CARTAS DE CHAUL
Por: Leonel Chaul Chamut

«Solo los que obran mal, temen a los que hablan bien y solo los impotentes y los despechados, pueden condenarlos”.
“La Henriada” Francois-Marie Arquet, (Voltaire)
Cuando hablamos mexicanos, nuestras palabras penetran la consciencia de quién escucha; pero, además, ahí permanece en la subconsciencia de los oyentes, y nadie puede adivinar cuándo ni cómo germina dentro de cada individuo.
Hablamos, pero no sabemos cuál puede llegar a ser el impacto a los ciudadanos.
En la historia de América, varios son los episodios en que la palabra ha destruido a los tiranos.
Ejemplo de ello es Juan Montalvo, escritor del Ecuador, que combatiera contra el tirano Gabriel García Moreno, con artículos y discursos. Cuatro discípulos de Montalvo mataron al tirano en 1875. Al saber la noticia, el rebelde escritor y orador, autor de los siete tratados, mientras sufría el destierro político, exclamó: mi pluma lo mató; auténticamente pudo exclamar, ¡lo mató mi palabra!
Otro ejemplo válido, y es necesario mencionarlo, es la opinión de Filipo, el rey Macedonio, padre de Alejando el Magno, en un momento de su conquista de los griegos dijo: “no temo a los generales; le temo a Demóstenes, porque con sus discursos es capaz de unir y levantar a los pueblos helenos en mi contra”.
Y ¡así fue!
Muchos años después, los más breves discursos, los más relampagueantes, derribaron los muros de La Bastilla y la elocuencia de Danton, de Mirabeau y de Robespierre, cambiaron el rumbo de la historia de Francia.
Mexicanos, en estos momentos que vivimos, pregunto a todos, ¿de qué nos sirve la inteligencia?, ¿para qué la emoción, si no hubiera forma de expresarla?, el pensamiento necesita de la palabra para manifestarse, una emoción callada es una emoción suicida, hablar es vivir, hablar es presencia, y el silencio es muerte.

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