Vaya engaño a los laguneros: Déjese lo saludable… ¡Agua!

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

¿Y el agua saludable para La Laguna? López Obrador ya inauguró la obra.

Corría el año 1989, si no recordamos demasiado mal, cuando por primera ocasión entramos en contacto con un documento en el que prácticamente se condenaba a la extinción a la Región Lagunera, pero con todo lo amenazante y trágico de la aseveración, no se dejaba a un difuso porvenir, sino se le plantaba una fecha: el año 2020.

La razón que señalaban los autores del estudio, por lo demás, académicos de prestigiadas universidades nacionales y regionales, era la doble condición: escasez de agua, y contaminación de la poca existente.

El documento era un estudio a partir de los datos disponibles en aquel momento, tendencia de uso doméstico, en actividades productivas y dentro de estas, en la agricultura y la ganadería que son la que más consumen, tendencia del incremento poblacional, abatimiento de los pozos y creciente presencia de metales pesados confirme se extrae de mayores profundidades, a partir de estos elementos la cosa pintaba bastante fea para esa parte de Coahuila, por lo que nos toca a nosotros, y también para la parte de Durango, que integran una región geográfica y una zona económica diferenciada.

Pero no solamente se concretaban los autores a ser aves de mal agüero, también analizaban alternativas para que el consumo se racionalizara pese al esperado incremento natural de la población, más el que pudiera darse por la atracción de trabajadores para las empresas de la región. Tampoco se restringían a acciones paliativas que retrasaran el destino inevitable, que no era otro que las áreas urbanas de la región se quedaran sin líquido suficiente para cubrir las necesidades de la población, también hacían hincapié en el componente político: desde el gobierno se podía hacer mucho para que la situación no llegara al extremo.

Pronto terminará el sexenio y la costosa obra quedará inconclusa.

Después de eso, de lo que le platicamos del 1989, en repetidas ocasiones tuvimos la oportunidad de enterarnos de cómo iba avanzando la situación, o quizá sería más correcto decir, de su falta de avance. Porque la situación estaba planteada, hasta con fechas, y no, realmente no se puede decir que los sucesivos gobiernos estatales y federales se ocuparan mayormente del asunto, se nos ocurre pensar que porque había prioridades más apremiantes, por lo poco lucidor que es políticamente las obras que quedan sepultadas bajo la tierra, a como el caso de los acueductos de conducción y las redes de distribución de agua. Además de que seguramente realizaron estudios de ver qué tan grave era la situación y qué tanto podía dilatarse plantear una solución, mínima de emergencia, solo para salir del paso, que ese es el gran desafío de todos los gobernantes, determinar qué es a lo que tienen que entrarle porque ya no se lo pueden dejar de herencia a sus sucesores, como en su momento a ellos les tocó recibirlo.

Así fueron pasando los años y los sexenios, y nosotros leyendo documentos que enfatizaban el cada vez más grave estado de cosas. No fue hasta que llegó al poder Andrés Manuel López Obrador, incidentalmente en el año en el que se cumplían treinta años de que nos enteramos de la crisis del agua en la Laguna, que el gobierno federal ya no pudo escurrir el bulto, o se atendía ya, o quién sabe qué pudiera ocurrir.

No sabemos si se plantearon escenarios de escasez de agua para la industria en una de las zonas económicas más importantes del país, si se formularon posibles conflictos sociales por la insuficiencia de agua para los habitantes de los municipios laguneros, o sobre el impacto en la salud de crecientes grupos poblacionales, que no tengan otra agua que beber que la saturada que se extrae de los pozos cada vez más profundos. Debe ser, lo de que se examinó la situación y ya no aguantaba más.

Se planteó entonces un proyecto gubernamental de gran envergadura, al que se le dio un nombre políticamente sonoro, al estilo de la clase política del sexenio, Agua saludable para la Laguna, que al menos por el nombre prometía dos cosas: agua y que esta no fuera perjudicial para la salud de la gente, lo cual sonaba como música a los angustiados oídos de los laguneros, al menos de los que se interesan por esta clase de asuntos. Y allí empezó el programa ASL, también al estilo de la cuarta transformación, con más ganas que papeles que contuvieran la parte legal, la financiera, la de ingeniería y otras monsergas.

Recordamos que así a vuelo de pájaro, a la hora de plantearlo el presidente López Obrador en el correspondiente evento, habló de diez mil millones de pesos, monto de la inversión gubernamental para llevar a cabo el proyecto. La gente aplaudió a rabiar, sin que nadie se planteara lo preciso de la cifra a gastar un 10 con un montón de ceros donde los ceros cuentan.

Bueno, pues la segunda vez que vino López Obrador, y yo creo que viendo que en las arcas gubernamentales no había todo el dinero que él había supuesto que encontraría, ni cercenándole las manos a los corruptos se ahorró los quinientos mil millones de pesos que estimaba, le entró la pichicatería, ASL no recibiría los diez mil millones, sino nueve, de un plumazo le borró mil millones.

Y pues el tiempo fue pasando, como suele hacerlo para todo el mundo, con la diferencia de que para los gobernantes se mide en sexenios, no en años, el hecho es que nos hallamos en la recta final de la administración lopezobradorista, y el presidente en algún sitio pescó un virus que produce fiebre de inauguraciones, hay que inaugurar cosas, ¿qué cosas?, las que sean, todas, aunque no estén terminadas ni en condiciones de funcionar, hay que inaugurarlas. La semana pasada le tocó a Agua Saludable para la Laguna, que fue que nos enteramos de varias cosas tristes: en general, de que se incumple el objetivo de que para este diciembre los laguneros tendrían agua y que sería saludable, segundo que sí, había algo que inaugurar… la primera fase de un proyecto que se ofreció completo y al que le falta un buen… ah y el detalle de que se han excedido en gastos en un 50%…

Qué cosas tiene la vida, resulta que para cualquier cosa, y sobre todo cosas de gobierno, se requieren planos, presupuestos, planes, estrategias y un montón de herramientas más, antes de dar el primer zapapicazo, y pues no, el ASL que iba a costar diez mil, luego nueve mil millones, ya lleva como catorce mil, y le falta bastante, no sabemos si la parte más costosa de todas, que involucra las redes de distribución, las plantas potabilizadoras, y otra infraestructura, que suponemos no va a estar lista para antes que se acabe el sexenio, con lo que se corre el riesgo que toda la inversión quede inoperante, si no llega alguien interesado en completarla.

Treinta años, el agua no se ha acabado, pero está a punto, el gastazo en un proyecto político que no termina de cuajar, esa es la realidad de una pesadilla que de momento nos disfrazaron de sueño, y regresó todavía peor que como estábamos, sin salud y sin agua.

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