BAILE Y COCHINO…
Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Al principio nos pareció que era un invento de gente sin quehacer, ya sabe, después de las campañas políticas, con todo lo desangeladas que fueron en un proceso electoral que sí, por momentos tuvo sus momentos emocionantes, pero que por lo general se caracterizó por ser bastante plano, a los cafetólogos les comenzó a hacer falta tema de conversación, y a falta de línea, pues comienzan a desbarrar sobre cualquier cosa que parezca mínimamente coherente, o a lo mejor al revés, mientras más irrazonable, más se exaltan los ánimos, y más grata la conversación.
El tema era este, según Marcelo Ebrard, supuestamente, habría seleccionado a Ricardo Mejía Berdeja como su representante en el estado de Coahuila, para llevarle todos los asuntos de la campaña que no es campaña, y de la que espera él. Marcelo, que saldrá seleccionado como candidato a la presidencia de la república por el Consejo del Movimiento de Regeneración Nacional, MORENA.
A algunos esto les pareció fuera de lugar, efectivamente Mejía Berdeja perdió la elección de gobernador del estado, por la que contendió con los colores del Partido del Trabajo, hasta que las negociaciones, que más parecieron manita de puerco, que le hicieron a este partido desde la dirigencia de MORENA o desde Palacio Nacional, determinaron que dejaran solo a su candidato, que así llegó al día de los comicios, con una mano delante y una mano detrás para taparse sus partes pudendas.
Mejía estaría desempleado, eso está más allá de toda duda, con el PT no ha de querer nada, luego que lo dejaron chiflando en la loma, y aunque pudiera ser que, allá tras bambalinas se hubiera dado una negociación para no dejarlo totalmente desprotegido, no es fácil que lo que le hayan ofrecido o le hayan dado, sirva para sanar el orgullo lacerado. Tampoco es muy creíble que desde el gobierno federal le tiendan un cabo para mantenerse a flote, al menos durante lo que reste del sexenio. Actuado o real, el mensaje del presidente fue que Mejía Berdeja se había ido sin avisar ni dar las gracias, poco menos que le dijo traidor, y así, es difícil que alguien quiera llevarle la contraria al patrón, dándole siquiera los buenos días al tránsfuga.
Desde ese punto de vista, Mejía Berdeja estaría anulado como opción de treparse de nuevo en el tren de la cuarta ¿o será quinta el próximo sexenio? Transformación, bajo la conducción de Marcelo Ebrard.
Pero la especie toma ciertos visos de posibilidad, cuando pensamos que el hasta hace muy pocos días canciller, factótum del gobierno federal, y principal promotor de la 4T como producto de exportación, también le está jugando rudo a su patrón el presidente López Obrador, a quien ha orillado a tomar acciones que él probablemente hubiera preferido retrasar varios meses y seguramente, también matizar para imprimirles su sello particular, y en cambio, lo ha obligado a adelantar calendarios y lo que es más relevante, a idear mecanismos que no son todo lo precisos y efectivos que uno, el de palacio nacional, pudiera desear.
Lo que el primer inquilino de la nación hubiera querido es señalar con su incorrupto e incorruptible dedo a quien sería su sucesora, pero con tanto hablar de democracia, de libertad, de igualdad y de no imposiciones, sus propios seguidores se han creído que las hay, democracia y lo demás, y por eso se apuntaron a un proceso del cual se espera que, como los perros que dan vueltas y más vueltas antes de echarse, pues igual acá con MORENA, la idea es que la ruleta de todas las vueltas que sean necesarias, pero que aterrice la bolita en la casilla de Claudia Sheinbaum.
Marcelo forzó las cosas, presentando su renuncia al cargo que tenía, y presionando a las demás corcholatas para que hicieran lo mismo, no por su voluntad, sino porque el Consejo General de MORENA se los pusiera como requisito, y esto obedeciendo la instrucción presidencial, a la que no se puede decir que no.
Se supone que, a partir de ya, las corcholatas presidenciales están movilizando sus batallones, sus brigadas y sus divisiones de simpatizantes, para que estos a su vez lleven “la buena nueva” a la población, buena nueva que no es otra que el ya famoso “cambio con continuidad”, o continuidad con cambio, que la verdad no le encontramos mucha diferencia a uno u otro concepto. Aquí es donde se aplica el precepto de A ver de qué cuero salen más correas.
Sí, porque una cosa es andar en la grilla de grandes ligas, como gustan ellos de decirle, y otra cosa es tener simpatizantes, y déjese de simpatizantes, una estructura política capaz de mover a la gente a votar por cierta corcholata, en vez de por cualquier otra de las que andan en el rejuego. Ya para ahorita dos que tres corcholatas están pasando aceite al ver que, claro que juntan un coordinador de pre-pre-precampaña por cada entidad federativa, son solamente 32, pero cuando se preguntan si tienen una por cada municipio… teniendo en cuenta que hay dos mil quinientos en el país, bueno no, exageramos, hay solamente 2,469 para que no se espante nadie, la respuesta ya no es tan sencillo que sea afirmativa. No dudamos que hasta la más gris de las corcholatas tenga diez, cincuenta veces eso en amigos de Facebook o en seguidores de Twitter, tic toc o Instagram, pero a la hora de apoyo en vivo y en directo, las cosas cambian.
Allí lo tiene, a Ricardo Mejía Berdeja, desempleado él ahorita, pero con ínfulas de perdonavidas durante la campaña, ni siquiera logró colocar un representante de casilla en cada una de las instaladas en los 38 municipios. ¿Será que le puede garantizar a Marcelo Ebrard, o para el caso, a quien sea, lo que no pudo conseguir para sí mismo?
No dudamos que intente vendérselos, y que aquellos urgidos, Marcelo o quien sea, caiga y se lo compre, pero de que eso tenga viabilidad, allí sí que no creemos que le sea posible cumplir: sumando una simpatía personal bastante triste, a otra simpatía personal todavía más deprimente, no son como dice el poema de Benedetti, mucho más que dos, al contrario.
Repetimos, son chismes que andan por allí, cada quién sabrá si hace caso o no. Marcelo está jugando las contras, pero suavecito, adoptar a Mejía sería ofender al compadre e implicaría un rompimiento de lanzas, no ha sido su estilo, vaya a saber si lo sea de aquí en adelante, como tampoco lo ha sido agarrarse a un clavo ardiendo, como lo es Berdeja, por no encontrar otro de qué echar mano.

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