
Por Leonel Chaul.-
Sr. Presidente:
Muchos ilustres mexicanos, entre ellos José María Teclo Morelos Pavón y Pérez; Miguel Ramos Arizpe, Valentin Gómez Farías, Carlos Marías de Bustamante, Ignacio Comonfort, Jesús Reyes Heroles, etc., que formaron a través de los años (1813, 1814, 1818, 1824, 1928, 1836, 1857, 1917), lo que actualmente es nuestra constitución, y que es el punto en que coinciden los ideales de todos los mexicanos, no es un texto seco, es un texto vivo, fundado en las relaciones sociales de nuestro país y, permite ser modificado como lo ha sido en la ampliación de las distintas ideas.
Esto ha logrado que opere como transformador de nuestra realidad a través de más de un siglo; nuestra constitución, es susceptible de modificarse cuando la propia realidad y el progreso de nuestro país lo requiera, y no cuando lo decida el capricho del presidente en turno, como usted, que por caprichos quiere modificarla a su propio criterio e intereses.
Eso nunca, ningún partido o grupo político, debe aceptarlo; nuestra Constitución, Sr. Presidente es un texto jurídico vivo, abierto, en evolución constante, para que en lo fundamental los mexicanos tengamos justicia social con libertad de libertades y, por lo tanto el criterio nos señala, que esto consiste en la subordinación en todo momento y en cualquier circunstancia de los intereses individuales, al interés supremo de la nación.
En estos tiempos cuando nuestro país se debate entre ideas antitéticas e intereses encontrados y negativos, provocados por su actual gobierno federal, han logrado una gran descomposición social que aqueja a nuestro país.
Como mexicanos, heredamos una Constitución con amplias perspectivas para progresar con toda la libertad y, por un camino de libertad y de independencia, siguiendo la vía institucional; y fortaleciendo nuestras instituciones podremos dominar conjugando ideas y, a aquellos individuos que suicidamente creen que debilitando las instituciones nacionales y desprestigiándolas, pueden triunfar.
Los mexicanos debemos defender las instituciones nacionales, pues con ellas podremos conservar lo que debamos conservar, y cambiar cuanto sea necesario cambiar y, coincidiendo en lo fundamental, podemos discutir y hasta cuestionar y dar distintas opiniones a quien tiene que decidir: ¡el pueblo!
Con nuestra Constitución y las instituciones, todo, incluso su cambio; contra ellas, nada, y menos aceptando los caprichos de un presidente absolutista como es usted, Sr. Andrés Manuel López obrador.

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