BAILE Y COCHINO…
Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

No hay día que llueva fuerte sobre la carretera Saltillo-Monterrey, que no venga acompañado al día siguiente de las quejas de todos los afectados por la diversidad de perjuicios que se suelen suceder.
Si doscientos automovilistas quedaron atorados en cualquier tramo de la libre o de la de cuota, todos se descoserán platicando la odisea que vivieron, de cómo un trayecto que normalmente se resuelve, con tráfico, en hora y diez, hora y veinte, se convirtió en una tortura de tres, cuatro, diez, veinte horas de no poder moverse ni para adelante ni para atrás, sufriendo las inclemencias del tiempo, calor o frío, la falta de alimentos y agua para beber, el miedo de que no encienda el carro cuando finalmente comience a moverse, las idas al baño donde no hay baño…
Pero no son solo ellos, están los traileros, aunque ellos la sufren mucho menos, acostumbrados como están a esperar las horas y los días a que les carguen la caja o la pipa, además que ellos aguantan incomodidades que ni nos imaginamos. También están los que viajan en camión de pasajeros, a lo mejor esos son los que la llevan peor, pues el espacio para moverse es mínimo, y luego no los dejan bajar de “la unidad” ni para estirarse o que les dé el aire, los choferes no quieren cargar con esa responsabilidad… total que nadie la pasa bien cuando ocurre un bloqueo.
Pero luego hay que leer las exigencias de los organismos empresariales, para quienes no hay calificativo que no describa adecuadamente sus pérdidas, los problemas que les ocasiona a las líneas de producción, lo que se echa a perder, en fin. Estamos totalmente de acuerdo en que la carretera Monterrey Saltillo, los dos tramos, el de cuota y el libre, hace mucho tiempo que dejaron de dar abasto a la cantidad de vehículos que circulan por ellas.

Pero lo que exigen tampoco tiene mucho sentido, por allí anda la propuesta de una tercera carretera, y así puede haber la de una cuarta, de aumentar el número de carriles, pero hay una cosa que rara vez consideran en sus quejas, y es que buena parte de los bloqueos los ocasiona esa manera suicida que tienen muchos conductores de tomar la carretera. Manejan a velocidad inmoderada, manejan muy pegados a los vehículos de enfrente, a la hora que pasa algo, imposible que logren frenar para evitar una colisión.
Ahora que hubo deslaves importantes por la cantidad de lluvia, igual dijeron que la situación era intolerable ¿de veras preferirían que no lloviera? Y si pudieran ¿lo evitarían?, esto ya llega a extremos de necedad. Todos estamos propensos a padecer de un bloqueo parcial o total de la carretera, pero si respetáramos los límites de velocidad a lo mejor la situación se hacía más tolerable.
En algún momento se pensó que la carretera de cuota funcionaría para los vehículos ligeros, y que la libre la utilizarían principalmente vehículos pesados. Tenía lógica, que un vehículo de cinco o más ejes use la carretera de cuota representa un costo adicional para el carguero, que se repercute en el precio final del producto transportado, por el otro lado, los conductores de carros y camionetas estarían dispuestos a pagar por una mayor comodidad, velocidad y seguridad, hasta allí la lógica. Pero luego como que las cosas se invirtieron, las empresas, sobre todo aquellas que son de capital transnacional, comenzaron a enviar su mercancía por la carretera de cuota, por las mismas razones de seguridad y comodidad.
Ahora circular por la carretera de cuota es jugarse el pellejo, pues el tráfico de vehículos pesados es muy pesado, con el agravante que con tantos columpios, alcanzan una velocidad que muchos conductores de carro no se atreven a exigirle a sus carros, con lo que ha dejado de ser el paseíto que alguna vez se pensó.
Ah ¿y la ha tomado de noche? Sobre todo en las cercanías de la caseta de cobro y de la gasolinera, se ha convertido en patio de descanso de los traileros, que ocupan varios cientos de metros del acotamiento, complicando el tránsito de los vehículos que van a seguir el viaje a Saltillo de noche, el riesgo es enorme, entre la velocidad, la prisa y los obstáculos…

Entre tanto la carretera libre está cada vez más saturada, ni pensar que el tráfico de esta se hubiera subido a la sierra, tampoco está la gente para esos gastos.
Podríamos recomendarle resignación, que la situación no tiene remedio, como tampoco las posibilidades de que le cumplan su deseo a la iniciativa privada de contar con más carriles y más cuerpos carreteros para también saturarlos.
Lo que sí podría servir es establecer controles de velocidad, vigilancia, que es prácticamente inexistente a lo largo de toda la vía, las patrullas solo aparecen cuando ya ocurrió el accidente, antes no, para nada. Sí, si la carretera es un mal necesario, hay que hacerlo lo más llevadero posible, y eso corre a cargo de cada uno de quienes transitamos por ella.
También sería útil un sistema de información, que ya se da informalmente a través de las redes sociales, ¿pero para qué están esos arcos luminosos, no podrían decir accidente adelante, tráfico lento, un solo carril, obras, lo que sea, para que la gente estuviera avisada de a qué se expone?
Recursos hay, pero exigen algo de uno, y no es tan satisfactorio como tirar cacayacas por todo y por nada cada vez que pasa algo, que siempre va a estar pasando, eso de conducir como se debe, nomás no se nos da.

Deja un comentario