Lo que el nearshoring se llevó

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

(Tecnológico de Monterrey)

De que el río suena es que agua lleva, dice el viejo refrán, que la verdad ha de ser realmente antiguo, pues si algo no llevan los ríos norteños de un tiempo para acá es precisamente agua, y el sonido que escucha uno es el de las máquinas robándose la piedra bola, gente tirando escombro o basura, y alguna que otra alimaña alimentándose de lo que puede.

Eran otros tiempos, unos medio románticos, en que lo que llevaba el río era agua, pero a nadie, que sepamos, le ha dado por actualizar ni este ni otros refranes parecidos.

Lo traemos a cuento porque de algunas semanas para acá, el discurso triunfalista de que México iba a convertirse en rey del mundo, gracias al nearshoring, ha venido variando hacia un tratamiento más bien frío, y lo que nos llamó la atención, uno francamente pesimista, al grado que nos hacen sospechar que allá en las alturas del poder político y económico oficial, saben algo que no han querido “socializar”, no nos están diciendo todo lo que saben sobre el tema, y los comentarios que se han venido escuchando cada vez con mayor frecuencia, tienen el objetivo de sensibilizar a la población, para que el ramalazo no nos agarre desprevenidos.

Nos llamó la atención que un medio de comunicación tan serio, como puede serlo la Gaceta de la Universidad Nacional Autónoma de México, le dedicara en su último número de mayo un artículo titulado El nearshoring: ventajas y desventajas para México… en el cual académicos de la Facultad de Economía de la misma UNAM hacen un balance, más bien teórico, de cómo va el asunto del nearshoring, un artículo que vale decir, dista mucho de la literatura de todavía hace dos o tres semanas, en que la tendencia de reubicación de empresas en suelo mexicano era la panacea para la solución de tantos y tantos problemas económicos y hasta sociales del país, al que veían como un sitio de privilegio respecto de otros muchos del planeta.

(UNAM)

Pero días antes había salido un análisis de la Secretaría de Economía, ni siquiera podemos decir que de allí se tomó la información para el artículo de la Gaceta universitaria, sino más bien que andaban los autores en la misma sintonía, y el soltar los datos fue más una cuestión casual que planeada.

En el estudio de la dependencia del gobierno el tono era más bien de desencanto, como que los autores se habían echado un clavado a los datos duros de la inversión extranjera directa, rubro al que al país no le ha ido mal en los últimos años, pero que a la hora de buscar los indicios de cuál de ella, qué proporción pudiera deberse a la tendencia del nearshoring, se dieron cuenta de que era marginal… por no decir risible y hasta ofensiva, pues ellos que esperaban inversiones nuevas por varias decenas de miles de millones de dólares, se toparon con que cuando mucho significaba un 0.3% del total del capital que había llegado, lejos, muy lejos de cumplir con las expectativas que tenían, aunque bien mirado ¿en qué amparaban tales expectativas?

Cuando nos conviene, sacamos a relucir que somos el patio trasero de los Estados Unidos, un patio de triques de dos millones de kilómetros cuadrados, con una línea fronteriza permeable para unas cosas e inexpugnable supuestamente para otras, y cuando no nos conviene, sacamos a relucir lo importante que es el tema de la soberanía para nosotros, uno que exacerba los nacionalismos mal entendidos, para aterrizar en discursos y conductas políticamente útiles, aunque en lo económico terminen por transformarse en pérdidas financieras, que es el peor de todos los pecados.

Desde que está la frontera allí, o donde se ha movido las veces que lo ha hecho, ha sido importante para los políticos mexicanos presumir lo convenientes que somos para los norteamericanos. Acá pueden instalar sus empresas con restricciones más de conversación que formalmente limitantes, aquí pueden pasarse por el arco del triunfo cualquier legislación ambiental, y hasta la laboral, está sujeta a negociación, siempre y cuando se pongan a tono, que si no, lo procedente es hacerles la vida de cuadritos hasta que se doblen o se vayan.

(Foto: UNAM)

Si el factor distancia y tiempo fueran determinantes, tenga por seguro que miles de empresas se habrían mudado aquí desde hace décadas. No es el caso, sí han llegado muchas foráneas, pero ni han sido tantas, y México es para los que toman las decisiones, tan buena opción como puede serlo cualquier país centroamericano, asiático o africano.

Que por cierto, otra de las notas reveladoras decía que África, el continente, allí donde lo ve lejano de cualquier parte, se las ingenió para recibir fuertes inversiones de empresas que se reubicaban, y a nosotros se nos hace fuera de lugar que un artículo fabricado en Etiopía  o en tenga menores costos de producción y más ventajas competitivas que Chihuahua, Sonora, Coahuila, Tamaulipas o Nuevo León, pero ellos tienen sus analistas, y lo que ellos averiguaron fue precisamente eso, que allá les conviene más que acá.

La cereza del pastel es la coincidencia de varios de los autores de los documentos que hemos estado citando, y es que… debemos dejar de confiarnos al nearshoring, porque lo más probable es que las expectativas se queden cortas, de allí el llamado para que se reconfigure la estrategia de atracción de inversiones foráneas, centrándose en el aspecto de la inversión extranjera directa, en la manufactura de sus productos, y no tanto en que vengan a ocupar bodegas nuevecitas, recién construidas para ellos, sino para que instalen acá sus plantas productoras, con el consiguiente uso de mano de obra masiva, la articulación en cadenas productivas, y otros modelos, que acarreen inversión extranjera directa pero que no les pongan tope, para no espantarlas, y sí, ahora sí, que aprovechan la poca o mucha infraestructura disponible.

Porque esa es otra, ya ahorita las voces dicen que fue el tamaño de la tarea no realizada la que frustró, así ya en pasado, la oleada de empresas en nearshoring.

Creímos que se venían a México por la cercanía, y resultó que se necesitaban un nivel de industrialización, de obras públicas que no estábamos dispuestos como país a emprender, eso y que nuestra cara no es tan bonita como nos gusta creer a nosotros, y tenemos los ingredientes del platillo ya cocinado: habrá nearshoring, pero no en México, lo habrá en decenas de países que supieron que para sacar hebra hay que meter hilo, y demasiado tarde entendieron que así no funcionan esas cosas.

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