Un sexenio perdido… y faltan 6 años para que acabe el otro

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

El mal manejo del gobierno de López Obrador de la pandemia del covid hizco crisis en el sector salud y ocasionó la muerte de miles de mexicanos. Sexenio perdido.

Hace muchos años, Nikito Nipongo, seudónimo del periodista Raúl Prieto, institucionalizó el calendario sexenal.

En su columna, que publicó en prácticamente todos los periódicos de la capital del país, hasta en tanto no lo despidieran por haber ofendido a algún político o funcionario público, periódicamente se refería a cuántos meses, semanas o días faltaban para concluir el sexenio que se estuviera viviendo en ese preciso instante.

Era un hecho recurrente ver la contabilidad de lo que le faltaba al régimen, seguro que incomodaba y molestaba a muchos de los beneficiarios del mismo, que veían acercarse la fecha en que regresaran a ser igual que el resto de los mortales, lo que seguro contribuía a la poca querencia que le tenían los gobernantes, y al pueblo le recordaba que no había mal que durara cien años, por más que por momentos parecieran que no tendrían fin.

No podríamos decirle la fecha exacta, pero nos tocó leer la columna Perlas Japonesas, que así se llamaba la publicación trisemanal de Nikito Nipongo, que coincidía con la toma de protesta del nuevo presidente, ha de haber sido la de Ernesto Zedillo, quien fue recibido con la poco amistosa contabilidad de: faltan seis años para que se termine el sexenio ¡¡¡uuuffff!!!, lo que seguramente, al haberle agriado la fiesta a los que llegaban, le cerró las puertas de las oficinas públicas desde el primer día.

Ahora que Andrés Manuel López Obrador cuenta los días, las horas, los minutos, ¡las mañaneras! que faltan para que se termine su administración, lo cual no obsta para que desde su rancho de majadero nombre, “La Chingada”, continúe intentando mangonear a su sucesora, y construyendo la leyenda de haber sido el mejor presidente de México, de Acamapichtli para acá, vale la pena reflexionar, aunque sea por un  momento, sobre el valor real de un sexenio.

Desde La Chingada, el presidente saliente pretende imponerse a la mandataria entrante Claudia Sheimbaum. Así faltarían seis años para que termine el sexenio.

¿Qué es un sexenio?, bueno, es el período temporal de seis años, que en nuestro país se asocia a la duración que tiene un gobierno en los niveles federal y estatal, eso es en términos numéricos un sexenio. Claro, habrá quien lo aderece diciendo que son además de seis años, setenta y dos meses, ciento cuarenta y cuatro quincenas, para quienes gustan de medir el paso del tiempo en cheques quincenales, son trescientas doce semanas, y así puede seguirle con horas, minutos y segundos, pero lo que realmente importa no es cuánto dura en números, sino lo que se puede hacer con él, con un sexenio.

Porque en efecto, un sexenio representa la oportunidad de pasar a la historia, objetivo de todos y cada uno de los presidentes que ha tenido este país, de transformar a la nación, como el caso de López Obrador, que quiere ser recordado como el gran transformador de cuarta… de la cuarta transformación, comparable y por supuesto modestamente superior a los autores de las tres anteriores, quien está convencido de que entregará un país completamente distinto al que recibió, uno caracterizado, primero que nada, por la seguridad, pero también por el amor, por la paz, la tranquilidad, la eficiencia gubernamental, la “honestidat”, la bondad, y otras cosillas igualmente encomiables.

Y ponga que sí, López Obrador, como cabeza de la cuarta transformación, líder de MORENA y presidente de la República consiguió destruir las instituciones existentes, la forma de gobierno que conocíamos la redujo a la nada, sustituyó lo que había con… ¿con qué?, todavía no podríamos decir exactamente con qué, ni nosotros ni la mayoría de la gente.

Lo que sí logró fue que, si antes los mexicanos nos ignorábamos mutuamente, ahora vivimos enfrentados, peleados, despreciándonos, polarizados que le dicen los expertos, y no, no podríamos asegurar ni que eso fue para bien, ni que le garantiza un sitio entre los grandes estadistas, de México y del mundo.

Para muchos efectos el sexenio lopezobradorista fue un tiempo desperdiciado.

En medio de aguas negras, los habitantes de Chalco viven el abandono y el desamparo en que los dejó el gobierno de López Obrador.

Muchos de los temas en la agenda nacional de plano fueron ignorados o de plano cancelados por la actual administración. Por estas fechas hace seis años debió haber una reunión, una serie de reuniones, las cuales el presidente López Obrador, todavía no en funciones, habrá esbozado a sus principales colaboradores cuáles serían los temas centrales de su gestión, los que luego se informaron: la refinería de Dos Bocas, la cancelación del Aeropuerto de Texcoco y la construcción del Felipe Ángeles en la base militar número 1 de Santa Lucía, el Tren Maya, el Corredor Interoceánico, y… y ya, porque eso iba a consumir cantidades industriales de dinero, además de que el presupuesto de egresos de la Federación se iba a ver minado por el compromiso de pagar pensiones crecientes, tanto en número como en monto.

Al que luego un libro describiera como “El Rey del Cash”, López Obrador se comportó todos estos años como uno de los auténticos millonarios, de esas personas que por un lado atraen mucho dinero, y por la otra u otras lo despilfarran alegremente, o bueno es un decir porque nunca ponen cara de de veras estar disfrutando del dinero.

Han salido a relucir en estos últimos días, noticias respecto a las áreas de la administración pública que López Obrador dejó ayunas de recursos, no solo manteniéndolas en el nivel que tenían en el sexenio precedente, sino de plano quitándoles lo que tenían, que nunca fue precisamente mucho.

Nos llama la atención que uno de los temas considerados críticos, si no es que el que más, por involucrar la supervivencia misma de regiones enteras en la geografía nacional, tiene que ver con el agua.

En efecto, estos años que le tocó administrar al país, fueron coincidentemente los más secos de las últimas décadas. Y no es que el fenómeno se diera de un momento a otro, como sí ocurrió con la pandemia de COVID que nadie esperaba ni podía prever más que teóricamente. No, lo del agua se veía venir con cada día que transcurría y los depósitos naturales y artificiales, superficiales y subterráneos, mostraban un abatimiento creciente.

La falta de programas preventivos llevaron a la crisis del agua en muchos puntos del país… Y faltan seis años para que concluya la administración.

Un gobernante consciente, hubiera tomado medidas para evitar la crisis, no es el caso de López Obrador, que a las sucesivas que se presentaron no respondió como debía, con mayor inversión, con planeación, con estudios, con proyectos, con educación, nada. Todo se dejó al a ver qué pasa, y con la mala suerte que nos caracteriza, terminó ocurriendo.

De santos nos damos que este año llovió, y mucho, si no, el vecino Nuevo León hubiera sufrido  una tragedia como la del año precedente. Ahorita están las presas llenas, ¿pero y El Cutzamala?, el Cutzamala, sistema que abastece a la Ciudad de México y al Estado de México, está prácticamente agotado.

Así están muchos sistemas de agua en el país, y a la sequía de lluvias hubo que agregar la sequía de dineros públicos.

Un sexenio perdido para todos los efectos. Coahuila no está tan mal… pero tampoco está tan bien. Piense por regiones, La Laguna, la frontera, el sureste, estamos a nivel de crisis, y sin dinero federal que sumar al estatal que no hay, lo dicho, un sexenio que vamos a lamentar.

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