BAILE Y COCHINO…
Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

En México la división de poderes siempre fue un mito y un subterfugio que utilizaba el emperador sexenal para no aparecer como el único responsable de las medidas que desde su escritorio y su oficina se tomaban contra la población.
Intencionalmente escribimos contra, en vez de a favor o hacia la población mexicana, porque el gobierno, en sus distintas expresiones, rara vez ha procurado el beneficio de la gente, y sí en cambio servirse de esta, principalmente por la vía del cobro de impuestos.
En este sentido México no le pide demasiado a las caricaturas y películas de Robin Hood, que luchaba contra los abusos del Señor de Nottingham, quien abusaba de sus gobernados, a quienes exprimía contribuciones excesivas, y hay de aquel que osara no pagarlas… pero las medidas que se tomaban entonces eran medievales, ahora que vivimos en la modernidad, no es necesario torturar a nadie, encerrar a nadie, y ya ni siquiera se privilegia el cobro de impuestos para hacerse de dinero ahora se pide prestado al exterior, o a los bancos nacionales, a sabiendas que no se pagará jamás ese dinero, pero lo que importa es tener los compromisos firmados y los intereses fluyendo.
Lo que sí, en nuestro país, y para dar la impresión de un gobierno verdaderamente democrático, en el que el pueblo está representado en el congreso y es este el que vota y decide las medidas que se toman en forma de leyes, los gobernantes han buscado y conseguido tener la mayoría en las cámaras, la de diputados y la de senadores. Ya con la mayoría, se aseguran que lo que han decidido y quieren ver concretado, sea sancionado a su gusto, o como lo supo exponer un mesías macuspano, Andrés Manuel López Obrador: que no le cambien ni una sola coma.
¿Qué tenemos entonces?, la voluntad del tlatoani, aprobada y vuelta ley por los supuestos representantes del pueblo, que en realidad lo que representan son sus propios intereses y los de su partido, y poco más. El congreso ha servido desde hace décadas, digamos durante toda la época posrevolucionaria como parapeto de las decisiones imperiales, eso sí, sin que se pueda mencionar la palabra imposición, pero que en efecto eso es.

Pero de que el congreso cuenta con todo el aparato para demostrar que aparentemente funciona, eso es un hecho innegable, que además nos cuesta un dineral a todos los ciudadanos. Aquello que decía, otro clásico, pero este guanajuatense, Vicente Fox Quesada, de que el presidente propone y el congreso dispone, suena muy bonito y hasta democrático, pero en la práctica cotidiana, el legislativo es un medio de legitimación, en el que la que sale perdiendo es la verdad, pues entre tanto merengue, no sabe uno quien fue el responsable de acciones que, por lo general, terminan perjudicando a la población, allí donde más le duele, en el bolsillo de los dineros.
Hasta candorosa nos pareció la nota aparecida hace pocos días en los medios de comunicación de la capital de Coahuila, en ella se decía que la diputada Beatriz Fraustro Dávila proponía un punto de acuerdo, mediante el cual se exhortaba a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público a cumplimentar las aportaciones federales aprobadas por el Congreso de la Unión y ya calendarizadas para el estado de Coahuila, esto con la finalidad de estar en posibilidad de concluir el año fiscal con la entrega íntegra de los recursos previstos…
No nos extrañaría que siendo Beatriz quien es, y formando parte de la alianza de partidos que todavía sigue existiendo en Coahuila, sus compañeros diputados le hayan dado para adelante al punto de acuerdo, total ¿qué les cuesta?, levantar la mano, alguien se encargará de darle una patita de gato a la redacción del punto de acuerdo y se les pasará a firma a los diputados que así lo quisieren, y ahora sí, todos como pavorreales y pavorrealas, presumiendo que en Coahuila no hay cooptación de la actividad legislativa, se van satisfechos de la labor emprendida y la misión cumplida, a cobrar sus dietas y darse vida de diputados, que en la práctica suele estar muy por encima de la de sus representados, la racita nivel de calle.
Y lo que interesa ¿qué destino tiene el exhorto?

Esa sí que es una buena pregunta. Recordemos así de pasadita que en México hay 32 congresos estatales, uno correspondiente a cada entidad federada. Imagínese que en cada uno de ellos, congresos, hay diputados, afines a la cuarta transformación o contrarios a ella, que se dedican a sacar exhortos, pidiendo en cada uno de ellos las cuestiones más peregrinas, como esta de Beatriz, para que Hacienda y su férreo titular, Rogelio Ramírez de la O, aflojen una lana que no han querido soltarle a Coahuila.
¿Cuántos exhortos recibirá un secretario de estado, y mire que el de Hacienda no es uno cualquiera, sino uno de los más solicitados, si no es que el que más, por obvias razones de lana?, quizá unos diez por semana, y pues allá en México, tendrán uno o varios empleados adscritos directamente a la oficina del secretario, quien los leerá, o no los leerá, pero preparará una respuesta satisfactoria a la petición de un congreso, en nuestro caso, de las lejanas provincias internas de oriente.
¿Qué dirá la respuesta?, pues lo obvio, que sí, después de todo no se puede uno enemistar con otro poder, el legislativo, y menos comenzar a pelearse con los gobiernos de los lejanos estados, la respuesta será positiva…pero no dirán cuándo, y a la vuelta de los días, semanas y meses alguien preguntará ¿y qué pasó con la lana que iba a llegar?, a lo que nadie sabrá dar respuesta.
Bueno, así funcionaban esas cosas hasta que se termine esta legislatura, a partir de la siguiente… mayoría absoluta, y allí sí, ni a respuesta tendremos derecho, seguro.

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