BAILE Y COCHINO…
Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Esta historia parece más bien tema de la sección que desde hace algunos años tiene el Diario de Coahuila en que recoge y documenta casos que rayan lo sobrenatural, trátese de hechos más o menos antiguos o, por el contrario, algunos inquietantemente contemporáneos. Y decimos esto porque muchas veces, escudándonos en nuestra cotidianidad, pensamos que nuestra vida está segura en su normalidad, todo para de repente toparnos con lo peor de nosotros.
La colonia Jardín, o más bien el polígono integrado por la que así se llama, su continuación en la Colonia Jardín Oriente y la Colonia Ángeles, por lo demás una de esas zonas incrustadas en el área urbana de Saltillo por las que todos pasamos, y muy pocos nos fijamos. Está ubicada sobre bulevar Venustiano Carranza, para más señas frente a la más conocida colonia kiosco y la Clínica 2 del Seguro Social.
Todos los que recorremos Carranza de sur a norte o de norte a sur, una o varias veces al día, ni la voltean a ver, y que bueno, porque a como está el infernal tráfico, mejor no distraerse un solo instante, no vaya a tener un accidente. Pocos entraban en la Colonia Jardín, todo fuera que Jericó Abramo cuando fue alcalde, tuviera la brillante idea de quitar la vuelta a la izquierda en Hinojosa, dizque para agilizar el que ya entonces era una pesadilla de movilidad, que la gente comenzó a recorrer las calles Álamo y Roble para enfilarse por Sauce, sea para retomar Hinojosa hacia el poniente, o tomar la famosa Calle del Árbol hacia el Oriente. Pues con todo que es parte de su paso a diario, son pocos los que saben que la Colonia Jardín, Jardín Oriente y Ángeles viven asoladas por una o varias personas dedicadas a matar gatos. Gatos callejeros, gatos de casa, los que caigan en sus manos, se convierten en víctimas de sus crueldades y finalmente de la muerte en medio de torturas.
Los gatos tienen fama de ser animales libres, de hecho, hay la teoría de que, allí donde los ve, ni siquiera pueden considerarse domesticados. Suelen andar por todos lados y de vez en cuando recalan en lo que consideran su casa, viven sus aventuras, y sí, está claro que muchos son atropellados, no tienen ni el aprendizaje, precaución, ni el miedo que ha permitido a los perros ser mejores peatones que los seres humanos, también se pelean entre ellos, y bueno, lo que sea, en lo que no está incluido el ser pasto de alguien, uno o presumiblemente varios, que los odian y gustan de torturarlos.
Los primeros casos se recuerdan hace por lo menos cinco años, y se daban con una frecuencia que hacía difícil pensar que fuera otra cosa que algo casual, un accidente fortuito o algo más. Sí eran hallazgos macabros para quienes encontraban los cuerpos mutilados, sobre todo porque, y allí si había coincidencia, no aparecían en el arroyo que atraviesa la colonia, y mire que si algo tiene éste es la desbordada vegetación, que permitiría ocultar casi lo que fuera por tiempo indefinido, no, los gatos muertos aparecían a las puertas de casas y cocheras, como si se tratara de un ritual oscuro, de esos de los que Saltillo no es nada ajeno.

Pero si hace cinco años ocurría un caso cada varios meses, a finales de 2023 se convirtió en casi una epidemia, en diciembre hubo hasta dos casos por semana, todos con características similares de violencia y de dejarlos donde ocasionará un fuerte impacto emocional en los habitantes de las casas frente a las que los iban a tirar.
Imagínese lo que es para una persona mayor de edad, alguien que vive sola y se acompaña tan solo de sus mascotas, el salir a la calle y encontrarse a su gato muerto y mutilado frente a su puerta… nada agradable, téngalo por seguro, y algo que puede desencadenar algún ataque, un derrame, o algo peor.
De repente se corrió entre los vecinos el caso de una familia de cuatro gatos, tres blancos y uno negro, que una mañana aparecieron dos de ellos muertos y dejados a la entrada de la casa, esas mascotas eran la adoración de la abuela, y alguien se había ensañado torturándolos, afortunadamente no los encontró ella, pero movilizó a los vecinos para comunicar la situación al grupo de seguridad de la colonia, pero el despachador consideró que era más bien competencia de la policía ambiental, y que se comunicaran con esta.
Obvio, allí les enviaron una patrulla que tomó conocimiento, pero algo que contribuyera a resolver el caso, de eso nada.
Los vecinos por su cuenta se pusieron a averiguar, y sospechan que un fulano, carnicero de oficio, es el probable matagatos, y que se trata de una bandita o grupo satanista. La idea no se sostiene porque no tirarían los cuerpos, más seguro los desaparecían entre la mercancía…
El último caso se presentó el día último de 2023 otro gato tirado en la calle, veremos qué pasa este año. El miedo de los vecinos, y de la gente que se ha enterado de lo que ocurre, es que pase a mayores, y que los matagatos «evolucionen» a matar gente… en fin, cuando pase por Álamo, Roble, Pino, Sauce, las calles que tomamos para ir de aquí para allá, y de regreso, ocultan cosas oscuras, muy poco humanas y edificantes…

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