Espejo Cóncavo
Por Roberto Adrián Morales.-

A una persona que tiene por costumbre apropiarse de dinero o cosas que no le pertenecen se le llama, simple y llanamente: ladrón.
Esto viene al caso por un anuncio que hizo el Presidente Andrés Manuel López Obrador quien dice que repartirá entre los deportistas olímpicos el dinero que le devolvieron las autoridades norteamericanas al gobierno federal, recursos que Javier Villarreal, extesorero del estado de Coahuila en tiempos del gobernador Humberto Moreira, sacó ilegalmente de las arcas públicas para invertirlo en el estado de Texas.
Fueron poco más de 32 millones de dólares lo que las autoridades del vecino país lograron recuperar y que, en un gesto de buena voluntad, devolvieron al gobierno de México para que fueron entregados a sus verdaderos propietarios: los coahuilenses.
Sin embargo, la 4T sigue empeñada en saquear a particulares y a estados de la república, como sucedió con Altos Hornos de México y como ocurre ahora con el dinero que pertenece a Coahuila y del que ya se tienen planes para, presuntamente, repartirlo, como premio, a los deportistas que participarán en las Olimpíadas de París 2024, esto, si llegan a ganar alguna medalla ya sea de oro, plata, bronce y hasta cobre o aluminio, si es que las hay sino… pues no habrá reparto y ¿dónde quedarám esos recursos?
Es aquí donde cabe la pregunta ¿quién es más ladrón, el extesorero Javier Villarreal o el Presidente López Obrador?
Esto porque, uno hizo morral con el dinero conseguido a base de créditos aprobados por bancos a los que no les importó que presentaran documentos falsificados para autorizarlos y el otro, más comodino, al ver que Estados Unidos regresa parte de lo saqueado toma la decisión de hacer uso de ese dinero a como le viene en gana.
Aquí, aunque le duela al señor Presidente, la “Ley es la Ley” y esos recursos deben ser entregados a quien le pertenecen de origen: al gobierno de Coahuila.
Para ser claros: Villarreal se llevó el dinero a Texas para invertirlo en negocios de su beneficio personal. Estados Unidos detectó las irregularidades financieras del extesorero y lo encarceló, acusándolo de lavado de dinero sustraído ilegalmente de las arcas estatales de Coahuila. Después de un largo juicio, la justicia norteamericana consiguió recuperar 32 millones de dólares para entregarlos a su dueño.
Ah, pero no, ese dinero no llegó a manos de sus propietarios porque, de un manotazo, López Obrador se los “agenció” dizque para repartirlos entre los deportistas mexicanos, algo que suena más falso que los premios de la Rifa del Avión presidencial, cuyos boletos premiados jamás fueron pagados.
Un ejemplo: alguien entra a una casa y sustrae un reloj Rolex de un millón de pesos; la policía logra recuperar la prenda que corresponde a un particular, que hasta factura tiene del objeto en cuestión, pero lo entrega a la máxima autoridad, para que ésta a su vez tenga a bien devolverla.
Pero no ocurre así, contrario a ello, “la autoridad” decide vender el reloj y con el dinero de la venta apoyar a algunos amigos, programas o proyectos o inclusive para beneficio propio. Y el propietario tiene que conformarse con saber que su Rolex fue recuperado pero que ya no lo tendrá jamás en sus manos.
Así como ese caso del reloj, es el asunto del dinero recuperado por los Estados Unidos. Los coahuilenses saben que el fruto del saqueo ya fue recuperado, pero que, desgraciadamente esos recursos cayeron en manos equivocadas: en las de López Obrador quien ya decidió que hacer con esos millones de dólares.
De ahí que quepa la pregunta hecha en esta columna desde un principio: ¿Quién es más ladrón?

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