BAILE Y COCHINO…
Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

No me acuerdo del nombre de la película, ni de los actores ni de la trama, solo de una frase que en su momento me hizo mucha gracia, y tanto que la recordé para iniciar esta colaboración. Decía uno de los personajes que Nueva York era una ciudad sitiada, de un lado estaba el océano y del otro lado estaba Nueva Jersey…
Entendemos lo del mar, y lo de nueva Jersey no deja de ser una broma entre negra y de mal gusto, al poner de forma tan descarnada la opinión que tienen los neoyorquinos de sus vecinos, nada más cruzando el puente. Viene a cuento porque para todos los efectos, Coahuila también es un estado sitiado, y ni siquiera por accidentes naturales como son el río o el mar, sino por fenómenos tan eminentemente humanos como lo son la violencia.
Fíjese lo que son las cosas, nos hemos vuelto tan insensibles, que como se ha dicho desde hace tiempo de las estadísticas, ver los números en papel, en una gráfica de barras o de pastel, o de la forma que nos las presenten, no dejan de ser números y datos fríos, que poca o nada referencia tienen respecto de la realidad del hecho o hechos que está pretendiendo asépticamente describir, con la violencia es igual, nos hablan de tantos más cuantos hechos criminales, asesinatos, secuestros, robos, asaltos, lo que sea, y no sabemos, casi que preferimos no saber, las historias particulares que hay detrás de cada uno de ellos agrupados en columnas que comparamos unas con otras, y así mantenemos nuestra conciencia tranquila. Mientras sean datos, no nos duele a nosotros en lo personal, malo cuando la afectación sea por un balazo, entonces sí, a llorar, gritar y lamentarnos, si todavía podemos.
No es difícil recordar que acá en Coahuila tuvimos una muy mala época en temas de seguridad. Una o dos ciudades de nuestro estado aparecieron en el índice, déjese nacional, mundial de las más peligrosas del mundo, e incluso nuestra entidad llegó a figurar entre las recomendaciones del Departamento de Estado de los Estados Unidos, para que los ciudadanos norteamericanos se abstuvieran de viajar a Coahuila, o que se atuvieran a las posibles consecuencias.

Fue una época negra que quisiéramos sepultar en el olvido, de no ser porque se corre el riesgo de no percibir las señales de que pudiera repetirse una situación parecida o todavía peor si se puede.
Las cosas han estado bastante más calmadas en los últimos dos sexenios, lo cual es algo que agradecer, o más bien, de lo que estar satisfechos, pues de esas cosas no hay que dar las gracias, si son encargos de los ciudadanos a los gobiernos, y por supuesto, así queremos que continúen, lo cual por momentos, da la impresión de que no sea una tarea fácil.
Por lo que mencionábamos al principio de las ciudades sitiadas como Nueva York, viene a resultar que Coahuila también pudiera ser considerado un estado sitiado, y es que los vecinos, unos más, y otros menos, padecen de situaciones de inseguridad que hacen preguntarnos ¿y cómo es que nos hemos, nosotros los coahuilenses, librado de eso que vemos?
Olvídese de la frontera con Texas, que de allá no vienen amenazas… todavía y ojalá que nunca, pero es otro país, además que hay allí un río, y lo que pudiera ocurrir de enemistad es de competencia federal, no estatal, por más que el tema de los migrantes nos lo hallan endosado por estricta desidia desde la Ciudad de México, y que el gobernador de Texas Greg Abbot a la hora de las represalias, no le importa a quien se lleve de encuentro, como ya ha pasado con los estados fronterizos mexicanos, que la hemos pasado mal con los bloqueos.

El problema radica en lo más inmediato: la casi colindancia con Tamaulipas en la tripa de la frontera norte, con Nuevo León a lo largo de una línea divisoria casi inexistente, o sin el casi; con San Luis Potosí, con Zacatecas, con Durango y con Chihuahua.
Elija usted el más complicado, o el más amenazante, o el más peligroso, por parámetros no nos vamos a detener.
Estamos conscientes de que Zacatecas ha estado emproblemado, seriamente emproblemado desde hace unos cinco años, a lo mejor como nosotros lo estuvimos, pocos muertos más, pocos ajusticiados menos, con la diferencia de que allá no han sabido responder a los cárteles con la fuerza que acá se utilizó, y que funcionó lo suficientemente bien como para que desaparecieran, se buscaran nuevos territorios, o cambiaran de modus operandi, de uno abierto a uno encubierto, tanto como para que la gente no lo note.
San Luis Potosí no está mejor, con el agravante de que las bandas de delincuentes han adoptado como coto de caza particular la carretera 57 en el largo tramo entre la capital potosina y los límites con Coahuila, incluyendo allí una parte del territorio de Nuevo León. La violencia en distintas regiones de San Luis hasta el momento han repercutido poco entre los coahuilenses, si poco se pueden considerar asaltos a camiones enteros de alumnos, secuestros y algunos asesinatos de prominentes empresarios.

Los límites con Chihuahua han estado tranquilos… en apariencia, aunque la verdad es que la línea divisoria es tan larga y el territorio tan grande, que no necesitarían enfrentarse, y si lo hicieran y lo hacen, de eso no se llega a saber mayor cosa, ni de parte de las autoridades, ni mucho menos de los delincuentes, que tienen su propia versión de aquella mafiosa Omertá, la ley del silencio.
Durango se cuece aparte, en cuanto que es la puerta de entrada al Triángulo Dorado, perdón el Triángulo de la Gente Buena y Trabajadora, como la rebautizó el presidente Andrés Manuel López Obrador, enojado de que se le siguiera denominando de aquella otra manera que la identificaba con la producción y el tráfico de drogas, además de todo lo que se deriva de estos.
El caso es que la violencia acecha a Coahuila, lo hace por las carreteras asfaltadas, que es donde se concentran los operativos policíacos, los retenes y estrategias de blindaje de las fuerzas municipales, estatales y federales de seguridad. Pero también están las brechas… pero también está el campo traviesa, pero también están las extensiones que con un poco de trabajo o aun sin él, pueden ser usadas como pistas clandestinas de aterrizaje de aeronaves pequeñas y algunas medianas.
El vecindario es duro, para colmo, viéndolo relativamente en calma, pues más atractivo resulta para los de la izquierda, los de la derecha y los de enfrente, el querer ampliar sus operaciones, ya sea como santuario como mucho tiempo fue antes de los tiempos feos, o como territorio activo.
Por lo pronto el fuego se extiende por el flanco zacatecano, ya se refuerza por allí, pero de ninguna manera hay que descuidar los otros, que por todos lados truenan los balazos.

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