TELEGRAMA
Héctor Barragán.-

Tanto los políticos cuanto negociantes se empeñan en ocultar el hecho de que estos aumentan los precios, fabrican la inflación, en tanto los encargados de administrar la sociedad no son más que víctimas de los encarecedores, pero temen confesarlo, porque reconocerían su inutilidad sobre el asunto.
Quien vende es presa de la ambición, así que le tiene pánico a la pobreza y cada vez que puede, aumentar los precios a su mercancía, arguyendo que los que le venden a él le aumentan constantemente cuanto le compran, sea gasolina, maíz, despensa, pasajes y cuanto consume, en fin; el gobierno es básicamente simple testigo de los hechos, intermediario y cuando tiene algo que vender, batalla para aumentar sus precios y es utilizado como pre- texto para el resto de vendedores y vendedores, que son la mayoría, Los pactos entre gobierno y vendedores son aparentes, frágiles, es decir sujetos al capricho de productores y el comercio que no acostumbra cumplirlos al menos por un tiempo suficiente.
Se puede suponer, pero sin fundamento ni sentido práctico, que el gobierno tiene la facultad de poner los impuestos, si bien hasta cierto límite, pero carece de medios y capacidad de gravar las utilidades extraordinarias, poner impuestos a todo aquel que aumenta sus precios desmedidamente o muy seguido.
Porque probablemente los especuladores, los gananciosos con los aumentos de precios tienen mal carácter y se molestarán muy luego con esos impuestos móviles, automáticamente elevables además de que podrían ser dominados por los poderosos del dinero que producen los sobornos, mordidas, coimas y demás.
Y lamentablemente los salarios no los mueven los dueños de los trabajos con la velocidad que necesitan los trabajadores para compensar la inflación que fabrican y el laborante necesita para subsistir. De manera que alguien tiene que enseñar a pensar a los agentes de la economía, para hacer las paces y actuar inteligentemente.

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