BAILE Y COCHINO…
por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Hubo un tiempo, hace mucho si gusta usted, en que la política era algo cercano a la gente. No estamos hablando de la prehistoria de la humanidad, de las bandas de cazadores recolectores o los primeros asentamientos humanos que vivían aislados unos de otros, aunque pensándolo bien, si hasta estas primeras manifestaciones de civilización tenemos que remitirnos para encontrar los orígenes de la rex pública, pues sí, en aquellos primeros grupos humanos el político era alguien cercano a los demás, para empezar ha de haber sido consanguíneo de todos, pero aunque no lo fuera, eran tan pocos, que necesariamente se reconocían, y se conocían todas sus cualidades y defectos, virtudes y mejor no seguimos, porque como decía Lalo Aguirre “El Pitarreo”, somos unos caballeros.
Pero en tiempos no tan remotos, vamos, cuando Saltillo era todavía el pañuelo que decía el padre Usabiaga, todos nos conocíamos, la clase política era tan próxima a nosotros como cualquier otro vecino dedicado a cualquier otra cosa, más o menos decente que la grilla. Los políticos, llamémosles profesionales, no como cuando se les elegía prácticamente a fuerzas de entre la comunidad, para servir de regidores y otras tareas, se alejaban de cualquier otra actividad para dedicarse de lleno al dizque servicio público, o a buscarlo hasta que lo conseguían.
Eran gente perfectamente identificable, las amigas de la mamá decían a la orgullosa progenitora, fulanito va a llegar lejos, y a veces lo hacía, apoyada por el voto de quienes lo conocían de siempre, otra vez, con sus cosas buenas y no tan buenas, pero los pobladores intuían, o sabían de cierto, hasta dónde se podía contar con la honradez de mengano o las uñas largas de perengano, y así se iba construyendo la suerte indisoluble de los gobernantes y los gobernados.

Hoy las cosas no son tan lineales, a los políticos los conocemos cada vez menos, y vale reclamárselos: ellos tampoco nos conocen a nosotros. Todo fuera que nos agrupáramos en entidades cada vez más grandes, en municipios, en distritos, en estados, en países, para que la cercanía que una vez hubo entre quienes querían servir, y quienes requerían de alguien que les sirviera, se hiciera tan distante que a veces de plano no se conocen o si lo hacen, no se ven nunca, y de lo que sirvan… los gobernados nunca sabemos bien a bien para qué es, pero algo ha de ser, donde allí siguen medrando de la política, y dándose una vida que no nos damos quienes pagamos sus salarios.
En este proceso de selección de candidatos a las senadurías y diputaciones federales, las cosas que hemos visto son como para ponernos a pensar. Sí, los nombres de los aspirantes van y vienen, y cabría, es más, sería obligatorio preguntarnos ¿quiénes son estos cuates, cuatas y cuatos, para que no nos reclamen lo de la falta de inclusividad?
Habría que hacer un ejercicio a nivel sociedad, ¿cuándo fue la primera vez que escuchó el nombre de un equis que quiere ser candidato y luego de ganar, diputado federal?, eso nomás por marcar una fecha en el tiempo, y la siguiente pregunta ¿qué sabe de él o ella, o elle, como para otorgarle el voto y por extensión la confianza de ser nuestro representante en el congreso de la Unión, habida cuenta, como lo han dicho algunos analistas y comentaristas que todo lo saben, esta del 2 de junio será la elección más importante de la historia de México?
Seguro habrá alguno que conozca uno de oídas o por algún medio de comunicación, la casi jubilada prensa escrita, los medios electrónicos, las redes sociales, ¿pero de qué los conoce, han tenido algún cargo público remunerado que los acredite como servidores públicos, han hecho pura talacha partidista, sea eso lo que sea, son influencers o gente popular en las redes, o han decidido dar el brinco de la exitosa actividad privada a la pública?

Y si de plano no los conoce de nada, y los comienza a conocer a través de unos tristes trípticos o volantes que reparten en la calle o casa por casa, en los que no encuentra uno nada de sustancia y sí muchas fotos sonrientes y dos o tres lemas que pretenden ser pegajosos y que más bien dan lástima.
Peor se la cuento. Si fulano quiere ser diputado federal, debería hacerlo amparado en que la gente del distrito donde vive, donde tiene algún arraigo, lo respalda como para obtener primero la candidatura y luego la curul, ¿pero si es el partido el que los impone como candidatos?, hablando de MORENA, el que era movimiento que nunca iba a convertirse en partido y tómala, allí lo tenemos como tal, dizque hubo unas encuestas… en un proceso interno… del que nadie supo nada, a nadie que conozcamos o a quienes le hayamos preguntado, le pidieron opinión, es más, ni siquiera sabíamos quiénes eran los apuntados para ser diputados o senadores. Sí, enterábamos estábamos que muchos habían levantado el dedo, pero que se hubieran inscrito, llenado un trámite, llevado papeles, de eso nada. Un partido que todo lo maneja en lo oscurito como que no es muy de confianza, pero esa es solo nuestra opinión.
Luego nos enteramos, como todo el mundo, por los medios de comunicación, que el proceso interno ha sido de lo más complicado, que el anuncio de los nominados se retrasa, y se retrasa, y así varias veces porque la dirigencia temía, con sobrada razón, que muchísimos de los aspirantes se iban a sentir inconformes de no haber sido beneficiados con una candidatura que estaban seguros de tener en la bolsa.
Se dieron y se siguen dando casos vergonzosos, visto desde fuera, adentro no han de sentirse así, en los que las personas que ganaron la encuesta, se vieron obligados a ceder la posición a otro u otra, por las razones que fueran. En parte por la irracional obligación de la autoridad electoral de postular igual número de hombres que de mujeres, pues sí, y además, que eso es actuar con ventaja, cederles los espacios en los que el partido tuviera mayores posibilidades de ganar, y los hombres que se la rifen en los que la llevan perdida.
Pero eso no es todo, porque al final de cuentas hay varios, o solo uno más bien, voto de calidad, que decide que el ganador sea este y no aquel, aunque este aquel se hubiera llevado de calle la encuesta.

Ah, pero como aparte de todo, ya no se habla de un partido sino como una coalición de partidos, hay que concederles candidaturas a los integrantes de esas otras organizaciones políticas, con las que el elector puede tener simpatía o ninguna, ahora resulta que uno no tiene predilección por la plataforma de MORENA sino por la del PT/PVEM/MORENA que es una melcocha indescifrable.
En lo que es el colmo de la manipulación, los partidos se arrogan el derecho de ordenarle a la gente por quién votar, aunque no sea de los suyos, sino de los coaligados, alguien que no conocen, del que nunca han oído hablar, que ni del distrito es, pero como en las alturas del poder se deciden esas cosas, lo reducen a uno a la lastimosa posición de emisor de voto ¿Para quién? Para quién les ordenen y se callan.
Así están las cosas en este momento coyuntural, ese que llaman el fin de la historia, la consolidación de la transformación, la política no del conocido, sino del que les impongan.

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