Control total

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Manuel Bartlett, responsable del fraude electoral con el que llegó al poder Carlos Salinas de Gortari. (Foto de The Washington Post)

Recordamos una anécdota, muy local, pero que nos parece que sirve para poner las cosas que se vienen dando en el momento actual en la debida perspectiva.

Un conocido, ya con un buen número de copas dentro, nos platicó una vez que a él y a un par de amigos suyos, les había encargado el jefe de todos ellos “un trabajito”. Resulta que un ciudadano cualquiera andaba queriendo alborotar, un mercado sobre ruedas o algo así, si no me acuerdo mal. ¿Qué quería?, pues ser reconocido como líder por parte de los locatarios, o como sea que se llamen los que tienen los puestos, porque pues locales no son, esto significaba que el líder que había, un tipo por demás inefectivo como tal, que a todos caía mal, era flojo y corrupto, se quedaría sin el suculento hueso de explotador de los tianguistas.

Bueno, pues la chamba que les encargaron a estos porros, desde las alturas del municipio, fue que la dieran “un susto” al líder en ciernes, de tal manera que abandonara sus pretensiones, y se dedicara mejor a otra cosa, de preferencia fuera y lejos de Saltillo.

Imaginativos como eran estos cuates, conste, de los que ni siquiera podemos decir que fueran gente mala… fue “llevárselo”, lo que algún leguleyo podría interpretar como secuestro, privación ilegal de la libertad, o algo así, si es que hubiera mediado acusación, pero no la hubo. Se lo llevaron, le metieron la cabeza en un saco de tela, digo no se trataba de asfixiarlo ni nada por el estilo… y por allá por el rumbo del aeropuerto Plan de Guadalupe, que por entonces no estaba tan poblado como está ahora, ni con tanto tráfico, ¿pues no creerá que lo hincaron al pie de la carretera, y cada que pasaba un tráiler le acercaban la cabeza a las llantas, como amenazándolo de que la siguiente vez lo iban a tirar entre ellas?

Ni que decir que el pobre cuate se desistió de sus pretensiones de ser líder donde ya había líderes que contaban con sus buenos padrinos que los cuidaban a cambio de que les pasaran corriente, usted me entiende. Sí, le quedaron secuelas, durante años tuvo pesadillas de que no había sobrevivido esa noche, perdió totalmente la seguridad en sí mismo, y el oído del lado izquierdo, el que más acercaban a las ruedas… Y esas cosas pasaban acá en Saltillo, chambitas que les encargaban a preparatorianos desde la administración, a cambio de un sueldito. Imagínese lo que sucedía en otros niveles de la gestión pública…

Efectivamente, en este país hubo una Secretaría de Gobernación, en la que se desempeñó tenebrosamente un fulano que mire que cosas del destino, terminó su carrera política como encargado de la luz, de la Comisión Federal de Electricidad, Manuel Bartlett Díaz. Bartlett fue secretario de Gobernación, el momento culminante de su largo paso por el servicio público, luego fue secretario de educación, ¿Quién lo iba a creer?, fue gobernador del estado de Puebla, fue senador ya habiéndose pasado a la oposición, y bueno, fue patrocinador en numerario de Andrés Manuel López Obrador, que siempre paga amor con amor, y por eso le dejó la nada despreciable segunda empresa más importante del estado mexicano, la CFE.

Bartlett era un tipo duro, durísimo, de esos que controlaba a sus subordinados y su área de competencia e incumbencia con puño de acero. Durante su estancia en gobernación se dio la última ocasión en la que el poder ejecutivo controló de todo a todo el proceso electoral para la renovación de presidente de la República. Fue cuando aquella tristemente célebre caída del sistema, que le habría dado el triunfo al candidato del PRI Carlos Salinas de Gortari, y robado el triunfo a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano. Desde entonces se consideró que el sistema estaba agotado, en cuanto a resolver las cosas a punta de imposiciones, además de que ya había una oposición lo suficientemente fuerte, como para ameritar muchos más espacios que los que tradicionalmente se le había concedido, casi ninguno.

Ni modo, los tiempos cambiaban, pero no los objetivos del sistema, de mantener el poder a como diera lugar, y si había que soltar algunas migajas, que es a lo que equivalían las concesiones de algunas diputaciones, alguna que otra senaduría, y las primeras gubernaturas de estados, de preferencia alejadas y de no mucho peso económico o electoral.

Y sí, durante algunos sexenios, concretamente los de Ernesto Zedillo y de Vicente Fox, se puede decir que el control de hierro que el gobierno había tenido sobre el país, se había relajado. Uno porque quizá le cayó la presidencia junto con Luis Donaldo Colosio allá en Lomas Taurinas, y el otro porque de veras era buena gente, el caso es que la inteligencia criminal y política se tomaron con bastante más calma que en regímenes anteriores, de esos que fueron calificados como Dictablanda por Mario Vargas Llosa y otros observadores. Calderón sí era duro, y Genaro García Luna más, pero aun con esto, ni logró controlar la criminalidad ni conservar para el PAN la presidencia de la República. Luego vino Enrique Peña Nieto, a quien le corría atole por las venas, y pues los resultados los sabemos, llegó López Obrador al poder.

Como presidente Andrés Manuel juró y perjuró que no se espiaba a nadie, ni periodistas, ni políticos, ni a empresarios, a nadie. ¿Quién sabe?, se siguió pagando el programa Pegasus, se le concedió a la SEDENA un poder que no había tenido ni cuando los generales llegaban a presidentes, y se recurrió a prácticas que uno desearía que hubieran sido erradicadas de la política mexicana, pero ya vimos que no.

Lo que sucedió con los senadores Yunes y Barrera fue más que demostrativo de la manera que tiene MORENA de jugar. Ellos juegan a ganar, no a ver si ganan, muy al estilo que entronizó y eternizó al PRI durante casi un siglo. Las prácticas no se quedan en las amenazas y casi plagio que vimos para con estos senadores para que votaran o no votaran, sino a cómo tratan a los suyos propios. Eso de que les leyeron la cartilla, se queda corto, literalmente estaban secuestrados, no fuera que alguno quisiera reflexionar su voto fuera de lo ordenado. Nada.

En México mal que bien, gozamos de ciertos momentos, sexenios, de aparente libertad. Esos ya se acabaron. Entre los recursos para espiar, entre el SAT, la UIF, la prisión preventiva oficiosa, van a tener al pueblo, no al bueno y sabio, ni a los criminales, sino al otro, bajo una nueva santa inquisición, un control férreo, del que ya nos estaremos arrepintiendo. ¿Cómo dicen por allí, disfruta lo votado?, pienso que ni siquiera teníamos opción real de votar por otro estado de cosas. Pero sí, allí lo tenemos.

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