BAILE Y COCHINO…
Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Dicen que las comparaciones son odiosas, no lo dudamos ni tantito. Como buenos mexicanos que somos, hemos ido a ferias en todos lados, en todos los lugares donde por casualidad nos ha tocado estar, y ha habido feria en el momento en que andábamos allí, y pues obvio, allá vamos a la feria.
¿Cómo iba a ser de otra manera?, la gente de todos los lugares se siente orgullosa de su feria. Es un acontecimiento que esperan durante todo un año, para el que se preparan lo mejor posible, en donde el pueblo echa la casa por la ventana, y a donde vienen artistas, atracciones, vendedores de fuera, para ofertar sus mercancías, obvio que al visitante hay que llevarlo a la feria, y allá vamos todos.
En nuestro pobre intelecto dado al vicio de ordenar todo lo que vemos, casi como la maldición que decía Umberto Eco de que los humanos estamos condenados a hacer listas, listas de todo y para todo, como medida para entender lo que sucede a nuestro alrededor.
Recordamos por ejemplo la Feria del Hogar, un evento comercial cien por ciento, que se celebró durante años en la Ciudad de México. Se llamaba así, Feria del Hogar porque era básicamente para proveedores de muebles y artículos para la casa, había de todo lo que se pudiera uno imaginar, algunas cosas eran sensiblemente más baratas que en tiendas, y allí mismo arreglaba para que le llevaran el desayunador, la cama, el refrigerador o lo que hubiera comprado, a su domicilio. No lo va a creer, pero a una de esas a la que fuimos, se presentaba en el Auditorio Nacional Antonio Aguilar y su espectáculo ecuestre, y gratis. Para uno que ni le interesan los caballos ni los muebles, aquello era aburridísimo, pero lo mencionamos solo para dar una idea de la importancia de una feria por todo lo alto.
Luego están, queremos pensar, las ferias de las capitales de cada estado. Cada estado de la federación tiene su capital, y aunque a veces no es la ciudad más importante de la entidad, sí tiene su relevancia, es de esperar que la feria de la capital estatal sea la número uno en atractivo, pero resulta que esto no es así.
Allí tiene que la feria de Toluca no le llega a la de Metepec o a la de Texcoco, conocida como la Feria del Caballo. La de Querétaro le queda un poco chica a la Feria del Toro de Tequisquiapan, y la de Guadalupe está a la altura de la de Monterrey, aunque otras se sostienen como debe ser, la de Guadalajara, la de Zacatecas, la de Aguascalientes, allí sí, ni hablar, las cosas como son, ordenadas.
¿Pero qué pasa cuando, por ejemplo, la Feria de Torreón se lleva de calle a la Feria de Saltillo, y la Feria de SanBuena deja frías a las dos? Y mire que San Buenaventura es uno de los municipios más pequeños de Coahuila, se las ha arreglado para convertirse en un evento que congrega a expositores, jugadores, artistas, curiosos, asistentes, y no solo de los alrededores, sino de sitios muy lejanos, la cosa es que ellos sí saben armar buen ambiente.
Hablando de la Feria de Saltillo, es una verdadera lástima que siendo la ciudad capital del estado, que además históricamente era la congregación económica y social más importante del norte de la Nueva España, durante la época colonial, es increíble y lamentable que no se haya logrado estructurar un evento que esté a la altura de una de las ciudades más pujantes del país.
Por supuesto que en esto tiene su parte de culpa el gobierno, pero siendo un evento eminentemente comercial, era para que los comerciantes, organizados o no, individuales o por gremio, idearan la manera de sacarle jugo a un evento que de todos modos se hace, pero por el que por su pobre desempeño, da que hablar… más mal que bien.
Ahora sí que los comerciante de Saltillo prefieren echarle más ganas a la Quincena del Comercio, o al Buen Fin, que a la Feria de Saltillo. ¿Quién sabe? A lo mejor es que prefieren seguirla viendo como un evento de empresarios foráneos, que uno de locales que compitan con aquellos.
Normalmente los comerciantes de la capital reaccionaban mal cuando llegaban los vendedores de ropa de Moroleón, les ponían toda clase de peros. También se han quejado de las pulgas, de los mercados ambulantes y puestos semifijos, pero a la hora de hacer propia la Feria de Saltillo, pues no, no le entran con las ganas que pudieran.
Para colmo se dan situaciones como la que está viviendo ahorita la Feria, en la que la presidenta del patronato, Refugio Gutiérrez García, está siendo fuertemente cuestionada por su manejo financiero. Más que eso, se le ha acusado de malos manejos y de desvío de fondos, que deberían ser para las organizaciones no gubernamentales, porque hasta eso, en algún momento se decidió que las ganancias fueran para este tipo de agrupaciones, a ver si así se lograba motivar más la asistencia y consumo de los asistentes, pero ni así.
De ninguna manera estamos en condiciones de tomar partido, ni a favor ni en contra de la famosa Cuquita, si incurrió en conductas que puedan ser perseguidas administrativa, civil o penalmente, pues que sus acusadores presenten las denuncias correspondientes y aporten las pruebas que soporten sus acusaciones, pero si no…
Entre tanto la que sufre es la Feria. Repetimos lo de las comparaciones, la gente de Saltillo se queja, con cierto grado de razón, de que traen puros artistas de segunda categoría, cuando que a la de Guadalupe, la de Torreón, la de San Buena, traen otros de primera línea, que la gente se vuelve loca por ir a verlos, conocerlos, corear sus canciones y bailar con su música.
Por si eso fuera poco, artistas de poca monta, está el hecho de que consumir en la feria es carísimo. Partiendo de la base de que es ante todo un evento popular, unas papitas y un refresco suelen salir como lumbre, y si lleva uno a cuatro o cinco hijos… se deja allí la semana o hasta la quincena, todo para que ni siquiera pueda decirse que se llenaron o que la comida estaba deliciosa. Claro, salen con el pretexto de que es por una buena causa, para obtener ganancias para las organizaciones humanitarias, pero esto está lejos de la realidad de la mayoría de los asistentes, que ven como su dinero se evapora en marranillas y baratijas que les venden, o les quieren vender muy caras.
El asunto de la feria no es menor. Hubo una época, no muy lejana en la que de plano se suspendió, no tenemos datos si por mala administración o pobres resultados, pero luego cuando se decidió revivirla, con toda la supervisión para que no pasara nada, allí tiene, poco atractiva, aburridona, cara, ¿y con transas?, la gran feria de México, que congregaba viajantes de todas las provincias interiores y del centro del país, no es más que una referencia en los libros, pues ya ni a recuerdo llega. Y a como vemos, va para todavía peor.

Deja un comentario