BAILE Y COCHINO…
Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

No sabemos de otros países, pero en México la izquierda política siempre ha sido así, prácticamente imposible de congeniar entre ellos mismos. Si por algo se caracterizan los que se identifican con las doctrinas socialistas y comunistas, las hallan leído y entendido o no, es por pensar que efectivamente, el poder debe estar en manos del pueblo, pero ellos y no otros deben estar al mando, y el resto deben de obedecerlos.
Por supuesto que ya estarán saltando a decirnos que eso no es cierto, y tanto, que en las dos elecciones presidenciales pasadas tenemos la prueba de que cuando los izquierdistas quieren, los izquierdistas se juntan, y no solo eso, sino que demuestran tener una capacidad de aglutinamiento que ya la quisiera cualquier partido de derecha o de centro, que al menos en la teoría antigua, deberían ser estos últimos los que pudieran reunir más gente, si no por otra cosa, por el gusto por la moderación y el repelús por ubicarse en cualquiera de los extremos, pues ni así, en la elección del 2018 y ahora en la de 2024, la izquierda se unió detrás de un solo hombre primero y de una sola mujer después, para acceder y mantenerse en el poder…
Pero es precisamente allí donde radica el punto crítico, el poder. Por primera ocasión en la historia de México, la izquierda accede al poder, y a lo mejor están dispuestos y empeñados en una transformación no política, sino biológica y hasta genética, quitar de su ADN ese personalismo que tanto daño le hizo en el pasado, para pasar a un colectivismo del que sean ellos y no otros los principales beneficiarios, pero está por verse.

En estos mismos momentos ya se ven riesgosos, no todavía peligrosos, síntomas de incomodidad, de debilitamiento de un movimiento que se integró del resentimiento de políticos de todas las filiaciones contra el viejo régimen priísta, pero que en realidad careció y sigue careciendo de una ideología común al conjunto.
Lo que los tiene juntos, repetimos, es el poder, pero desafortunadamente el poder no alcanza para todos, y es que por un lado habría que convertir en gobierno a todo México para darle cabida a todos, y por el otro esto contradice el cuento de la austeridad republicana: hay que gastar lo menos posible… en los demás, y así sobra más para los que están en el ajo, o bueno para que no huela feo, en el primer círculo.
Las primeras señales de descontento las dio Marcelo Ebrard, uno que ni izquierdista es, pero que tiene unas habilidades para acomodarse casi increíbles, al final de cuentas su virtud es saber resolver problemas con los que otros pasarían meses y años sin avanzar un paso, y él los entrega resueltos y capitalizados políticamente en el curso de pocas horas. Pero a nadie se le olvida aquella frase hirientemente educada de: yo no me voy a someter a esa señora… y helo sometido a la citada señora, que no es otra que la presidenta giganta y virtual, Claudia Sheinbaum contra quien compitió en el proceso interno.
Otra señal más reciente es el berrinche que protagonizó la semana pasada Gerardo Fernández Noroña, que será senador por el Partido del Trabajo, pero que se sentía con méritos para ser mucho más que eso. Ese es el problema cuando acepta uno aliados indeseables… porque sí, Noroña es un tipo útil, lo ha sido durante sexenios, cuando había que darle un toque repulsivo a la acción política, aun en el Congreso de la Unión y en la campaña ¿pero jalarlo al gobierno?… eso ya es otra cosa.

A ver cómo termina esa telenovela, desde nuestro punto de vista la trama se ha anudado de forma que no puede terminar bien, pero ellos se lo buscaron.
Y lo que son las cosas, el que es quizá el ejemplo paradigmático de la inmanejabilidad de la izquierda, lo tenemos aquí en el estado de Coahuila, donde las cosas no podían estar peor, y no se ve intención alguna de subsanarlas, ni para bien, ni para mal.
En Coahuila no se ha superado la tendencia de la izquierda a formar tribus. Sí, todos somos morenistas, pero nosotros somos más morenistas, más izquierdistas, más rojillos, más todo, que cualquiera que les pongan enfrente. ¿Qué importa que hallamos militado juntos, que hallamos perdido juntos y ganado juntos? Seguimos siendo diferentes.
Pena ajena da que, a estas alturas, en MORENA de Coahuila se sigan dando las cosas por consanguinidad más que por cualquier otro modelo, allí están las hermanas Sánchez Galván, que no le piden nada a las hermanas Garza del Toro, y menos todavía a los primos Diego y Toño, que opacan solo un poco un montón de casos más en los que se reparten candidaturas, comisiones, carteras, y obvio, dinero.
Pero entre la familia por un lado y las tribus por otro, MORENA sucursal Coahuila está en la olla. Por si hiciera falta más enredo ¿qué le parece la actitud asumida por Antonio Attolini, quien llegó de caballito al Congreso del estado?, en vez de llegar a poner en alto el nombre de su partido, con una conducta ejemplar y propuestas legislativas de primer orden, digo para que la gente diga, oye estos cuates de MORENA si la mueven, nada, anda como el proverbial chivo en cristalería… adentro del partido que lo ampara.
Al diputado nadie le enseñó que hay cosas que no se dicen donde haya quien las pueda grabar, hay cosas que no se escriben, porque… ¡ah, esas redes sociales…! todo se sabe, todo se circula, y termina revirtiéndose en forma de denuncias y demandas que, por cierto, parece ser el medio consentido de “solución de controversias” en el partido del presidente, que lo que menos quiere es que allá en el quinto infierno, o sea Coahuila, le incendien lo que él quiere tener bien prendidito.
¿Les costará mucho sentarse a tomar una taza de café? ¿echarse un telefonazo?, ¿refinarse unas cervezas?, ah no, ¿cómo me voy yo a juntar con esa punta de traidores?, primero muerto, y así andan, con el primero muerto, oreando sus trapos en los tribunales, para regocijo de la clase política que los ve no como enemigos o adversarios potenciales, sino como los payasos de la escena político electoral.
¿Cree que tenga remedio esta situación?, a lo mejor termina en la página roja de los tabloides, reportando golpes, puñaladas y balazos atribuidos a viejas rencillas. Lástima de partido que nació como una gran idea.

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