BAILE Y COCHINO…
Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Uno solía tener la idea de que cada cambio de gobierno, de administración, forzosamente acarreaba un descabecadero en toda la estructura gubernamental. Nos hemos venido a dar cuenta de que no es así, más bien que rara vez es así.
Y es que le contaban a uno que, habiendo nombrado nuevo titular de la dependencia, esto en tiempos intermedios, o con cada inicio de gestión, el recién designado llegaría tumbando caña, nombrando a su vez a nuevos encargados de la distintas áreas, para lo cual traería a sus allegados, que para eso “tenía equipo”.
Eso es interesante, entre los grupos políticos se estila, más bien se estilaba, que se integraban equipos de personas que se conocían las cualidades, las mañas, las debilidades y los puntos fuertes, que se sabían las historias personales y profesionales unos de otros, y por esa razón, brincaban en conjunto de dependencia en dependencia, estos son los que llegaban y arrasaban.
Que también habría un asunto importante, uno de celo y de lealtades. No se podía dejar en puestos claves, y a veces en ninguna posición, a personas que tuvieran su afinidad con el jefe anterior, con un grupo que iba de salida, y más si habían salido “mal”, o sea que no se trataba de un cambio para ascender, o en su defecto, uno lateral. Por eso es que las limpias eran conocidas y hasta esperadas.
La verdad no nos dimos cuenta cuando comenzaron a cambiar las cosas, pero de repente nos enteramos que personas que habíamos conocido en gobiernos priístas, habían seguido en panistas o morenistas, e incluso algunos que habían salido con la administración, reaparecían en la misma posición un otra cercana, en gobiernos de una filiación ideológica o partidista diferente, lo que nos llevó a pensar que una cosa es los gritos que pegan, las declaraciones de fidelidad y amor eterno, y otra muy distinta como se comportan a la hora de que se les invita a trabajar bajo un nuevo gobierno.
¿Cómo no dejarse querer, cuando lo están “considerando” a uno?, primero porque probablemente anda falto de empleo, o teniendo que talonearle en algo desde abajo, y segundo porque es una sobada de ego difícil de resistir, esa de que a uno lo llamen, porque es el único que le sabe a determinados aspectos de la chamba.
Ni que decir que cuando regresa, lo hace el funcionario con unas ínfulas que lo hacen insoportable a los que eran y vuelven a ser sus colaboradores, algunos de ellos que se quedaron esperando una posible promoción que nomás nunca llega, porque simplemente, carece de los contactos, y del estatus, por más que sean los de abajo los que desde siempre han hecho el trabajo, que el otro solo se para el cuello.
Es raro, pero en muchas áreas de la administración pública, la federal, la estatal y la municipal, se encuentra uno a la misma gente año tras año, funcionarios de alto nivel van y vienen, pero los otros se quedan, o también van y vienen, y es de esas cosas, la gente, los ciudadanos que pagan con sus impuestos los salarios de esos servidores públicos, se llevan la decepción de que esperaban que con un cambio de régimen, también habría caras distintas, pero ocurre que no, son las mismas, que no pueden ocultar su dejo de sorna, como si le adivinaran a uno el pensamiento, de que deseaban verlos reducidos al nivel del pueblo, y oh sorpresa…
Lo cierto es que a muchos gobernantes lo que les importa es llegar y quedarse todo el tiempo que les sea posible. Lo que es el trabajo, que se haga solo, o lo hagan los mismos que lo venían realizando antes, que al fin y al cabo, ellos ya le saben, quitarlos y poner a otros en su lugar implica capacitación, errores, retrasos, cantidades fuertes de dinero por concepto de liquidación, no, ¿quién se mete?, mejor que las cosas sigan como están, y lo dejen a uno hacer lo que de verdad le interesa, que es grillar para poder brincar a otra posición mejor todavía que la que de momento tienen.
El servicio público de carrera lo es más bien entonces, por casualidad o por accidente, no por méritos ni por desempeño, ni porque se trate de un programa gubernamental al respecto. Pero hasta aquí hemos estado considerando casos en los que el personal que está, si no es el idóneo para realizar la talacha, sí al menos la lleva a cabo sin generarle problemas al aparato del estado y a quienes ocupan los puestos superiores.
¿Pero qué sucede cuando la gente comienza a ser conflictiva, a ser más perjudicial al trabajo, a la imagen de la dependencia, a la funcionalidad misma del gobierno, y lo que al final del día le importa más a todos ellos, la viabilidad política de permanecer en el poder.
Cuando a principios de los actuales trienios municipales, se dieron cambios en las direcciones de seguridad pública en los ayuntamientos, muchos ciudadanos respiraron aliviados.
Estamos pensando en específico en Parras de la Fuente, de donde removieron a Cynthia Villa Espiricueta de esa posición, donde había impuesto, no vamos a exagerar diciendo que un régimen de terror en la cabecera y los ejidos, pero sí un sentimiento de desagrado e incomodidad entre la población.
Durante su gestión hubo denuncias de tortura, acusaciones ante Derechos Humanos, casos de corrupción, extorsión, de todo, y bueno, como en Parras operaba y opera el mando único, todo era cosa de solicitar a la Secretaría de Seguridad Pública del gobierno estatal que la quitaran y mandaran otra persona, cosa que ocurrió.
Las cosas han estado mejor en Parras, pero no en San Pedro, a donde fue reasignada Cynthia, con el mismo puesto, directora de seguridad pública, y a donde llegó no precisamente contenta de haber dejado el turístico Parras para ir al más rudo San Pedro.
Allí sí, a imponer su ley, lo que duró hasta que la situación ya no pudo aguantar más, con el caso de la poco menos que revuelta civil contra los policías municipales, acusados de levantar y probablemente asesinar a un joven.
Según declaraciones del fiscal Gerardo Márquez, el alcalde de San Pedro puso a disposición de su dependencia a todo el personal de la policía, para que respondiera del caso citado, o key, ¿y a Cynthia?, a ella la quitan y la mandan como jefa de la policía municipal a otro municipio lagunero, a Viesca, donde los reportes son de que la gente vive encerrada en sus casas, no vaya a ser que los pocos policías bajo su mando tengan ganas de repetir las hazañas que parecen perseguirla.
Cabría preguntar ¿cuánto le costaría al gobierno correr a Cynthia, o quitarla de lo operativo para dejarla en algo de escritorio, donde no haga, donde no pueda hacer ningún perjuicio?, no es el único caso, en toda la estructura de gobierno, pero que se nota más en el área de seguridad pública.
Caro, sí, pero no más que sostenerla como la bala perdida que es, ella y varios.
¿Será que nadie puede hacer esas chambas tan desagradables, que no queda otro recurso que estarle dando vuelta a los mismos por las oficinas y por todo el estado, para que no demanden, para que no se enojen, para que no armen borlote sus compañeros?
Estos no tienen nada de servidores públicos, son problemas en permanente peligro de estallar, ya veremos si con el cambio de sexenio se deciden por la limpia, o por dejar las cosas como están, yendo a apagar los incendios cuando detonen las broncas.

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