos son los rencorosos que lo reclaman, pero el pueblo, ese al que no hay político al que no se refiera, para ponerlo de pretexto de lo que hacen y dejan de hacer.

Y sí, hay que tener el caparazón blindado para que las acusaciones de traición, de mal agradecimiento, de oportunista, de vendido, y mil otros por el mismo estilo, que se cruzan entre  los oponentes, no les hagan mella. Sin ir más lejos, la última llamada pública de Armando Guadiana a Ricardo Mejía Berdeja para que se sumara a su campaña, fue la promesa de que nomás ganando, lo designaba secretario de gobierno, ni más ni menos que el segundo puesto en importancia en la burocracia, solo por debajo del gobernador, o si no esa, el puesto que él quisiera, ¿y qué le contestó Mejía?, lo mismo de siempre, de que está viejo, de que está cansado, y la frase más insidiosa de todas, que una persona sana no se suma a una persona enferma… esto duele, molesta y mucho, quien sabe si esta fue la ofensa definitiva para dar por cancelada la posibilidad que existió o que no existió, de una declinación.

Pero eso es lo que ocurre entre candidatos, entre políticos, que al final de cuentas son una especie aparte, diferente del resto de los seres humanos, a quienes ven para abajo, y de los que hacen hasta lo imposible para distanciarse. Entre ellos pueden decirse horrores, y al rato los vemos tan manitos como si no hubiera pasado nada.

Muchas veces hemos visto hermanos contendiendo por un mismo puesto desde partidos políticos diferentes, en casos extremos como el de ahorita en Puebla, se trata de primos hermanos los que quieren la candidatura al gobierno del estado, uno de ellos es senador, el otro es diputado, y ponga que en privado o en familia se lleven razonablemente bien frente a los periodistas y a los posibles votantes dejan claro que serán capaces de lo que sea, inclusive de hacer que corra sangre hasta el río.

Ya ve, eso es lo que pasa cuando compara uno a los niños cuando chicos, o pone a uno de ejemplo ante el otro, los odios de este tipo suelen durar toda la vida, y quizá hasta más. ¿Cómo se arreglarán las cosas entre los Mier?, a lo mejor o a lo peor, como otro corrido, el de Simón Blanco u otro, con lo de que matar un compadre es ofender al eterno… por lo menos el que lleva el Mier como segundo apellido ya ordenó que se lo borren de todos los papeles.

Acá a nivel de pueblo, del bueno y sabio o del normalito, a nivel de raza, ¿cómo la caería que de repente recibiera una llamada que contradijera lo que el candidato con el que ha hecho migas o al que le tiene simpatía, le sale con que ¿qué crees?, me bajo de la campaña, “las condiciones no están dadas”… bla-bla-bla, y te pido que de forma madura, ese voto que me iba a dar a mi, ahora se lo des a fulano… Como patada de mula lo recibiríamos la mayoría, los que no somos políticos, y que como decían las películas de charros: queremos de ley, si estamos con un candidato, lo estamos hasta donde tope y a veces más allá, pero si el candidato se cuartea, porque ya se arregló, porque aceptó “el puesto que escoja”, a ese sí que lo consideramos como el peor de los traidores, y actuamos en consecuencia.

¿llamar para votar por otro?, discúlpame, pero yo estoy, estaba contigo, y si te bajas, yo también me bajo, o voto por el que yo escoja, tu enemigo o quien sea, menos el que me estás recomendando, o de plano me abstengo, ese día haré lo que se me ocurra o nada, pero traición, como dice el presidente del amor, con traición se paga. Valga para lo que sirva, si en este chico rato alguno se acobarda.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Ofrecido por WordPress.com.

Subir ↑

Descubre más desde El Demócrata

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo