Nadando de muertito

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

(Foto de Pentax Forums)

Existe una expresión muy mexicana, muy característica, aplicada a la forma que tienen los políticos cuando les sonríe la fortuna: nadar de muertito.

Nadar de muertito, así le enseñan a los niños, y también a los adultos, a no hundirse en el agua, cuando están aprendiendo a nadar. Tiene su chiste, como todo en la vida, pero una vez que lo dominan, les permite la nada despreciable habilidad de sobrevivir en los raros, pero no inexistentes momentos en lo que está uno en el agua sin ningún soporte al que aferrarse, o a una distancia que no le permita poner los pies en el suelo. Ah, pero cuando se usa en política la expresión…

De hecho, sería digno de un estudio sociológico, histórico, y por supuesto de ciencias políticas, averiguar cómo, cuándo y a quién se le ocurrió aplicar lo de nadar de muertito al paso de un político por las difíciles de navegar aguas de la burocracia, en el nivel que sea, municipal, estatal o federal.

Mientras que hay políticos que se ahogan al tratar de dar las primeras, y muy bien intencionadas brazadas por demostrar que son dignos de la confianza que les tuvo alguien para ponerlos a trabajar en el gobierno, los hay otros que se las ingenian para nadar la alberca para arriba y para abajo durante años y años, sin mostrar el más mínimo cansancio, ellos son los que suben de puesto, los que se tiran clavados, los que se suben al podio de los medallistas y hasta rompen récords. Y están los que nadan de muertito…

¿Qué es entonces nadar de muertito?, pues es nomás estarse allí en el agua, moviéndose lo menos posible, no desperdiciando las fuerzas, ni llamando la atención, no vaya a ser que alguien se fije en el burócrata y lo ponga a trabajar, algo que si alguna vez supo hacer, lo olvidó convenientemente, pues es mucho más cómodo no hacer nada.

Los hay que llegan temprano, si tienen que checar o registrar la firma, hay otros que libres de esta monserga, llegan a la hora que quieren, desordenan el escritorio, poniendo papeles estratégicamente desperdigados para dar la impresión de que están muy ocupados, y tanto, que el funcionamiento de la secretaría entera, depende de sus personas.

¿Cuántos de estos hay en las oficinas públicas?, difícil decir una cifra, o siquiera una proporción, pero sí podemos decir que son más que los que sí trabajan, superándolos a veces en 3 a 1, o 5 a 1, y los que se desloman, se desvelan, se agotan laborando, no les queda otra más que apechugar, porque es más fácil ser ellos a los que corran, que a los otros, que tanta maña han desarrollado en lo ya mencionado, hacer como que hacen.

Hasta que en un de repente llega la lumbre a los aparejos, y no queda otra más que ponerse a trabajar, momento crítico en el que ellos mismos y sus superiores, se dan cuenta de que no hay la capacidad para ello. Y aquí hay de dos sopas, o dejar las cosas como están, y que siga el problema creciendo, o tomar medidas urgentes, porque si no se atiende, revienta.

Algo así nos sospechamos que está ocurriendo en Saltillo, específicamente en el tema tan espinoso de la movilidad. Si nos ponemos muy estrictos, sobre esa base se tomó la decisión de que José María Fraustro Siller ya no fuera postulado por el Partido Revolucionario Institucional y sus comparsas para repetir en la presidencia municipal, y traer un emergente que sí le entrara a la cuestión, pero no, más bien creemos que a este asuntillo se sumaron otra docena, y entonces sí, ya no dio para más, y hasta hacía peligrar la posibilidad de que el PRI siguiera manteniendo este último bastión estatal que le queda… sería impensable que MORENA u otro partido le hiciera el boquete de la vergüenza de ganarle la capital, como pasó en un varias ocasiones, ¿y todo por mantener a alguien especializado en nadar de muertito?

La noticia apareció en pleno viernes santo. El gobierno del estado asumía la responsabilidad de “ayudar” al ayuntamiento de Saltillo en lo que se dio en llamar el Plan Antiembotellamiento, que se anunció hace algunos meses como la solución al problema, grave, de que las calles y avenidas de la capital se vean inundadas por camiones de transporte de personal, al tiempo que el transporte concesionado de pasajeros languidece con cada vez menos rutas, menos usuarios, menos camiones, menos todo.

Cuando José María Fraustro asumió la presidencia municipal en sustitución de Manolo Jiménez Salinas, hoy gobernador, el tema de la movilidad ya era un asunto crítico, de hecho el que más puede influir en el desarrollo económico de la capital y su área conurbada en el futuro próximo, o en que este no se dé, y se convierta en estancamiento.

Transportarse en Saltillo es una pesadilla. Lo es para quienes tienen que recurrir al transporte público, que es siempre y cada vez más, la opción más económica y sana para cualquier ciudad del país y del mundo, para quienes tienen que usar un vehículo propio en vialidades cada vez más saturadas de otros como él o ella, y ni que decir de las empresas, que requieren de que sus empleados lleguen a tiempo para el inicio de cada turno, además de que los insumos para producir y los productos terminados puedan moverse con la velocidad debida.

En estos dos años y medio que lleva la gestión municipal, nada, pero nada se ha hecho para fortalecer el transporte público, al transporte de personal se le dio carta blanca para hacer lo que les viniera en gana… hasta que comenzaron a ser problema, por el número de unidades, por la cantidad de accidentes, por el poco respeto a los reglamentos de tránsito, y cuando lo intentaron meter en cintura, se dieron cuenta que eran ya más poderosos de lo que podían controlar fácilmente.

El plan anti embotellamiento, les cayó como bomba a los transportistas, eso de controlarlos, de no dejarlos subir a los puentes, puestos a hacer números, les representa costos, gastos, mucho más tiempo del que estaban dispuestos a aceptar.

La administración municipal íntegra quiso seguir nadando de muertito, mientras que el gobierno del estado veía que la bomba podía estallarle en las manos al burócrata con menos ganas de hacer nada. Y decidió meter la mano, ¿qué tanto?, pues para empezar con un nuevo alcalde, y siguiendo… quien sabe hasta dónde estarán dispuestos a llegar, pero es duro y es profundo, ya como para que lo hallan lanzado a los cuatro vientos en vez de mantenerlo callado, ya significa lo suyo.

En fin, vienen cambios, hay una intención de ordenar, a ver hasta dónde se dejan y si todavía se puede.

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