El estilito «cepillón» de Claudia

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Folclórico, como siempre ha sido Andrés Manuel López Obrador, ya dijo que su sucesora en el puesto de presidente de la república, Claudia Sheinbaum Pardo, se lo va a cepillar…

Cepillar… es de esas expresiones que no aparecen en los diccionarios, o bueno, claro que aparecen con definiciones muy específicas y hasta lastimosamente raquíticas, pero para las acepciones más floridas, más populares y coloquiales, tiene uno que referirse a algún diccionario de modismos, regionalismos o barbarismos, los cuales suelen ser mucho más escasos que los otros, ¿y quien en estos tiempos se va a dar una vuelta por una biblioteca para buscar el significado de una palabra, que de todos modos cada quien entiende como le da su gana?

¿Qué es exactamente lo que quiere decir, o dar a entender Andrés Manuel López Obrador cuando habla de Claudia Sheinbaum como cepilladora?

Que recordemos la expresión la ha utilizado en dos ocasiones, quizá más, pero nos acordamos de estas dos, la primera fue cuando se dio a conocer el conteo de votos de la elección presidencial, él que se la había pasado presumiendo estos seis años de sus treinta millones de votos, y vino a resultar que Claudia ganó por cinco millones de votos adicionales, una cantidad impresionante desde cualquier punto de vista. Claudia se cepilló a Andrés Manuel… a lo mejor hubiera sido más entendible decir que se lo llevó de calle, que se lo llevó de encuentro, que lo dejó patidifuso o chiflando en la loma, ¿pero que lo cepilló?, sonó raro.

La segunda ocasión en que escuchamos la frase fue hace pocos días, cuando el mandatario, andando en su gira del adiós/hola, dijo que Claudia se lo iba a cepillar, pero ahora con lo de los trenes. Otra vez los que nos quedamos patidifusos fuimos nosotros ¿en qué consistiría la cepillada?, ¿sería que les iba a dar una peinada a los consorcios que tienen las concesiones de los sistemas ferroviarios nacionales, se las va a quitar, se las va a recortar, los va a obligar a compartir las vías que ahorita tienen exclusivamente para carga, con trenecitos de pasajeros del mismo tipo que los convoyes del Tren Maya?, no, momentos después vino la explicación: él había construido mil quinientos kilómetros de vías férreas, y Claudia se había comprometido públicamente hace algunas semanas a que construirá el doble, tres mil, allí está la cepillada, cepillada a él, no nos queda muy claro que digamos, pero queda.

No tenemos perfectamente claro si lo de los tres mil kilómetros se trató de una casualidad, si está perfectamente planeado y medido que son esa cantidad y no otra, o si por el contrario fue una hablada consistente en duplicar lo que hizo el otro, su predecesor, al que le debe tanto, pero del que ya no está tan contenta de seguirle el guion al pie de la letra.

A lo mejor López Obrador se dio cuenta de la casualidad, de lo particular de la cifra, y de allí le salió lo de la cepillada, Claudia lo cepilló pero no por lo ambicioso de su proyecto, que al final de cuentas es uno de continuación de lo realizado por él, después de todo la cuarta transformación viaja sobre rieles, no vuela ni va al espacio, pero se mueve en tren. O quizá lo entendió como una muestra, una más, de rebeldía de su pupila consentida, y lo de la cepillada, es que… se le está saliendo del huacal.

Pero siguiendo con el uso de la palabra rara, los que por un tiempo anduvimos que no nos calentaba ni el achicharrante sol del semidesierto fuimos los coahuilenses, en especial la gente de Saltillo, cuando intencional o casualmente Claudia Sheinbaum omitió que uno de los trenes de su gran proyecto, el de la ciudad de México a Nuevo Laredo Tamaulipas, pasaría por Saltillo. Sí mencionó a Querétaro y a San Luís Potosí, y de allí se brincó a Monterrey y a la ciudad de destino, pero Saltillo no.

El desprecio nos dolió hasta el alma, nos retrotrajo a nuestros complejos de ser el pato feo que se siente cisne incomprendido, que nos ha aquejado durante décadas, si no es que siglos. Hubo toda clase de expresiones, promesas de intercesión, llamados para reconsiderar. A estas alturas no sabemos si sí, se trató de una omisión intencional, de un calambre para un estado que no es morenista, o una falla de conocimientos de geografía política y humana, para ponerlo como se llamaba la materia en la primaria.

Luego vino, como sabemos, la entrevista que el gobernador del estado, Manolo Jiménez Salinas, tuvo con la presidenta electa, cuando apenas era virtual, en el marco de las entrevistas que estaba teniendo con todos los gobernadores del país, empaquetados por región. Lo que se dijeron, quedó obviamente entre ellos, el tono, y lo demás, la versión oficial es la consabida promesa de trabajar juntos en beneficio de la población. lo que sí, trascendió que Claudia Sheinbaum habría aceptado sin mayor problema la propuesta de que el tren México Nuevo Laredo haga escala en Coahuila, mencionándose en específico las ciudades de Saltillo o Ramos Arizpe para tener la estación, ya con eso nos volvió el alma al cuerpo.

Podríamos dar el asunto por cerrado, pero ceo que nos sirve, o debería de servir, para irle tanteando el agua al siguiente sexenio. La verdad de las cosas es que era más difícil sacarle la vuelta a Coahuila que pasar por aquí, y pararse era un asunto de mero trámite. La aparente concesión, aunque no estamos en la etapa de tasar esas cosas, tendría un costo marginal, que casi seguro se lo sacarán al gobierno del estado como contribución al proyecto, o sea, cero pesos. En cambio, aceptar, ceder, la hace quedar como alguien que escucha, que acepta recomendaciones cuando son razonables, y una serie de virtudes, que a nosotros más nos parece que en eso y no otra cosa, consiste la cepillada.

En efecto: nos manejó las emociones a su gusto, nos tuvo de nervios por días, movilizó a la clase política, todo por un asunto sin la menor importancia. Nos cepilló de lo lindo, nos tuvo colgados del dedo chiquito, ni más ni menos que como Andrés Manuel la trajo todo el sexenio a ella.

Conste, a lo mejor nos equivocamos en esta apreciación, pero nos sospechamos que las cosas fueron como se las platicamos.

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