Plan C… ¿Un peligro más?

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Este que les vamos a contar es un caso clásico, más por que se ha convertido en objeto de estudio, que porque tenga algo de especial.

Ocurrió por allá en los años ochenta, el hijo adolescente de una familia prominente, entiéndase muy adinerada, se vio involucrado en el asesinato de una menor de edad, hechos que ocurrieron en el puerto de Acapulco, cuando Acapulco era un sitio idílico en el que suceden toda clase de delitos que no son perseguidos ni resueltos por autoridad alguna… más o menos como ahorita.

Bueno, pues el jovencito, bajo los influjos del alcohol, y alguna droga, todas naturales, nada de porquerías sintéticas, mató con extremada crueldad a una niña de clase baja, luego de violarla y torturarla. Con tan mala suerte, que estando como estaba de cruzado, la policía le echó el guante. Todo hasta allí, conforme a librito.

El escándalo explotó cuando un magistrado de la Suprema Corte de Justicia, dictó el auto de libertad del criminal, esto luego de haberse agotado todas las instancias administrativas y jurídicas, que solo el dinero puede echar a andar.

Aquello hubiera pasado como tantos otros asuntos, de no ser porque la familia comenzó a armar una tremenda alharaca, primero en Acapulco y luego en la Ciudad de México. La prensa que olió una historia suculenta, le dio vuelo, y si no recuerdo mal, hasta el puesto le costó al ministro, al que querían llevar a prisión por haber soltado al asesino, que para esto, ya había pasado varios años en la cárcel, no los de una condena por homicidio, pero si algunos.

En una entrevista que le hicieron al ministro, explicó por qué había dictado la liberación: así como es el sistema policial y judicial en México, todo es cosa de ir soltando dinero aquí y allá, para ir “limpiando” el expediente, de tal manera que, los policías que descubrieron el cuerpo, con una lana desaparecieron algunos elementos de prueba, los más escabrosos, el ministerio público que tomó conocimiento, no detalló todos los datos que tenía ante los ojos, a cambio de una feria, el juez que vio la causa, mediante algunos regalos, encontró algunas atenuantes en la actuación del criminal, y algunas causales de parte de la víctima, total que así fue subiendo el asunto la escalera, hasta que al llegar a la Suprema Corte, al ministro no le quedaba más que preguntarse, en base a todos los elementos disponibles ¿y este cuate porque está encarcelado, si no hizo nada?

Así lo contaba él, también tirándose al piso, a lo mejor no le pasaron corriente, o no le avisaron como estaba el asunto, o quiso ser justo por una vez, vaya a saber qué sucedió, a lo mejor fue que se combinaron los ingredientes de una familia de dinero, un crimen sórdido y la corrupción policiaca y judicial, para una buena historia periodística, que dio lo que tuvo que dar.

Ahora que se está discutiendo, no el Plan C, porque ese tendrá que esperar hasta el mes de septiembre para ser pasado por la borreguil bancada morenista del Congreso de la Unión, para ser realidad, sino sus riesgos potenciales, nos llamó la atención la advertencia que hizo algún diputado del Partido Acción Nacional, en el sentido de que el tal Plan, en su apartado de que la designación de jueces y magistrados sea ahora por votación abierta y directa de la población, se pudiera prestar a que el crimen organizado financie las campañas de los jueces… bueno sí, está esa posibilidad, aunque si nos permite el comentario, nos recuerda aquella frase atribuida a Woody Allen, de que “el dinero no hace la felicidad… la compra hecha”.

Si durante los años, décadas y siglos que tiene el sistema judicial mexicano, de ser el pozo sin fondo de la impunidad que todos sabemos, ¿a alguien se le ocurre pensar que las bandas del crimen organizado y del narcotráfico, acostumbradas como están, a comprar policías, comandantes, jueces y magistrados, en vivo y en directo, ahora van a jugar a la democracia, metiéndole dinero a las campañas, para tener un juez a modo, para el remoto caso en el que caiga uno en manos de la policía, y que su caso vaya a dar precisamente a manos de ese juez que “favoreció” uno cuando andaba en campaña? Hay que ser muy ingenuo, nivel diputado, para creer algo así.

Todos hemos sabido, algunos lo han visto más de cerca que otros, y no creemos que se trate de una leyenda urbana, de la oferta del plomo o el oro, aplicada ampliamente durante el pasado proceso electoral, y en general para el trato con policías, militares, funcionarios, etc.

¿Qué caso tiene repartir un poquito de dinero aquí para la campaña de este juez penal, otro poquito allá para el de circuito, más allá para la corte de apelaciones?, con el debido respeto, como dice un clásico macuspano, ya parece que si no saben escribir un narcomensaje sin faltas de ortografía, van a saber interpretar el organigrama del Poder Judicial y leer en qué juzgado radicaron el caso que les interesa.

Mejor ya sabiendo, se arriman al secretario, al juez, al magistrado, a sus apreciables familias… y allí se negocia, no seamos ingenuos con eso del financiamiento de las campañas, los capos tratan con capos, no con halconcillos aspirantes a sicarios, también con todo respeto.

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