TELEGRAMA
Por: Héctor Barragán.-

El ser humano tiene características particulares, individuales, que lo hacen distinto de los demás, pero generalmente no se encuentra satisfecho con alguna o varias de ellas, por lo cual tiende a asociarse con las personas con las que comparte ciertas semejanzas.
Paralelamente, al grupo le desagradan alguno o varios que se caracterizan de diversa manera, de quienes se burlan y en ocasiones provocan mediante ofensas o violencia.
Y lo que se percibe desde la infancia se desarrolla a niveles inimaginables desde las pandillas juveniles con denominaciones distintivas, pactos de sangre y banderas, hasta la configuración de países beligerantes, agresivos, invasores y depredadores y confiscadores.
Los derechos de los otros, diferentes, dejan de existir, cuando lo más sencillo resultaría ser la cordura, la cordialidad y la conjugación de capacidades y valores para una asociación fructífera hasta límites desconocidos.
Porque resulta una irracionalidad la violencia, el sacrificio de entes inteligentes y poderosos, para el beneficio de minorías que ostentan la superioridad ganada con la fuerza y el sacrificio aún de miles y miles de seres humanos.
La belleza, sapiencia, imaginación, superiores de unos cuantos, son para el beneficio de unos supuestos líderes, dirigentes, nobles, mediante la publicidad y la ostentación del poderío mal ganado por otros cuantos dispuestos al sacrificio y la tal publicidad se hace por individuos, comentarios y uso de símbolos. y banderas, escudos o instrumentos demostrativos de fortaleza y poder.
La conciencia individual no existe o es subordinada por la publicidad en contra, la demagogia, la explotación de las ambiciones, prejuicios, envidias, complejos y demás, que manejan hábilmente los dirigentes y sus propagandistas.
Pero ¿Hasta cuándo? y Como evitar el sacrificio de unos en ventaja de los manejados por otros?

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