BAILE Y COCHINO…
Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

No se si en otros países, pero en este lo que se estila es que el nuevo gobierno abandone las obras que fueron principales o consentidas de los gobiernos anteriores, casi como si quisieran sepultar, no únicamente en el olvido al gobernante, sus discursos, sus promesas cumplidas o incumplidas, sino también las obras que realizó, ojo, con dinero del pueblo, no del suyo propio, y que por lo mismo se constituyen en el patrimonio, siempre creciente de la sociedad mexicana, pero no, el gusto es por liquidar esos edificios, parques, monumentos, puertos, lo que sea, dejarlos en la más abyecta inanición presupuestal, de manera que apenas logren sobrevivir, si pueden, y de preferencia ni eso.
Ejemplos de esto sobran, quizá el más extremo de ellos lo hallamos tenido aquí en Coahuila, en que cuando llegó a la gubernatura del estado Humberto Moreira Valdés dispuso la demolición de una de las obras insignia de la administración precedente, la de Enrique Martínez y Martínez, el distribuidor vial Revolución en Torreón.
El alegato fue que el tal distribuidor estaba mal construido, que tenía “vicios de origen”, para lo cual se contó con peritajes que lo demostraran… todo Coahuila miró expectante aquel sábado, me acuerdo que fue en sábado, cuando finalmente y luego de un par de accidentes viales de consideración, se procedió a la demolición, se contrató una empresa supuestamente experta en el asunto de tumbar edificaciones.
Acá entre nos, hemos visto en el Discovery y en History Chanel programas sobre el tema, en los cuales se ve como el trabajo de demolición es poco menos que una sinfonía de planeación ingenieril. Ya ve como son los vecinos, los norteamericanos convierten en espectáculo hasta eso, y hasta en programa de televisión, así hemos visto como en hoteles en Las Vegas, Estadios deportivos y otras construcciones, comienzan a detonar las cargas de explosivos, unas después de otras, en una cadena prevista y programada para quitarle al edificio sus puntos de sustentación.

Es una maravilla ver cómo veinte, cincuenta, cien cargas explotan en serie, y cómo los muros los pisos van colapsando progresivamente, hasta terminar todo en una nube de polvo y por supuesto, entre los aplausos de todos los que presenciaron la acción. Pero eso es allá, acá nos acordamos, tronaron las poderosas cargas, de las que se advirtió que estaban sobradas, que habían puesto el doble del explosivo que se necesitaba, y lo que pasó es que no pasó nada… el DV Revolución no se cayó.
Hubo que entrar con equipo pesado a tumbarlo a la antigüita, entre las risas de todos los que comentaron que el tal Distribuidor, estaba tan mal, pero tan mal construido, que nunca se hubiera caído solo, ni con ayuda. Otro detalle es que mientras que con una demolición experta inmediatamente se puede proceder a retirar escombro y a construir lo nuevo, acá se tardaron meses en tirar lo que no se cayó.
Así somos de gachos. Pero esto es nuevo, porque cuando los españoles construyeron lo que es hoy la Ciudad de México, lo hicieron sobre los templos enteros o palacios medio derruidos de lo que era la Gran Tenochtitlan. De hecho, usaron las mismas piedras, que si las quita uno de la catedral, por ejemplo, se ven las esculturas y tallados que están del otro lado. Malo cuando llegaron gobernantes a los que no les importan los costos, lo que les interesa es que sean ellos los únicos que estén en la mente de la gente cuando piensa en sus gobernantes, si es que alguna vez lo hacemos.
En Saltillo se viene viviendo una situación complicada, una de esas de las que no se habla, en esta que, como decía el párroco Antonio Usabiaga, que es la capital mundial del chisme, son muchas cosas las que se callan, para comentarse únicamente cuando el directamente involucrado no está presente. Así tenemos que de la Ciclovía… nadie habla. En los pasillos de la presidencia municipal no se habla de ella, en Obras Públicas no se habla de ella, en el cabildo tampoco, en las oficinas de los funcionarios solo se toca el punto para decir… de eso no se habla.
Hay gente que ama la ciclovía, hay gente que la odia, y hay la mayoría que somos indiferentes a ella, salvo por la incomodidad que nos causa no tener ese espacio para circular en carro o para estacionarnos. Cabe recordar que la ciclovía fue obra de Jericó Abramo cuando fue presidente municipal, fue uno de sus proyectos emblemáticos, junto con los biblioparques norte y sur, y ni que decir que nomás dejó la alcaldía, se cortó el presupuesto para su expansión, que la había programada, y también para su mantenimiento.
No que fuera perfecta, ni mucho menos. Atrabancado como era de joven Jericó… la hizo como quiso y donde quiso, no obedeciendo a un plan integral ni de transporte ni de aprovechamiento de los espacios urbanos, y además cuando se le quisieron hacer observaciones no se dejó. A lo mejor si hubiera sido otro el planteamiento y otra la ejecución, los saltillenses hubieran hecho suya la ciclovía, se hubieran hecho ciclistas, pero ante la imposición, y lo que vino, el abandono entre total y absoluto por parte de las siguientes administraciones municipales, la ciclovía parecía condenada a su extinción.

Tramos enteros de la tal ciclovía aparecen ya sin los topes de neopreno que la limitaban de los carriles de circulación de vehículos; la pintura de los carriles hace meses que se deslavó hasta quedar en nada, los señalamientos han ido desapareciendo por robo, choque o algún misterio, y no se repusieron jamás, y lo que es más grave de todo, los baches, porque no es lo mismo ir en carro y caer en un bache que solo en poquísimas ocasiones daña la llanta, la suspensión y a los tripulantes, que caer en un bache con la bici, allí sí es muy probable el daño a la rueda y una caída con lesiones desde leves hasta graves.
Hubo quien sospechó que había la consigna de no reparar los baches en la ciclovía, podían arreglar el de la calle, allí a pocos centímetros o metros, pero el de la ciclo, ese no. Leyenda urbana burocrática, vaya a saber.
Pero luego en las últimas dos semanas nos hemos enterado que hay gente de algunas colonias por las que atraviesa la ciclovía, que se han puesto ellos mismos a rehabilitarla. Se han organizado para limpiar, desbrozar, pintar, y allí sí no nos atreveríamos a decir que están tapando los baches ni con qué lo están haciendo, pero la están arreglando.
El otro día pasamos junto al Tecnológico de Saltillo y nos llamó la atención lo amarillo de las boyas que limitan la ciclovía, si no son nuevas, sí lo parecen, y luego nos enteramos que es iniciativa de los alumnos la rehabilitación del tramo que pasa a un costado de la institución.
¿Qué es lo que está pasando?, pues que los saltillenses están tomando en sus manos funciones que son de la administración municipal, que a lo mejor por desidia o como decíamos que sospechábamos de la intención de que termine por desaparecer y a las calladas volverla a ocupar como estaba antes.
Esto constituye una disrupción del Saltillo que conocíamos. Gente protestando siempre ha habido, pero que emprenda acciones de este tipo, es novedad. Están aquellos que protegen al “árbol”, al nogal en la calle Sauce que pasa por la Colonia Jardín, están los que defienden al Pirul, están los que no aceptan la invasión sin condiciones de la vivienda vertical y la gentrificación. Los saltillenses se están haciendo cargo de Saltillo, de SU Saltillo, con y sin permiso y licencia de las autoridades, esperando que estas se sumen, y aunque no…

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