Dos datos, dos 

BAILE Y  COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Ni un peso para arreglar tramos carreteros, pero si millones y millones para las glorietas de la Ciudad de México.

Dicen que en política, y para el caso en el amor y en nada, existen las casualidades, que todo ocurre por algo. El célebre periodista Ernesto Julio Teyssier, quien durante varias décadas marcó la línea del periodismo el siglo pasado, solía decir que la gente dedicada al oficio tenía una manera especial de interpretar las noticias. El periodista, decía él, no debía conformarse con leer las notas, sino que tenía que tratar de entender lo que estaba escrito entre líneas, allí es donde estaba el verdadero mensaje, y todavía hacía énfasis en analizar con extremo cuidado la manera en la que estaban organizadas las notas en los periódicos y en los noticieros, cuales aparecían antes y cuáles después, a cuales se daba importancia y a qué otras se les quitaba, era lo que consideraba el lenguaje cifrado de los editores, no accesible a cualquier lector, pero que sin embargo aquellos no podían darse el lujo de omitir: los secretos estaban allí, solo había que saber interpretarlos.

Con un día de diferencia aparecieron dos notas. La primera en “X”, lo que anteriormente era Twitter, y a lo que tanto trabajo nos está costando acostumbrarnos, y la segunda como una de las notas principales de la mayoría de los periódicos y portales de noticias nacionales. Importa comenzar por esta última y luego irnos a la primera. Decía el titular que el Instituto Nacional Electoral había fijado el tope para los gastos de campaña para la elección del año 2024, dato por demás importante.

Según la información dada a conocer oficialmente, los candidatos a la presidencia de la república por los distintos partidos o coaliciones, tendrán que ajustarse a un límite máximo de 660.9 millones de pesos, según lo autorizado por la Comisión de Prerrogativas y Partidos Políticos del propio Instituto Nacional Electoral.

Cada quien tendrá su opinión respecto a si los 661 millones son pocos o son muchos. El parámetro básico que nosotros consideraríamos es el salario de un presidente, si no por otra cosa, por la lógica elemental de que nadie en su sano juicio gastaría más de lo que piensa ganar en un negocio, en una campaña, en lo que sea, y en este caso, un presidente de la república, que conforme a la ley promovida por Andrés Manuel López Obrador, gana alrededor de dos millones de pesos al año, en total del sexenio no más de quince, considerando la inflación, los incrementos y alguna otra cosilla por allí, ¿gastar 661 millones para que una señora o un señor pueda percibir quince millones en total?, no viene al caso.

Ah, pero claro, en una elección presidencial no está solamente en juego el emolumento del siguiente presidente, sino el presente y futuro de todo el país, entonces sí se justifica, supuestamente, una inversión tan fuerte… que no es de dinero de una persona, ni tampoco de un partido político, de lo que estamos hablando es de dinero público, por extensión, dinero recabado de nuestros impuestos, y asignado generosamente por el INE a los contendientes, a partir de una fórmula que juega con toda clase de indicadores, desde el gasto de la última elección, el proceso inflacionario, el presupuesto total del Instituto, la proporción que se asigna a los otros puestos de elección popular en disputa, a saber, diputados federales y senadores, gobernadores, presidentes municipales, diputados locales.

Imposible no tomar como referencia el gasto que el Movimiento de Regeneración Nacional autorizó para sus corcholatas (qué tristeza, ya nadie habla de corcholatas, tan folclórico que se escuchaba eso) que fueron cinco millones de pesos para cada uno y una. Con cinco millones tuvieron que hacer circo, maroma y teatro para organizar sus eventos masivos, transportarse, hacerse acompañar de su equipo de campaña, y según un cálculo de alguno de los corcholatos, Ricardo Monreal o Claudia Sheinbaum, cada evento había salido, en promedio en 87 mil pesos, excepto los del último lugar, Adán Augusto, quien orgullosamente rehusó la ministración de dinero de MORENA, y todo lo pagó de su profundo bolsillo.

Para todos los efectos, el proceso interno de selección del coordinador de los comités de defensa de la cuarta transformación, fue una campaña o una precampaña, y es el caso de que, machacamos, para la campaña se autorizan ahora 661 millones y para la precampaña 85.9 millones, y podríamos repetir la pregunta ¿es mucho o es poco?, pues si ya recorrió Claudia Sheinbaum, la que salió triunfadora del proceso, México con cinco millones, y lo que van a hacer es repetir el periplo, sí se nos hace demasiado.

Bueno, eso respecto a la primera nota. La segunda no es menos interesante, y más por la interpretación que se le dio en redes sociales, las benditas. Resulta que algún analista, no solo de Twitter, sino de medios de comunicación nacionales, Fernando Vázquez Rig a partir de examinar el presupuesto de egresos de la federación para el año entrante, encontró que en el rubro de mantenimiento de carreteras, por lo demás uno de los que por su misma naturaleza mayores recursos consume… pues no había recibido ni un solo centavo para el 2024.

El autor de la nota, y mostraba la imagen de la página correspondiente en el presupuesto, decía que no había habido en este caso alguna preferencia partidista identificable: a los 32 estados le había tocado recorte parejo, a cero pesos. Bueno, a 31 de los 32, porque a la Ciudad de México le habían autorizado nada más y nada menos que once mil millones de pesos… ¿a una ciudad que no tiene carreteras de importancia, lo suyo son calles, avenidas y calzadas que no se contemplan en el presupuesto federal, le tocan 11 mil millones y a los estados que por su extensión o por su volumen de población tienen muchas carreteras nada?

Y daba la explicación de rigor, la única que cabe en estos tiempos preelectorales, en los que cualquier movimiento en el presupuesto se asocia a la sospecha, real o imaginada, de que se podría utilizar en las campañas políticas… del partido que tiene momentáneamente la facultad de proponer la integración del presupuesto y dado su control en el poder legislativo, también su aprobación. Con todas sus letras, según este analista, los once mil millones de pesos para reparación de carreteras, en una entidad que no tiene carreteras, se iría directo a las campañas de los candidatos de MORENA, principalmente a la de presidente de la república, que es la que más le interesa, y las otras, que tienen su peso, pero no comparable con despachar otro sexenio en palacio nacional.

Si a un partido que ha pregonado desde su fundación por la austeridad en el gasto político, no le son suficientes los 661 millones del INE ¿le alcanzarán los once mil millones que se etiquetan según la vox populi al desvío electoral?, claro que también hay que tener en cuenta que el entrante es año de Hidalgo, en que aun los más modestos y austeros, los más honrados se ven tentados de idear algo para que el futuro no sea tan gravoso, sobre todo ahora que no hay pensiones para los presidentes.

En fin, allí está, lea entre líneas lo que guste, o tome las notas por aparte, eso le servirá para su tranquilidad emocional e intelectual, o mézclelas, a ver a donde lo lleva ese somero análisis.

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