Donde sopla el aire…

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni

(Foto: Columnas de México)

Nunca se nos va a olvidar aquella declaración de Patricio Chirinos Calero, que por entonces era Secretario de Desarrollo Urbano y Ecología, la tristemente célebre SEDUE, en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, cuando dijo que países como México tenían que pensar muy bien la importancia que le asignaban al cuidado del medio ambiente, porque podían perder importantes oportunidades de crecimiento.

Así lo dijo, ya encarrerado, que México no iba a sacrificar el desarrollo económico por la ecología, si nada más le faltó la bravuconada de decir y háganle como quieran. Importa decir que literalmente el puesto de titular de la SEDUE se creó para Chirinos, eso no existía hasta antes del sexenio de Salinas, y si le dieron tanta importancia, como para crear una secretaría de Estado fue por la presión e influencia internacional sobre el tema del medio ambiente.

Salinas hacía mucho caso, tal vez demasiado, de lo que viniera del exterior, y si hacer un par de movimientos burocráticos le servía para quedar bien con Estados Unidos y Europa, pues qué mejor. Lástima que como encargado puso a uno de sus compadres, economista hasta los tuétanos, preocupado más por mejorar los indicadores económicos que por los animalitos y las plantitas.

Ni modo, México comenzó con el pie izquierdo su cuidado del medio ambiente, que ya para entonces estaba bastante deteriorado, y sigue empeorando gracias a gente como el que luego se fue a Veracruz como gobernador, entidad que, entre el petróleo y la energía nuclear, era de las que más había sufrido por la desidia ambiental y la depredación capitalista.

Patricio Chirinos Calero.

Se le reconozca o no, Chirinos hizo escuela, y todavía sigue vigente su doctrina de que el medio ambiente no debe impedir el desarrollo económico, esto que podría catalogarse como el primer mandamiento del capitalismo, lo es también de los regímenes socialistas y comunistas donde los hay, con la alteración de que en estos se hace para darle al pueblo el control de los medios de producción y así alcanzar el progreso deseado, mientras que los otros lo hacen por la mera ganancia.

Pero al final es lo mismo, la explotación del medio ambiente en beneficio de una sociedad que ni cuenta se da de lo que está perdiendo por lo poco que está ganando.

De unas semanas para acá, se ha convertido en tema de conversación el de la calidad del aire en la ciudad de Saltillo. Coincidiendo con que de repente nuestra querida ciudad apareció en el libro de récords Guinness, o bueno no en ese, sino en otro menos glamoroso, como la zona urbana con la peor calidad del aire… en todo el mundo.

Como que a los saltilleros, por lo general desidiosos de todo, no les agradó que este, su pedacito del cielo asentado en la tierra, estuviera teniendo tan mala prensa a nivel mundial, y menos por un asunto tan irrelevante, a nuestros ojos, como la calidad del aire que respiramos.

Saltillo hasta muy recientemente se ha transformado en una zona industrial. Durante muchos años la industria establecida fue más bien relativamente marginal, sí se contaba con un corredor industrial con bastante movimiento, pero Saltillo no se podía comparar con las zonas industriales de Monterrey, Guadalajara, San Luis Potosí, Estado de México y el propio Distrito Federal.

Pese a ello, a tener pocas empresas, Saltillo ya gozaba de un aire contaminado digno de actividad empresarial mucho más activa, y es que entre la beneficiadora de metales pesados que operó aquí algún tiempo, ZINCAMEX, la mucho más tradicional actividad de fabricación de ladrillo y piso de barro, de manera artesanal, o sea quemando combustibles altamente contaminantes, ya estaba acostumbrada a una calidad del aire menos que mediana.

Estas actividades económicas se fueron retirando, pero fueron sustituidas por otras igual o todavía más dañinas para el entorno, y en particular para los habitantes que tuvieran la escasa suerte de vivir en las cercanías de las empresas que por esas cosas de la mala planeación urbana, quedaron en medio de la ciudad, y tanto que ahora es difícil contextualizar una sin la otra.

¿Qué Saltillo tiene mal aire para respirar, y que esto se repite por más días de los que es razonable esperar? Eso no es ninguna sorpresa, lo que sí lo es, es el interés que súbitamente ha despertado en la población, como si no tuviéramos todos los años de nuestra existencia sometidos a ese mugrero que introducimos en nuestro cuerpo cada vez que respiramos, y mire que lo hacemos miles de veces de día y de noche, todos los días de la vida.

De inmediato los políticos se trepan al tren de la oportunidad, pocos son los que se ponen a preguntar por qué y desde cuándo han dejado de funcionar las estaciones de monitoreo de la calidad del aire, y sí muchos los que exigen que se repongan a la brevedad. Pero no es ese el punto, sino ¿qué se va a hacer de lo que se espera que se reponga en el corto plazo y comience a emitir reportes, verdaderos o falsos, optimistas o pesimistas, para tranquilizar nuestra preocupación.

Pero no es eso lo importante, lo de la medición, sino lo que estemos dispuestos a hacer para cambiar el estado de cosas. ¿Realmente hay o habrá un compromiso para que los saltillenses, ramosarizpenses, arteaguenses y demás locales y foráneos respiremos el mejor aire al que pueda uno aspirar? Tenemos nuestras dudas.

Los filtros anticontaminantes cuestan, mucho dinero, los procesos para cumplir con la norma ISO 14000 son bastante costosos, y salvo la denominación de empresa socialmente responsable o algún otro reconocimiento posible, resultan poco atractivos al comparárseles con el costo que representa obtenerlos y mantenerlos.

Que ni deberíamos estar en esta disyuntiva, desde siempre se debió cuidar el ambiente, cada árbol tumbado para hacer un techo o convertirlo en carbón, debió ser sustituido por otro, y de eso nunca hubo nada. Nos fuimos acabando el entorno, allí donde había vegetación lo sustituimos con casas, bodegas y asfalto, ¿alguien pensará que es fácil revertir esta tendencia?, con nuestra tendencia, es difícil visualizar como exitoso un objetivo tan pretensioso.

Las estaciones de monitoreo ambiental trabajaron una decena de años, se volvieron noticia cuando comenzaron a sufrir los estragos del tiempo, pero si creen que porque se repongan, y también eso está por verse, ya con eso mejorará la calidad, estamos muy equivocados. Muchos de nosotros nacimos entre el aire mugroso y apestoso, así vivimos toda la vida, y solo ahora nos nace una preocupación por los artífices de esto, los árboles.

No es por ser ave de mal agüero, pero a como lo vemos, esto es la enésima moda periódica. Al rato, más que pronto se nos va a pasar, volveremos cada quien a sus vicios y al colectivo de abusar de la naturaleza, hasta que se va a corregir hasta que no empiecen a caer niños muertos en las banquetas, como antes perdieron la vida los pájaros, sin que sintiéramos mayor dolor por ellos.

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