Los migrantes en Coahuila

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Fue hace algo más de dos años, cuando se dejó llegar a Coahuila una caravana grande de migrantes. Como ya se estaba haciendo costumbre, el contingente identificado como tal había salido desde Tapachula, Chiapas, pasó por la Ciudad de México dirigiéndose al norte, y había llegado hasta la ciudad de Saltillo.

Fue aquella caravana que por su tamaño, el número de personas que la integraban, los hechos que se sucedieron a lo largo del trayecto, y alguna que otra escena jocosa, como aquella de una señora que decía que allá de donde venía, los frijoles con los que los pretendían alimentar en Querétaro, era lo que le daban de comer a los cerdos, pero el avance de la caravana estuvo marcado por el desinterés de parte del gobierno federal, y déjese del desinterés, sino lo que importa de veras, la falta de acciones concretas respecto a ese grupo, pues ni los detenían para repatriarlos, ni los auxiliaban, ni los confinaban, nada.

Fue antes, si no nos equivocamos, de que se quemara la estación migratoria de Ciudad Juárez, luego de lo cual, el gobierno de la república dispuso que para que no ocurrieran más incidentes de ese tipo, que ponían en peligro la vida de los migrantes, y más grave, ponían en evidencia que acá no se hacía nada por ellos, ni bueno ni malo, se cerraran las estaciones migratorias y refugios… que allá se las arreglaran como pudieran, en la calle, viviendo de la caridad de la población, auxiliados por organizaciones civiles o religiosas, lo que fuera, pero que a ellos no los molestaran.

Fiel a su estilo de dar cachetadas con guante blanco a su patiño favorito, el gobierno federal, Miguel Riquelme Solís ordenó que se concentraran todos los miembros de la caravana en una bodega en Ramos Arizpe, allí se les brindó lo que estaba en su mano, alimentos, un sitio para descansar, algo de atención médica, y bueno, ya que se habían recuperado algo del cansancio del viaje, hasta camiones les proporcionaron para llegar a la frontera… del lado mexicano. Ni que decir que la acción del entonces gobernador de Coahuila cayó como patada de mula, eso sí con guante de seda, al gobierno federal, al que exhibió en toda su desidia, por no decir en su valemadrismo, llevándose entre las patas a miles de personas, y afectando a ciudades enteras, por donde iban pasando los caravaneros con rumbo al norte.

Tampoco es que el gobierno de Coahuila quisiera o pudiera convertirse en “tercer estado seguro”, emulando aquello de “tercer país seguro”, que al parecer es una figura jurídica internacional en materia de migración, pero que no nos compete, salvo que por lo general, las personas que se acogen a esa política, se quedan cerca de la frontera, y Coahuila es un estado fronterizo con el deseado de todos los migrantes, los Estados Unidos.

¿Se imagina si se corre la voz entre los migrantes de que llegando a Coahuila “ya la hicimos”?, con más ganas se vendrían hacia el norte, y elegirían como preferida la ruta coahuilense, Aquella ocasión se hizo así por razones políticas, pero podemos asegurarle que sí hubo alguna repercusión, pues en nuestro estado se les trataría mejor que en otros.

Al rato hubo que abandonar la estrategia, y para los migrantes pasar por Coahuila es igual que pasar por cualquier otro estado, como puede irles bien, puede irles no tan bien, como pueden tratarlos bien, puede que los traten mal, y en este mal se abre un catálogo amplio de posibilidades, no todas halagüeñas. Pero Coahuila se ha convertido, de facto, en la principal ruta de paso de los migrantes ilegales.

Está la razón del tren. Son muchos los convoyes que van de las ciudades donde se ubican las empresas armadoras de vehículos hacia la frontera norte, por donde cruzan para entregarlos en el mercado norteamericano. Esa es una razón importante. Incómodo y peligroso como es viajar a lomos de un tren de carga, es menos aventurado que caminando, usando las carreteras, confiarse  a un traficante, lo que sabemos y lo que no sabemos.

Está también la razón de que la que era la frontera más cercana, la de Tamaulipas, se ha convertido también en la más peligrosa, eso del lado mexicano, y del lado norteamericano, en la más vigilada. En efecto, es en Tamaulipas donde más secuestro de migrantes ocurre, con fines de los que apenas nos damos una idea en base a los escasos testimonios que llega a haber, la inseguridad hace pasto de los migrantes con preferencia a otros grupos poblacionales, todo para llegar al río y toparse con la Guardia Nacional de Texas, que sin tocar baranda los detiene, recluye y regresa de este lado, o los avienta mucho más lejos, hasta su país, si está de buenas.

Nos llamó la atención la nota de que un contingente de alrededor de dos mil personas hubiera llegado al Ejido Talía, en Parras de la Fuente. Un asentamiento que según el censo no llega a los 120 habitantes, y de repente se ve inundado por dos mil… el impacto es bárbaro.

En Torreón hay muchos migrantes, los de paso y los que se han establecido en forma más o menos permanente. Saltillo igual, hay muchísimos migrantes, algunos con prisa por seguir el viaje, y otros que ya le agarraron gusto al clima, a la gente, a las oportunidades de subsistencia legal o no tanto, Monclova y Frontera, lugares por los que también pasa el ferrocarril, se han convertido en las últimas semanas más que en receptores de uno que otro migrante, en los sitios donde la empresa dice hasta aquí llegó el tren, y no se mueve hasta que no se haya bajado el último polizonte, y todavía se espera para dar la orden de proseguir rumbo al norte.

¿Pero qué está pasando en estos momentos precisos en Talía, en Ramos Arizpe, en Saltillo, en Monclova, en Torreón, donde de la mañana a la tarde nos topamos con que la población ha aumentado en, quizá, tres, cuatro, cinco mil personas, la gran mayoría de ellas con poco o ningún dinero, apenas por encima del calificativo de indigentes’

La primera preocupación, a querer o no, es la de seguridad ¿van a aumentar los robos, los asaltos, los  desvalijamientos. Eso en lo patrimonial, pero también ¿aumentarán los golpeados, los heridos, los asesinados?, es más no sabemos porque lo ponemos en futuro, si ya está en ese momento, y desde hace varios años la situación de pequeñas y medianas ciudades más que aisladas, en las que raro era ver un forastero, se ha perdido.

Hay muchas historias, una por cada migrante, una por cada ciudadano que se topa con un migrante, algunas son satisfactoriamente humanas, otras son de miedo, de desconfianza, de rechazo abierto. Imposible generalizar de que ellos son así y nosotros somos asá, además las personas actúan de manera distinta de un momento a otro, pero de que nos está afectando, no hay duda. ¿Ahora, hasta qué punto?, y si será para bien o para mal, es algo que ni empezamos a pensar, ocupados como estamos, en exigir al gobierno contención. Pero si no lo pensamos ahorita, nos va a agarrar la situación los dedos con la puerta, y nadie queremos eso, a nadie nos conviene.

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