BAILE Y COCHINO…
Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

La regla de oro en la política mexicana es, como ha sido siempre, que no existen las casualidades. Sí, de vez en cuando nos tocan gobernantes como algunos que nos ha recetado la cuarta transformación, que en efecto, no tienen ni idea de lo que están haciendo, ejemplo de ello es aquella ya famosísima entrevista a modo que le hacían a la maestra Lety, para más señas secretaria de Educación Pública en que la entrevistadora le dio espacio para que se luciera, hablando de lo que, en teoría, podría contestar cualquier burócrata de la Secretaría, cuantimás su titular, algo sobre las matemáticas en primaria, cualquier sarta de generalidades hubiera funcionado, pero no miss Lety, la interpelada soltó con que no podía responder a esa pregunta.
Pero los políticos de hoy, como los de antes, saben que hasta los estornudos tienen una interpretación política, ni hablar de los guiños, de los apretones de manos, las miradas, por no hablar de desprecios como pasarlo a uno de largo en la salutación, tenerlo esperando por horas o días, entre otros todavía más feos, por lo humillantes, y que el sistema considera altamente educativos.
En Coahuila nos encontramos en pleno proceso de transición del poder ejecutivo estatal, deja la principal oficina del palacio rosa Miguel Ángel Riquelme Solís, y la toma Manolo Jiménez Salinas. Cada uno de ellos tiene su propio estilo, cultivado a lo largo de sus no demasiados años en las lides de la grilla. Mientras que Riquelme siempre se vio como un funcionario primero y gobernante después, serio y más bien distante hasta hace relativamente poco tiempo, en que parece que le agarró el gusto a plantarse ante los reflectores, Manolo ha cultivado la imagen de “echado pa’ delante”, que incluso usó como lema de campaña, saludador, muy de sonrisas, de dar un tratamiento más bien tranquilo de los problemas y las situaciones, lo que a su vez sirve para que los demás no se preocupen tanto de las cosas.
Eso no quita que allí donde han estado, ni uno se lo tome todo tan a pecho, ni que el otro lo haga a la ligera, después de todo una cosa es la imagen pública que hay que transmitir, y otra el desempeño de la función de gobierno, que no puede, ni debe dejar de hacerse, convirtiéndose en un arte el compaginar una y otra.
Nos imaginamos que entre el gobernador saliente y el gobernador entrante se han de haber comentado toda clase de asuntos durante los pasados meses. No hace falta recordar que durante un tiempo Manolo fue integrante del gabinete de Miguel Riquelme, tiempo durante el que se habrán dicho de todo, y aun antes, cuando Jiménez era alcalde de Saltillo, sede del poder público estatal, el contacto fue de lo más cercano. Pero eso era lo de antes, lo operativo, lo que importa en la coyuntura actual, es ¿qué es lo que acordaron entre uno y otro para una transición tersa?, y conste que no estamos hablando del dinero que queda en caja, los pagos a proveedores, los aguinaldos pendientes, a quien se cobija y a quien se sacrifica de los burócratas, entre otros mil asuntos, pero acá a nivel de máquina de escribir, percibimos que se trataron algunos asuntos muy peliagudos, unos que han salido a la luz pública, y otros que permanecen en el tintero, de los que a lo mejor nos damos color, y otros que de plano harán para que se queden así, por lo pronto o para siempre.
De los que sospechamos que no tienen nada de casual, y que al contrario, se maquinaron para que sucedieran con un “timing” muy particular tenemos dos asuntos muy complicados, el de Leocadio Hernández Torres y el de Ramiro Pérez Arciniega. El primero de ellos que constituye un antecedente a escala nacional del proceso penal contra un dirigente obrero, concretamente de la Confederación de Trabajadores de México, de quien era su líder poco menos que vitalicio en Piedras Negras, y el segundo, de quien fuera presidente municipal de Parras de la Fuente.
Nadie pensó que Leocadio, de quien se sospechaba y se comentaba a grito pelado una cantidad de tropelías dentro y fuera de su ámbito estricto de acción, que la justicia, y sobre todo la justicia estatal actuaría en su contra jamás. Ni siquiera cuando por allá en mayo renunció al Partido Revolucionario Institucional para grillar a favor de Ricardo Mejía Berdeja y su intentona de llegar a gobernador por el Partido del Trabajo pensamos que fueran sobre él.
¿Quién sabe?, a lo mejor es que las presiones de parte del gobierno norteamericano sobre el mexicano por la presunta, y no nos extrañaría que real extorsión que trató de hacer a VU Manufacturing, y que llegó al indeseable extremo de ser examinado por un panel dentro del T-MEC, forzó a México a proceder contra el señalado como responsable. Sí, pero… ¿cuántos de esos asuntos o más graves se dejan dormir el sueño de los impunes?, no, fueron sobre él, la Fiscalía del Estado de Coahuila, y además rápido, lo dicho, faltando días para el cambio de gobierno. El trompo se lo aventó Riquelme, y así quedará. Aunque se apele a Manolo el podrá decir, ni modo mano, ya adentro no puedo hacer nada.

Lo de Ramiro igual. El exalcalde de Parras literalmente se ha estado burlando de la justicia coahuilense desde mucho antes de concluir su período como presidente municipal. Desde el primer año de su gestión hubo denuncias del cabildo, amonestaciones del legislativo, llamadas de atención del ejecutivo, de nada hizo caso, para rectificar el rumbo de su administración, vamos ni siquiera de cuidar las formas.
Se llegó a solicitar la desaparición de poderes, trámite de procedencia para juicio político ante el Congreso del Estado, nada de lo cual procedió, en esencia porque no se quiso, aparte de lo lento de los procesos, y de que aunque balín, Ramiro es abogado, que sabría entrampar la acción legal. Corrió el tiempo, siguió acumulando trapacerías y de oficio y por denuncia, se abrieron procedimientos en la Fiscalía Anticorrupción, otra dependencia que tampoco se ha caracterizado jamás por la velocidad de su actuación, a sus resultados nos remitimos.
Que recordemos, Ramiro tiene ocho carpetas de investigación abiertas en su contra, quizá sean más o que puedan todavía acumularse otras, era para que estuviera tras las rejas, pero como siempre, se mueve el sistema para darle largas y que ande en libertad antes de proceder finalmente sobre él, si es que acaso algún día.
Ya le habían dado un susto hace meses, y Ramiro pensaba que podía seguir así indefinidamente, todo para que sin que nadie lo esperara, con la atención puesta en el proceso entrega recepción, nos enteramos con que el juez le obsequia otra vinculación a proceso, que se agrega a la prisión preventiva que estaba llevando en libertad, y para pronto que le plantan la afrenta de la obligación de portar un grillete electrónico para controlar sus idas y venidas en una zona restringida.
¿Prisa?, no la había ninguna, de nadie, ni siquiera de los parrenses que quisieran verlo encarcelado, ¿casualidad?, menos todavía, esto debió manejarse entre los dos gobernadores a puerta cerrada con alguna intención muy específica, mandar un mensaje de cómo viene el nuevo o que el anterior no deja cabos sueltos, vaya a saber.
Lo que sí no podrá negar nadie es que como desde hacía mucho tiempo, la política está dando sorpresas, al menos en Coahuila está dejando de ser todo lo predecible que había llegado a ser, así que aguas, los ve sonrientes, pero son maquiavélicos, si no me cree, pregúntele a Locadio y a Ramiro, el calambre que les metieron.

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