BAILE Y COCHINO…
Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Cuenta la historia que por allá en enero de 1831 un colono de nombre Green De Witt, le dirigió una carta a Ramón Múzquiz, quien por aquellos tiempos era el funcionario político más importante de Bexar. En su misiva le solicitaba armamento para defenderse los colonos del asentamiento conocido como Gonzales, de las incursiones de los indios, que andaban muy bravos.
La burocracia de la época no era tan necia como la actual, en que por unos tristes fusiles calibre 0.50 para equipar los cuerpos policiacos que se la rifan contra los narcotraficantes, entre la Secretaría de la Defensa Nacional y la de Relaciones Exteriores han hecho perdidizo el trámite del gobierno de Coahuila, y el dinero del pago por el armamento. No, la solicitud de los habitantes de Gonzales fue aceptada y de inmediato les fue entregado un cañón (ya parece que la SEDENA nos va a soltar una culebrina, un mortero o una bombarda) de seis libras, que no era cualquier cosita, la única condición que les pusieron es que cuando lo necesitaran, se los devolvieran.
Cuatro años después, en la Batalla de Gonzales, considerada la primera de la Revolución Texana contra México, los habitantes de la colonia resistieron la intención del ejército mexicano, que quería recuperar la pieza de artillería. Fue cuando Caroline Zumwalt y Eveline De Witt cosieron una bandera que tenía una estrella, un cañón, y la frase “Come and Take it”, que ha de haber enchilado a los mexicanos que supieran leer, y leer en inglés, además. La verdad no sabemos si los mexicanos lograron recuperar su cañón, pero lo que sí es que luego Antonio López de Santa Anna fue hecho preso por los Texanos, siendo liberado solo luego de firmar que no intervendría contra el movimiento independentista de los colonos. Un hecho ridículo a cargo de un presidente mexicano, luego vendrían muchos, demasiados.
Viene a cuento porque hace unos días el presidente Andrés Manuel López Obrador se volvió a lanzar en su típico flamígero estilo, en contra de las decisiones y acciones del gobernador de Texas, Greg Abbot, quien ordenó la instalación de una línea de boyas flotantes en el cauce del Río Bravo, esto como medida para contener el paso de migrantes ilegales del lado mexicano al norteamericano.
Lo menos que dijo López Obrador es que es inhumano, lo de las boyas, pero como queriendo hacerlo extensivo a quien ordenó hacerlo, y muy a su estilo de tirar cacayacas, esperando que no le contesten, el de las boyas pasó a convertirse en uno de los temas recurrentes en sus mañaneras.
De esas cosas de la vida, allá en Austin si saben para qué son los puestos de gobierno, así que para pronto Andrew Mahaleris, quien cobra como vocero de la administración estatal de Texas, respondió textualmente que “Si el presidente López Obrador realmente se preocupara por la vida humana, haría su trabajo y aseguraría la frontera”… y tanto si se alinea de este lado como de aquel, la lógica es impecable, si en México hicieran su trabajo para que los mexicanos no se vayan a querer ir a trabajar de ilegales a los Estados Unidos, y que de la misma manera se contuviera en la frontera sur, o a lo largo del territorio nacional a los migrantes centroamericanos, ni uno solo llegaría a la frontera norte, no se aventuraría a cruzar el Bravo, no se enfrentaría a las boyas, pero no.
Lo que le gusta al presidente de México es la visión reduccionista, el hecho final de la gente, mujeres, hombres, niños en el agua, topando con las alambradas de púas y las boyas color naranja, curiosamente de un tono bastante parecido al del Metro de la Ciudad de México. De eso quiere sacar, para no variar, tajada política, ¿qué importa si de paso crea un problema internacional?
Una frase de la última vez que se refirió López Obrador al asunto de las boyas texanas, también textual “No se trata así a ninguna persona, no debe tratarse así a nadie, eso no es de gente buena, y que solo siendo buenos podemos ser felices”, por si le hiciera falta una refrescadita al gobernador Abbot, a quien no considera “gente buena”, quizá porque no vota por la cuarta transformación, pero ojalá el mandatario texano no sea de los que tienen problemas de autoestima, porque entonces un comentario así, seguro que le golpearía duro.
Pero para el caso es importante la referencia, porque el hecho de que cientos, miles, decenas de miles de personas atraviesen el territorio sin que ninguna autoridad se ocupe de su bienestar, tampoco es de gente buena. Que sí, se encuentran a mucha gente al paso, que les da dinero, que los emplea, que les entrega alimentos o los guarece, pero es más probable que se topen con gente de veras mala, que los esclavice, los mate, los extorsione, como ha ocurrido en muchísimos más casos que los que han llegado a los medios de comunicación, y menos a los oídos de la gente que vive en este país, creídos que somos un lugar de leyes.
El asunto de las boyas es de lo más complejo. No para México o los mexicanos, ni siquiera para los migrantes, de los cuales han muerto por lo menos dos, sino para el gobernador de Texas y para su administración, pues según decir de los expertos, no es competencia de un gobierno estatal, sino del gobierno federal entenderse de los límites fronterizos y su cuidado. Sí, nada más que de estar esperando, se han probado y desechado montón de soluciones que se han tenido que abandonar por ineficientes, comenzando con el muro de Mr. Trump, y siguiendo con lo que guste.
Tampoco es para espantarse, por lo menos en Piedras Negras, las boyas están instaladas sobre 300 metros sobre el cauce del Bravo, del lado norteamericano, si alguien insiste, como de hecho muchísimos migrantes lo hacen, cosa de caminar unos pocos cientos de metros más, darles la vuelta y seguir adelante, para toparse con lo que sea su destino, muy probablemente con el uniforme y el armamento de la Border Patrol.
Que si la administración de Joe Biden va a emprender medidas contra el gobernador Abbot, eso será interesante de ver. Después de todo… les está haciendo el trabajo, y si resulta que funcionan las boyas, no sería imposible que las adoptaran como medida más funcional que las otras. Lo de la invasión de atribuciones y funciones, eso es algo que quizá llegue a los tribunales, o tal vez, no, pero sí no le extrañe que sea factor en una próxima elección presidencial, a mucha gente del otro lado de la frontera le gustan los políticos que toman acciones comprobables, y si desafueran al estilo mexicano a Abbot… desde la cárcel podría hacer campaña, cosa que acá no se permite.
El caso es que estamos ante una situación como la de Gonzales, cuando todavía era Coahuila y Tejas, ¿cuánto falta para que le contesten al presidente López Obrador ¿quieres las boyas?, ven por ellas? Con la salvedad de que en este caso no eran propiedad mexicana, sino del gobierno de Texas ¿Qué seguiría a eso?, lo que se imagine, cierre de fronteras, redadas, expulsiones masivas…

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