Agsal: mero trámite

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

¿De veras dudamos aunque fuera por un instante, que se diera la continuidad en el contrato, convenio, asociación, entre Aguas de Saltillo y el Ayuntamiento de la capital del estado?, para quienes así lo expresaron, era más bien su deseo de que no ocurriera lo que estaba hablando, más que su verdadero convencimiento, amparado en resultados, hechos y datos, de que no fuera a suceder como finalmente se terminó dando.

Si lo de la prolongación del convenio por siete años y medio adicionales, no a partir del día de hoy, sino del año 2026, en que originalmente estaba contemplada su disolución, era ya cosa hecha, arreglada en las alturas, ¿para qué, nos preguntamos nosotros, tanto brinco como los que dieron?

Ah, ya se, vivimos en un régimen democrático, representativo y republicano, además de ser Coahuila la cuna del federalismo, que sacan a relucir cada vez que un político se acuerda de Miguel Ramos Arizpe, la decisión no podía ser, en apariencia, de un solo hombre o de un grupo de interés, sino tenía que dársele visos de un trámite consensuado, con votaciones y toda la cosa, y en efecto, eso es lo que se dio como espectáculo al respetable público, para que sintiera que la apergollada que nos ha dado Aguas de Saltillo como proveedor del servicio de agua y saneamiento, fue tomada por nosotros mismos, bueno, a través de los diputados al congreso local, que se precian de ser nuestros representantes, casi como si usted y yo, y todos los coahuilenses estuviéramos presentes en el salón de sesiones del palacio de Coss.

Pero el asunto ya estaba más que amarrado. Desde que el presidente municipal de Saltillo realizó a mediados de año una gira de trabajo, así le dicen los elegantes, una visita a Barcelona, para tratar de nuevos proyectos con la matriz de AgSal, que ya ni siquiera está allá sino que se mudó a Paris, dejando una representación de negocios en Cataluña, sabíamos por dónde venía la cosa, aunque hay que reconocerles que, si fuera asunto estrictamente de los mexicanos, de los saltillenses, se estuviera discutiendo por allá en el 2026, una semana antes de que se venciera el arreglo.

En cambio como se trata de una empresa multinacional, que no se puede dar el lujo, –qué curioso nosotros tampoco–, de la improvisación, decidieron explorar el tema de una vez, y si no se iba a renovar, básicamente por la oposición que algunos sectores de la población, sin faltar algunas organizaciones civiles, tenían respecto a una cuestión que si por ellos fuera, no se habría dado nunca, y de renovarlo, ni hablar, así que había que ganarles la partida desde antes de cortar la baraja de las posibilidades, y si de plano no se iba a poder conservar el negocio saltillero, mínimo disponer de algo más de dos años para poner las cosas en orden para entregarlas de regreso al municipio y a los habitantes de Saltillo, para que se hicieran garras con sus aguas limpias y sucias.

No hubo necesidad, el asunto se operó con pincitas. Para empezar desempolvaron al Consejo de Aguas de Saltillo, de donde supuestamente salió la iniciativa de prolongar el acuerdo entre las partes, de tal manera que diera la impresión de que era una cosa de los ciudadanos, nada de presiones del gobierno, de algunos contratistas, de algunas otras partes interesadas de las que no tenemos ni idea a nivel de raza, por el solo hecho de que nos enteran de lo que les conviene, y se guardan lo que no.

El detalle más relevante para saber qué es realmente lo que está pasando, es lo de los siete años. ¿Por qué no se pidieron diez años, o siguiendo una regla más de corte político, por qué no se apegó a los tres años que dura una administración municipal o los seis de un gobierno estatal?, no, se van por una cifra más bien cabalística, cuyo significado ellos le dan y solo ellos le entienden.

El asunto es que llevan el control del agua de la región sureste a 2034, lapso durante el cual habrá concluido el sexenio que recién comienza y estará a más de la mitad el que le siga, eso hablando de la administración estatal, y municipales, habrán habido cuatro completas y una en funciones, con probables oscilaciones partidistas e ideológicas, gobiernos que sin embargo se verán obligados a respetar el convenio al que le dio el visto bueno en primera instancia el cabildo de la capital y en segundo, el congreso del estado, poniéndonos a los ciudadanos y a los gobernantes en una incómoda pero predecible circunstancia de palo dado ni Dios lo quita.

Algunos más malpensados que el resto de la gente, sospecha que lo del 2034 tiene un significado más pedestre, y que tiene que ver con el eventual agotamiento de los mantos acuíferos de la región, y también con las posibilidades de agenciarse agua proveniente de las fuentes cercanas en condiciones más o menos de paz con sus actuales poseedores.

Aguas de Saltillo es un negocio, ante todo, lo que le interesa es primero que nada las ganancias, y ya en un segundo plano, en no tener demasiados problemas para obtenerlas, pues en el momento en el que las complicaciones o los riesgos comienzan a ser demasiados, el negocio pierde su atractivo, así sea todavía viable la extracción de agua del subsuelo para venderla, y aquí es donde entra la posibilidad real de una merma de la calidad.

¿Se imagina que lo de la micromedición venga en serio, que nos cumplan lo del tandeo, que el agua que ahorita cumple con los requisitos y especificaciones de potabilización para un sistema municipal, de repente empieza a quedar por debajo de los estándares, esencialmente por un aumento en el contenido de sales y una provisión menor que la pactada de origen y en la ratificación?

Pero más nos preocupa a nosotros la insistencia en el mentado programa antisequía, que suena bastante atractivo para una población acostumbrada a padecer tiempos de secas, pero que en la práctica no está planteando ninguna acción para aumentar la precipitación pluvial, única manera de que haya más agua, y sí en cambio ahora se consideran con la licencia que les autoriza traer el agua de fuentes más lejanas, sin especificar si también tienen permiso para quitársela a quienes detentan los derechos sobre la misma.

 Incluso en la información dada a conocer junto con el anuncio de la renovación del contrato, se habló de fuertes inversiones para ampliar la capacidad instalada para el transporte del agua… pero no de más agua, ya queremos ver su capacidad instalada usada a medias porque no hay más líquido que transportar.

En fin, la culpa para variar, no es de nadie. Ni siquiera el alcalde fue el que propuso la ampliación, fue el consejo, lo aprobaron democráticamente, como debe ser, el cabildo y el congreso, y lo que pase en 2034 nos da más miedo de lo que  nos daba para el 2026, respecto de lo que al menos tenemos la certeza, de que para este último año, agua hay, para mediados de la década siguiente… nadie garantiza nada.

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