El momento de Manolo

BAILE Y COCHINO…

Por: Horacio Cárdenas Zardoni.-

Alguna vez le preguntaron a José López Portillo, la razón por la que la elección de su sucesor había recaído en Miguel de la Madrid Hurtado, en vez de en cualquiera de los otros integrantes de su gabinete que anduvieron buscando por todos los medios ser designados, destapados se le decía entonces, candidato a la presidencia de la república por el Partido Revolucionario Institucional, a lo que el folclórico ya entonces exmandatario respondió… era el que menos compromisos políticos tenía…

Podríamos decir que en efecto, todas las sucesiones en México son turbulentas, no ha habido una que no lo sea, eso en tiempos del PRI monolítico, pero también cuando gobernó el PAN y ni que decir que ahora con MORENA, en que como si se tratara de vedetes, cada uno y una de las corcholatas se sentía con méritos, con derecho de sangre, y aunque de dientes para afuera se digan que son casi hermanos, todos cumplen con el vicio de sentirse superiores no a los compañeros de partido, sino al resto de la humanidad.

Manolo Jiménez, un activo importante para Claudia Sheinbaum.

Hasta eso, hay que reconocer que a Andrés Manuel López Obrador la operación de la sucesión le salió bastante bien. Para el anecdotario queda la rebelión de Marcelo Ebrard, y luego la del compañero (de él, según) Gerardo Fernández Noroña, e incluso del sentimiento que hubo de su amigo casi hermano Adán Augusto López, a quien defenestró de la Secretaría de Gobernación para traerlo para arriba y para abajo gastando dinero, todo quedó como él quiso. Claudia Sheinbaum aceptó, como dizque también las otras corcholatas, la repartición de los premios de consolación hecha por López Obrador, y que en la práctica terminó por ser un juego de grilletes que la tienen y la tendrán apergollada la primer parte del sexenio o todo, al menos hasta que a punta de lo que sea, los haga transferir lealtades a su persona y no a quien les concedió graciosamente el puesto que ahora detentan.

Algunos analistas han hecho un análisis a conciencia del gabinete federal, el legal y el ampliado, y han llegado a la conclusión de que la mitad fueron designaciones de la presidenta Sheinbaum, y la otra mitad fueron concesiones a López Obrador, quien le pretendió dorar la píldora con el cuento de que la ley es la ley… perdón me fui de filo, con el cuento de que había que transmitir la impresión de continuidad entre el primer y el segundo piso de la cuarta transformación ¿y qué mejor manera que ocupar al mismo equipo de gente?, ya el detalle de que fueran de cepa lopezobradorista y no claudista, es una insignificancia… para aquel, quien sabe qué tanto para la presidenta.

Otro detalle que salió a la luz pública es que un par de días antes del fin del sexenio López Obrador se reunió con los veintitrés o veinticuatro gobernadores morenistas, el pretexto era el agradecimiento y la despedida, pero al parecer aquello terminó como una jura de lealtad renovada, no hacia la presidencia, ni hacia la cuarta transformación continuada, sino directamente hacia el ahora expresidente. Las crónicas dicen que los gobernadores, que desde el primero hasta el último le deben la chamba a López Obrador, juraron acudir a su llamado, en el momento en que lo hiciera, y para lo que fuera.

Claudia Sheinbaum. Lealtades.

Sumando una cosa y otra, llegamos a la conclusión de que Claudia Sheinbaum carece de una amplia capacidad de maniobra, como la que debería de gozar alguien que llegó a la presidencia con treinta y tres millones de votos, “cepillándose” a su antecesor con la votación más grande de la historia. Más bien limitadas sus posibilidades, y además teniendo que poner buena cara, después de todo, desde el primero hasta el último son morenistas…

Es aquí donde entra Manolo Jiménez Salinas como un elemento potencialmente muy útil para la política que quiera y pueda hacer la presidenta Sheinbaum. El gobernador de Coahuila lo tiene más que claro, somos uno de los dos estados que todavía le quedan al PRI, y por demás está decir que MORENA hará hasta lo imposible por reducir al partido del que emanó y del que emanaron la mayoría de quienes lo integran, a nada. Coahuila está en la mira, Durango está en la mira, con lo que administrar la entidad puede convertirse en una auténtica pesadilla… a menos que la coyuntura sea manejada como una oportunidad, una gran oportunidad de apoyar a una presidenta que, pese a lo que digan, tiene menos amigos de los que desearía y merecería.

¿Se puede confiar en alguien que no sea morenista?, comenzamos esta columna recordando la anécdota de José López Portillo y Miguel de la Madrid. A lo mejor otros aspirantes eran mucho más amigos que él, tenían más influencia política y amarres con los sectores, pero eso es precisamente lo que no quería López Portillo, sino en la medida de lo posible, alguien que pudiera gobernar sin demasiados compromisos de entrada.

Dadas las condiciones actuales, los 24 gobernadores morenistas siguen considerando un honor estar con Obrador, y no tanto con Claudia, lo mismo para la mitad del gabinete, y una proporción igualmente elevada, o superior en  el Congreso de la Unión ¿De quién echar mano, que tenga un poder propio, que no se lo deba ni a uno ni a otra?, pues de Manolo…

Además que el gobernador de Coahuila ha manifestado la disposición adecuada, para trabajar en conjunto, deslizando un “para lo que se ofrezca”, que a buen entendedor, podría resultar una herramienta muy útil para la presidenta.

En fin, son especulaciones, pero no lo deseche, la política hace compañeros de camino a gente muy disímbola, y funciona.

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