Medio millón nomás

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Todo gobierno, cualquier gobierno, del nivel que sea, necesita dinero para funcionar. Sin dinero para llevar a cabo las funciones que tiene asignadas el segmento de la administración pública que estemos tratando, se las verá negras para explicarle a la población el por qué no está recogiendo la basura, no hay una patrulla haciendo rondines, no hay maestro en la primaria, no hay vacunas en el centro de salud, y así podríamos seguirnos quince párrafos nomás enumerando lo que los gobernados esperan de los gobiernos, y estos tienen la obligación de prestar, además no solo Enel papel o simbólicamente, sino en cantidad suficiente, y con una calidad incuestionable.

Tampoco es que el gobierno tenga puras obligaciones, también le corresponde el derecho de recabar recursos económicos para realizar todas las funciones que tiene asignadas, y no solo eso, sino para prever y realizar obras y acciones tendientes a la atención de las necesidades de la población en un futuro cercano. Ese recabar recursos es lo que a la gente no le gusta tanto, más bien no le gusta nada, eso de pagar impuestos como que nunca ha sido del agrado de quienes tienen dinero, y ni hablar de quienes carecen de él, de plano consideran una injusticia doble el que les carguen la mano quitándoles lo poco que tienen y que difícilmente les alcanza para medio sobrevivir en nuestra sociedad.

Todo el problema es finalmente de confianza: si la gente ve que el gobierno está realizando obras, prestando servicios, adelantándose a las necesidades de la siguiente generación, que rinde cuentas, que tiene las cuentas al puro tiro, que no debe a nadie… en cuanto a que debiendo, el dinero que recauda se va para el pago de intereses a los bancos, pues no hay problema con colaborar, pero si los gobernados no ven nada de eso, pues es difícil que colaboren en tiempo y forma, más bien lo harán a fuerzas y tarde, si es que los agarran, si no, no.

Viene a cuento esto porque hace pocos días salió una nota a cual más de interesante, se trataba de una entrevista con Ernesto Prado, en la que dijo entre otras cosillas, que alrededor de 500 mil personas en el estado de Coahuila no han cubierto sus derechos vehiculares, una cantidad que nos pareció fuera de lugar, desproporcionada, ya que mal que bien, era uno de los rubros de ingresos en los que el gobierno del estado menos problemas tenía, por lo menos hasta hace relativamente poco tiempo.

En voz del entrevistado, es alrededor del 42% del padrón de contribuyentes que valga el rejuego de palabras, no están contribuyendo con lo que les corresponde, y es que allí sí que las cosas están perfectamente claras, en este país y en este estado, para poseer y circular en un vehículo, hay que pagar una contribución al gobierno, misma que en teoría se utiliza para hacer calles y avenidas, poner semáforos, y dar mantenimiento a todo ello para que esa función gubernamental, marche sobre ruedas…

Luego porque nos quejamos de que las calles están llenas de baches, de que no están pintados los carriles, que no se ven las luces de los semáforos, si no contribuye uno con el dinero que el gobierno necesita para poder llevar a cabo esas acciones, que encima le reclaman con singular alegría y ligereza.

Parte del problema es que el propio gobierno, no el actual en específico, sino tradicionalmente, se puso la soga al cuello a sí mismo. Convirtió la contribución por concepto de derechos vehiculares en una cuestión de negociación entre el estado y el ciudadano.

En efecto, ¿de quién fue la idea de hacer una “promoción” para cobrar un quince o un diez por ciento menos al pagar en los primeros tres meses del año?, mucha gente previsora y que entiende de esas cosas, claro que se ganchó, es como dinero regalado, porque ese 15% de descuento no lo gana de intereses teniéndolo en el banco, así que claro que aprovecha. Eso ya estaba bastante complicado, en cuanto a que le representaba al gobierno una sangría en sus finanzas, imagínese nomás que todo el mundo pagara a tiempo y el gobierno tuviera que hacerle bueno el descuento, solo con eso la administración pública perdía un 15% de su ingreso calculado.

Pero luego las cosas se pusieron todavía más complicadas, cuando el gobierno comenzó a ofrecer condonar las multas y recargos por derechos vehiculares, en un peso quedaban las multas. Eso pasó un año, y luego otro año, y luego se institucionalizó, más o menos por octubre o noviembre sale el acuerdo y no faltará quien se haya puesto a hacer sus cuentas, me sale mejor el esperarme, que al fin me van a ofrecer la condonación, y así hacen.

El colmo de la desesperación llegó en el sexenio de Miguel Riquelme, en que todavía ofrecieron un descuento adicional a quien pagara los derechos vehiculares en el mes de diciembre, antes de comenzar el año, total que el descuento llegaba o pasaba del 20%, y pues alguna gente, no toda, encantada de pagar menos por el trámite, pero las que sufrían eran las finanzas gubernamentales, que obtenían un dinero inmediato, pero recortado en relación con lo que debería ser.

Todas estas cosas son lo que llevaron a lo que vemos ahorita, que los contribuyentes no quieren contribuir, se hacen los remolones, se hacen rosca esperando que venga el gobierno a hacer una oferta que no puedan rehusar… y entre tanto el gobierno tiene que contratar créditos, lo que significa conseguir dinero caro, cuando por otro lado está regalando dinero barato, que no tiene.

Las cosas son difíciles de componer, cuando se les ha dado el manejo político que vemos, pero por algún lado hay que comenzar, si es que se quiere tener dinero, claro, si no, pues por ese caminito pueden seguir, con la consabida situación de que no  tendrán dinero suficiente de gente que no le confía a la administración pública.

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