La Casa de Campaña

BAILE Y COCHINO…

Por: Horacio Cárdenas Zardoni

Casa de campaña del candidato del PRI-PRD, Javier Díaz, recientemente visitada por «ladrones».

Ah, las casas de campaña… he allí un tema muy especial, dentro de la política como se hace en México. Muchas cobijas y chales son las que se tejen teniendo como marco las casas de campaña, definidas estas como la sede desde la que opera un candidato sus acciones en busca del voto popular, durante una campaña electoral, y a cómo se ha venido estilando cada vez más, también la precampaña, y las pre-pre-precampañas, intercampañas y demás fases de un proceso que cada vez se alarga más en el tiempo, sin que eso redunde en colocarse de una mejor manera en el ánimo de los potenciales electores, que sería la única, y repito, la única justificación del gasto en que se incurre, al sostener un local que sea “políticamente correcto”, y aquí nos estamos aventando una nueva teoría sobre lo que es o debe ser la grilla en el país, pero algo de sustento se le puede encontrar rascándole un poco.

Desde siempre nos han querido ilustrar nuestros progenitores de “como te ven te tratan”, sobre todo las mamás, aunque también los padres procuran inculcarle a los hijos la conciencia de desarrollar una apariencia que sirva para abrir puertas, en una sociedad en la que se guía más por la envoltura que por el contenido.

Aquí recordamos al Tal Rossas, que cuando se discutía sobre la conveniencia o no de que Felipe Calderón le comprara a Enrique Peña Nieto aquel famoso Boeing 757, mejor conocido como el avión presidencial que no tenía ni Obama, comentaba que un presidente ante todo, debe parecerlo, ¿qué hubiera dicho el viejo caricaturista de ver a Andrés Manuel López Obrador viajando en clase turista, y exponiéndose a lo que se expone todo viajero: llantos de niños, groserías, fotos en situaciones inconvenientes y demás, durante los años políticos del sexenio?, a diferencia de los últimos tiempos, en los que viaja en un avión de la Secretaría de la Defensa, pero en un modesto Lear Jet, nada que ver… austeridad republicana ejecutiva, llamémosle.

Pero estábamos con lo de las casas de campaña. Aunque no lo tengan en la mente, ni lo expresen tal cual, no hay político que se precie de serlo, que no cumpla con aquella máxima de César ‘El Tlacuache’ Garizurieta, la de En política, ni un paso ni un peso propios, como dando a entender… ¿qué, si está más claro que el agua?, pues eso, que un político no pone ni un centavo de su bolsa, esperando y confiando que sea el partido, sus cuates, las “partes interesadas” en que gane el puesto que anda correteando, los que paguen todos los gastos de la campaña, con la vaga promesa de que si gana, le será devuelto “copeteado”, como lo decía Vicente Fox Quesada, hablando de… algo que tuviera que ver con dinero que se aporta de no muy buena gana.

Calle del árbol.

Pero en el caso de las casas de campaña, el gasto se ve como una inversión a corto plazo, y si nos referimos a lo que dice la ley electoral, a lo mejor hasta le pagan renta a quien la presta, después de todo hay que documentar el costo como gasto de campaña, por más que alguien se quede con esa lana, pues el préstamo es un valor entendido, y aunque no mediara pago, la autoridad electoral lo contabiliza a precios de mercado, faltaba más.

Por allí dicen las malas lenguas que parte, no toda seguramente, de la explicación de porqué Andrés Manuel López Obrador le tiene tantas deferencias a Manuel Bartlett Díaz, al grado de tenerlo como Director general de la Comisión Federal de Electricidad, y tolerarle los negocitos de Jr., entre otros pecadillos, es que le prestó la propiedad que usó como casa de campaña durante bastante tiempo.

Si hubiera tenido que pagarla de su bolsa…su sueldo de “presidente legítimo” no le hubiera alcanzado para cubrir la renta, o a lo mejor sí,  pero no para mucho más, y menos si le descontaban el Impuesto sobre productos del trabajo, como al resto de los mexicanos asalariados.

A nivel de anécdota, recordamos que acá en Saltillo, Humberto Moreira usó como casa de campaña la que luego se convirtió en museo del magisterio, allí frente a la Alameda Zaragoza, también tenía otra más adelante junto a la Papelería Alameda, quién sabe cómo se pagó ese arrendamiento.

Enrique Martínez usó como casa de campaña un local enorme frente al Colegio México, que luego sirvió de oficina de placas, sin saber, me imagino que era o sigue siendo suyo, las ventajas de ser terrateniente, Carlos Abedrop usó como casa de campaña un local que luego quedó maldito, sobre bulevar Carranza frente a Kiosko, no se ha vuelto a rentar como sus propietarios quisieran.

 Rogelio Montemayor despachaba en una casa sobre González Lobo, esquina con Sierra Mojada o una de esas, en la República, buen local, sin pretensiones, y así, las casas de campaña prestadas han servido para afianzar amistades y formar alianzas productivas durante la administración de los que salieron ganadores, de los que perdieron… ni los daños pagaron, tampoco la luz ni el consumo de agua, dándose de topes luego los gentiles dueños del trato recibido.

Ahora que el fin de semana pasado se corrió la alarma, y el chisme, de que se habían metido los ladrones a una casa que luego se dijo que será la casa de campaña de Javier Díaz, en su pretensión de ser candidato de la alianza, más bien del PRI y quien se trepe, a la presidencia municipal de Saltillo, vuelve a saltar el asunto de las casas de campaña, de la conveniencia de su ubicación, del negocio implícito, y del impacto que tendrá en el vecindario.

Dicho con todas sus letras, la elección de esa casa en específico, ubicada en la esquina de Olmo y Sauce en la colonia Jardín, pone en evidencia que a veces no se tiene en cuenta todo lo que se debería a la hora de seleccionar el sitio.

Probablemente ese punto es de los más conflictivos de todo Saltillo en los últimos meses, y no tanto por el volumen de tráfico, que lo hay, sino por el activismo de los vecinos que enarbolan desde hace más de un año la defensa del nogal, el famoso que da su sobrenombre a la “calle del árbol”, que todo el mundo ubica, y que una buena proporción de la gente sabe que está amenazado por la construcción de Parque Centro. Por descontado damos que todos los que andan en la grilla, y más quien aspira a gobernar Saltillo esté enterado del caso.

Pues solo por eso no elegía yo ese sitio para casa de campaña: Habrá un tráfico inusual, así sea por pocas semanas, que se sumará al que ya hay y es muy pesado a ciertas horas; no hay dónde estacionarse sobre Sauce, calle de doble sentido que conecta Carranza con Abasolo, el Poniente con el Oriente, y sobre Olmo muy pocos espacios.

No hay dónde hacer un mitin de simpatizantes, dónde guardar propaganda, donde… salvo que le hayan dejado muy barata, casi gratis o de gorra la renta, no vemos justificación de plantarse allí.

Y encima está el nogal, a menos que Javier Díaz lo declare prioridad de su administración, patrimonio de la ciudad, vecino preferido, corre el riesgo de pecar de falta de sensibilidad sobre un tema popular y ecológico de interés de los vecinos, con los que quien aspira a ser alcalde, no puede darse el lujo de enemistarse.

Si sabía todo esto y elige la casa de todos modos, bien, y adelante con ello; si no lo consideraron y creen que lo pueden obviar, mal, ya se lo cobrarán los vecinos de cinco, seis o más colonias en las urnas. Sobre esto tiene que ser una de sus primeras declaraciones políticas.

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