BAILE Y COCHINO…
Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Fue Rubén Moreira Valdés durante la ceremonia de su toma de posesión como gobernador, por allá en el año 2010 si no nos salen mal las cuentas, quien se aventó el palomazo de decir “de la seguridad me encargo yo”.
Ni que decir que Coahuila entero recibió la balandronada como una brisa de aire fresco, baste recordar que durante los meses en los que fue gobernador interino Jorge Torres López, la inseguridad en Coahuila se había desbordado a niveles de terror. Fue aquella la época de los colgados en el Distribuidor Vial El Sarape, de la masacre en Allende, de que los penales de Piedras Negras y Torreón, y no sabemos si algunos otros, estaban convertidos en casas de seguridad de los cárteles de la droga y el crimen organizado, todo con la complacencia de un gobierno débil, que prefería negociar que no los tocaran a ellos, y que los criminales hicieran lo que fuera su santa voluntad.
Ya en el sexenio de Humberto Moreira se había experimentado con lo que se dio en llamar el Modelo Coahuila, consistente básicamente en que los mandos de los cuerpos de seguridad, tanto estatal como los municipales, eran ocupados por personal militar, en activo o en retiro, pero que le dieran un toque de disciplina castrense a lo que por años había sido manejado como una cofradía de policías, que ni que decir, tenían fuertes intereses, y que ante todo querían conservar el estado de cosas.

Al rato el tal modelo Coahuila fue desechado, y el gobierno del estado tomó la decisión de dejar el tema de la seguridad en manos de “expertos”… y ojo que lo ponemos entre comillas, porque los policías que fueron contratando para los agrupamientos y corporaciones, no tardaron en crear nuevas hermandades, con las que ningún funcionario de la administración pública quería, y ni siquiera quería tratar. Ellos a lo político, y las cosas feas de la burocracia, entre ellas destacando en primer sitio la seguridad pública, que se manejaran por gente que molestara lo menos posible, y ante todo, que no creara problemas al gobierno. Fuera de eso, manos libres…
Y hay que reconocer que el esquema, ya no el modelo de seguridad pública implementado por el gobierno del estado, nos permitirá plagiar la frase del Dr. Muerte Hugo López Gatell, de que sirve para lo que sirve, y para lo que no sirve, no sirve.
Definitivamente no son los servidores públicos para montar una campaña de relaciones públicas… con eso de que traen el rostro cubierto siempre y no portan su nombre, número de placa y ningún identificador a la vista, la gente se siente expuesta a abusos, que los ha habido, con sus consiguientes quejas ante Derechos Humanos, pero también hay que reconocer que a la hora de entrarle a los balazos… no les tiembla el dedo al apretar el disparador del fusil que portan, no siendo pocas las veces que dejaron a algún delincuentes, presunto delincuente, en calidad de coladera. Por lo general se trata de gente “de fuera”, que si sobrevive no se queja, y sus parientes no son más que para venir por el cadáver, si es que vienen por algo, que no es lo más frecuente.
Las cosas estaban funcionando razonablemente bien en materia de seguridad pública, y hace pocas semanas hubo una reunión entre los gobernadores de Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, evento en el que se reportó que habían firmado un convenio para establecer una coordinación mucho más eficiente entre las corporaciones policiacas estatales y municipales, de hecho se llegó a hablar de literalmente “borrar” los límites entre las tres entidades, de manera que las corporaciones pudieran traspasarlas si se hallaban en persecución de algún delincuente hallado in fraganti.
El planteamiento, a iniciativa nos dijeron en Coahuila, hecho por el gobernador Manolo Jiménez, fue visto como un reforzamiento necesario para la estrategia de seguridad pública. Sí, eso de pararlos en los límites del estado funciona, pero es todavía más eficiente atraparlos, de preferencia sin balaceras, allí en su lugar de proveniencia. Claro, nos convenía a nosotros quizá más que a las otras entidades federativas, pero también han de haber visto sus ventajas. Aquello aparentaba capitalizar las experiencias en un conjunto, la seguridad en manos de civiles, con el incidental apoyo de militares.

Por eso es que ahora nos hace ruido, mucho ruido, el anuncio de que el gobierno estatal, el de Nuevo León y Tamaulipas habían acordado unirse a un mando único… pero ya no administrado por un civil, cualquier civil, de cualquiera de los estados, sino por un militar.
De repente y sin verlo venir, al menos nosotros, el exitoso esquema de seguridad pública del estado de Coahuila, que se pasaba a ampliar a los otros dos estados, bastante emproblemados cada uno de ellos en el tema que nos ocupa, se cede a un militar, que con todas las cualidades que tienen y respaldo que merecen, no es su especialidad.
Conste, aceptamos que desde hace muchos años hay un mando especial para la Laguna, que ha logrado la pacificación de la zona, que por un buen tiempo fue de las más “calientes” de la geografía nacional. La operación de este mando único se dio a las calladas, operando desde la XI Región Militar, y su poco menos que inexpugnable cuartel general.
¿Pero es la solución para el resto de Coahuila, incluido en la misma canasta con Nuevo León y Tamaulipas?, parece que es una decisión ya tomada, no hay nada que hacer salvo esperar que las cosas funcionen como se espera, más bien como se habían planteado a la hora de la firma del convenio, en la que por cierto, no recordamos que en las fotografías se mostrara algún mando militar, con la jerarquía que ahora va a asumir.
¿Qué pasó?, ¿presionaron a los estados, particularmente a Coahuila?, imposible de averiguar, no nos queda más que confiar en que sea para bien, que en vez de quitar, aporten al delicado tema de seguridad, que en ningún momento deseamos ver decaer.

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