Alianzas… El costo de los errores

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Enrique Martínez, exgobernador de Coahuila. Le echaron montón. (Foto de Proceso)

¿Alguien se acuerda de la Alianza Coahuila?, la gente somos bastante desmemoriados con las cosas que no nos importan mucho, no importa cuánto se publiciten, si algo no está casado con el sentir y pensar de las personas, terminará por olvidarse, a veces más pronto que tarde.

La Alianza Coahuila se conformó en el año 1999, y tenía como objetivo presentar un candidato común por la gubernatura del estado de Coahuila y varios, no todos, de los ayuntamientos, y también el congreso local, en aquel tiempo todavía no les entraba la locura de cambiar la duración de los períodos de gobierno, ni tampoco de unificar el calendario político estatal con el federal, al menos en una parte de los puestos y niveles, no en todos.

En aquella oportunidad el Partido Revolucionario Institucional viajó solo, no estaban tan de moda las coaliciones como ahora que se consideran poco menos que indispensables, o será que desde las otras fuerzas políticas percibían un cierto grado de soberbia de parte del todavía entonces Partido Aplanadora, el caso es que el PRI fue solo a aquella elección, siendo lo interesante que se conformó una coalición para desbancarlo, en una de las primeras de su tipo que conjuntaba partidos de izquierda y de derecha, con el único objetivo en común, de ponerle en la torre al partidazo.

Rogelio Montemayor.

El candidato priísta a la gubernatura era Enrique Martínez y Martínez, quien fue considerado como el “natural” para sustituir a Rogelio Montemayor Seguy, que en la elección de seis años antes había sido visto un poco o un mucho como una imposición del centro, pese a haber sido delegado federal y senador, muchos cuates de Enrique querían vender la opción local, por sobre el candidato de la presidencia y del norte. Con todo el arrastre que traía entonces Martínez y Martínez, al interior del PRI y entre la sociedad saltillense, los partidos de oposición quisieron armar un frente para ver si le ganaban, la citada Alianza Coahuila, que integró al Partido Acción Nacional, al Partido de la Revolución Democrática, al Partido del Trabajo y al Partido Verde Ecologista de México, que postularon a Juan Antonio García Villa, renombrado panista.

La boleta se completó con Atanasio González Martínez, hombre del sistema, que sin embargo se dejó convencer por la Unidad Democrática de Coahuila, y Magdalena García Rosas, por la franquicia de la familia Navarro Montenegro, el Partido Cardenista Coahuilense.

Literalmente le echaron montón al PRI y a Enrique Martínez. Todavía no era la época de oro de las encuestas a modo, pero sí hubo cierta preocupación por lo que pudiera pasar, después de todo eran demasiados los opositores juntos.

Para no hacer el cuento largo, la elección se decidió a favor del candidato del PRI, Enrique Martínez logró 405 mil votos, equivalente al 59.56% de los votos, contra García Villa, que se llevó 33.72. Okey, todavía no eran los tiempos en que Humberto Moreira podía exigir dos a uno o tres a uno, pero ya se perfilaban.

A raíz del aplastante triunfo del candidato priísta ocurrió una debacle en los partidos políticos integrantes de Alianza Coahuila 1999, sobre todo, ya imaginará, por el mínimo detalle del reparto de posiciones plurinominales al Congreso, y al cumplirse el año, con la asignación de prebendas para el año siguiente, algo que no le gustó a nadie de los perdedores.

De esas cosas de la vida, todos los que se juntan en coaliciones quisieran que dos más dos, en vez de dar cuatro, dieran cinco, y pues desafortunadamente esto no suele ocurrir más que rara vez.

Nadie salió ganando con la Alianza, ni en número de diputados de representación proporcional, ni en dinero para operar el año siguiente y hasta la elección que siguió, en que medio se comenzaron a recuperar unos, y otros terminaron de hundirse en el olvido.

Por eso es que a la hora de formalizar una coalición no se debe apostar solamente a querer sumar los votos obtenidos por cada quien durante el último proceso electoral, eso puede parecer atractivo para los dirigentes y para los candidatos, pero a los votantes las alianzas no suelen caerles tan bien, y menos cuando se integran partidos que siempre han sido enemigos, o sin llegar a tanto, ideológicamente opuestos, sobre todo los casos del PT y el PRD, de izquierda moderada, con el PAN, de derecha recalcitrante.

Alejandro Moreno, Marko Cortés y Jesús Zambrano

La verdad de las cosas es que formalizar la alianza para contender en el Estado de México, por Coahuila el año pasado y por la presidencia de la república en este 2024 costó bastante trabajo de negociación. Los militantes, los dirigentes, los candidatos, como que no se sentían muy a gusto, y salvo compartir su amor por el poder y su odio por Morena, poco es en lo que compaginaban a nivel de discurso, pero lo lograron, con los consabidos tropezones.

En el Estado de México perdió la alianza, en Coahuila triunfó de calle, y nunca falta el prieto en el arroz, que en este caso fue Marko Cortés, que se quejara amargamente, con el agravante de que él, en su calidad de dirigente del PAN… podía lograr que abortara la alianza para la elección local de Coahuila, y lo logró.

A lo mejor cuando sacó del arcón de lo que nunca debió existir, el acuerdo firmado entre el PRI y el PAN, no pensó en las consecuencias de sus acciones, pues sí, pero eso que se le pasa a cualquier militante o simpatizante, no se le permite al dirigente, y allí están las consecuencias no pensadas, ni deseadas, ni calculadas.

¿Cuál es el escenario?, por principio de cuentas la vergüenza de que Acción Nacional no logre postular candidato a todos y cada uno de los municipios de Coahuila, cosa que no hubiera sido problema yendo en coalición.

Otro, igual o peor, se refiere a las posibilidades reales de ganar, contendiendo contra Morena en primera instancia, y de pasada contra los partidos con los que estarían aliados de no ser por Marko, lo peor que podría pasarle al PAN es que no gane ni una alcaldía, aun dándose la “alianza de facto” con la coalición y que el PRI y el PRD postularan candidatos que se dejaran ganar, lo cual es poco probable.

Marko Cortés, lo peor que podía pasarle al PAN es que no gane ni una alcaldía.

Otra posibilidad es que el PAN robe votos a la coalición, y que por eso, se debilite al grado de perder ante el candidato morenista, o para no tener una ventaja que legitime el resultado. Habrá otros, todos incómodos, todos que fueron evitables, pero que por forzar una necedad, por no hablar antes, por no buscar la salida política, los emboleta a todos en un escenario difícil, que en el peor de los casos, pudiera hasta afectar la votación de los candidatos donde sí va en coalición.

Total un merengue, y todo por meterse con calzador a una coalición con la que nadie está convencido en el fondo, a ver si no terminan llorando como aquella vez en el 1999.

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