Promesas de candidatos… ¿cuánto ofrecieron invertir?

    BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

No en este proceso electoral, pero en otros anteriores, fue muy notorio el seguimiento que hacía la autoridad de los gastos que se hacían en campaña por parte de cada uno de los candidatos.

A lo mejor es que es temprano, que están revisando nota por nota, y factura por factura, pero como que sentimos que la supervisión es mucho más laxa de lo que era en proceso anteriores. Tal vez sea que luego de tanto brinco, impugnación, caídas y más brincos como hubo, los partidos y los candidatos quedaron con la sensación de que tenían más manga ancha que antes, que por eso podían darse más margen para gastos, aunque quizá la explicación sea la contraria, de que luego de tantos sustos y supiritacos, hayan aprendido a cuidar sus gastos de manera poco menos que refleja, inercial.

Sí, de repente se hablaba de que para esta fecha los candidatos llevan gastado tantos más cuantos millones, lo que nos da un promedio de gasto de tanto dinero por día, por hora y por minuto, pero parecía eso más un ejercicio académico que algo de implicaciones más serias. Repetimos, a lo mejor es que los auditores que hay en el Instituto Electoral de Coahuila están afilando los lápices, cargando las calculadoras, arremangándose las camias, preparándose para lo que viene, la contabilidad de los gastos, de la que se desprende, como sabemos, que si hubo excesos, pudiera haber sanciones, y que la sanción última está contemplada, la de la anulación de todo el proceso electoral, sobre todo si se busca, como siempre se hace, los pecadillos, fallas, errores o malas prácticas en que haya podido incurrir el candidato ganador, que a los perdedores, por el solo hecho de serlo, se les suele perdonar todo, pobrecitos.

El ejercicio del gasto es algo de lo más complicado, pero a como son las autoridades electorales, es algo que debe merecer la atención del candidato y de su equipo cercano, mucho más de lo que se estila. Está uno acostumbrado, en este México nuestro, a que al patrón no se le incomoda con nada, no se vaya a enojar, él debe estar meditando en cosas importantes, no en simplezas como gastos de campaña.

Ah, ¿pero qué tal son los candidatos para hablar de billetes en sus mítines?, la verdad es que se pintan solos, si hasta dan la impresión de ser mejores financieros, que meros políticos. La idea de esta colaboración nos surgió luego de escuchar los discursos de uno de los candidatos, Armando Guadiana Tijerina durante sus mítines de campaña, y de algunas aseveraciones que hizo durante los debates, él de plano se comprometía a invertir millones y más millones de pesos en cada una de las regiones, ciudades y comunidades, siendo la diferencia con los otros aspirantes, que hablaban de proyectos, pero no los tazaban.

Póngale que es por deformación profesional, ser millonario también es una profesión, una profesión de fe diría tal vez el presidente de la república Andrés Manuel López Obrador, quien sí ha dicho que su dios es el dinero, bueno, pues cuando un millonario anda en campaña, es más probable que piense en términos monetarios a la hora de hacer promesas.

Recordamos que Guadiana dijo en Ciudad Acuña que de llegar a gobernador, invertiría trescientos millones de pesos en el desarrollo industrial de la región norte del estado de Coahuila. Nos sonó a hablada, ¿de dónde iba a aparecer esos 300 millones?, del aire no, de los impuestos tampoco, ah ya se, del combate a la corrupción, sí, pues había que repetir el mismo discurso de quien lo encandiló para ir como candidato a senador. Pero luego Guadiana repitió la hablada, recargada, en Torreón subió la apuesta, serían mil millones de pesos los que invertiría en La Laguna.

Ponga que era porque de veras traía los números bien hechos, que a Torreón no se le podía enamorar con tristes 300 millones, que sí convencen a Acuña, pero que a la perla lagunera le suenan a poca cosa, había que subir la apuesta y así lo hizo.

Luego Guadiana siguió hablando de inversiones, cada una de mucho dinero. Habló de hacer realidad lo del proyecto de tren suburbano de Saltillo a Monterrey, del famoso Coahuilteca, que si no recordamos mal, de este se habían manejado cifras cercanas a los ocho mil millones de pesos, que si uno los va sumando, son una auténtica montaña de billetes.

Esto nos lleva a preguntarnos: bueno ¿Y de cuánto dinero estamos hablando, cuánto dinero prometieron los candidatos en campaña?

Líneas arriba dijimos que ahora las cosas no son como antes, ya los políticos se cuidan más de las promesas que hacen, no vaya a ser que luego les reclamen hacerlas efectivas, y esto lo aprendieron por la mala, cuando a dos que tres los bajaron de la candidatura por no haber cumplido con documentar sus gastos o por haberse excedido de los mismos.

La verdad es que cada uno de los aspirantes a la gubernatura prometió el sol, la luna y las estrellas, si eso lo multiplicamos por cuatro, entre los mesurados y los desbocados, tendríamos que Coahuila no solo parecería CoahuiYork, sino CoahuiDisney o CoahuiVegas, lo que más le deslumbre a cada quien.

Un ejercicio interesante sería el de contabilizar lo prometido, pero no solo para ver el tamaño de las exageraciones, sino para compararlo con el presupuesto de egresos disponible durante los siguientes seis años, traspolarlo con las estrategias usuales y algunas novedosas para la obtención de financiamiento público, las famosas asociaciones público privadas, y ver realmente cómo se vería Coahuila si hubiera ese nivel de inversión y promoción económica de un gobierno.

Pero hasta ahorita hemos estado hablando de cada quien por su lado. Sí, también se podría sumar lo de todos, pero no solamente en las cuentas, eso es lo de menos, sino en lo dispuestos que estén de aquí en delante a apoyar al estado que tanto decían todavía hace pocos días, que amaban tanto. De que traían gente, la traían, de que había proyectos, sí los había, sobrados. Bueno, pues así como profesaban un amor por Coahuila hasta el sacrificio, así ahora su estado y sus habitantes se los solicitan encarecidamente.

No, no que pongan de su bolsa el dinero del que hablaban, pero sí su capacidad de gestionarlo entre sus cuates inversionistas, y no regalado, sino como inversión productiva garantizada.

Estamos haciendo ejercicios, pero es que las cosas no pueden quedarse así, el que ganó, ganó y los demás a hacer muinas a sus casas. No, es hora de sumarlos a todos, con dinero o con ideas, pero con suficientes ganas.

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