BAILE Y COCHINO…
Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Si no nos acordamos mal, fue Daniel Cossío Villegas el que ideó aquello del estilo personal de gobernar. Fue en tiempos de Luis Echeverría Álvarez como presidente de la república, quien si por algo se caracterizó fue por tener una muy particular manera de administrar el país, en lo político y en lo burocrático.
En aquella época le celebraron mucho a Cossío, quien ya por entonces era uno de los académicos e intelectuales más respetados del país, lo del estilo personal de gobernar, y es que Echeverría era temido por todo el mundo, eran pocos los que se atrevían a criticarlo de manera abierta, no obstante que por abajo del agua y en los chistes hicieran escarnio de su discurso, su vestimenta, su señora esposa, de todo, así que cuando don Daniel salió con lo del estilo, lo interpretaron como una bofetada con guante de seda, siendo la opinión generalizada que el presidente no había entendido ni el chiste ni la crítica.
Desde entonces se ha hablado mucho del estilo personal para gobernar, de hecho no habría justificación para tratar algo así, parece una obviedad el hablar de que cada gobernante tiene una forma personal de administrar su capital político, su tiempo, sus debilidades, sus vicios, su vida. Sobre todo aquellos que son exitosos, que tienen una carrera siempre ascendente y con escasos períodos de que los mandan a la banca, podrían ser dignos de estudio y de imitación, pero fuera de eso, cada quien tiene su estilo personal, que le funciona solo a él o ella, casi como lo diría Siddhartha, en la novela de Herman Hesse. Lo que sí, la frase o lugar común se sigue aplicando, pero en el sentido original, más como crítica soterrada, que como alabanza.
México ha tenido muchos gobernantes folclóricos, casi podríamos decir que más de los que nos merecemos, aunque aquí entra a fuerza la referencia a aquella sentencia de que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen.

¿Realmente los mexicanos nos merecemos gobernantes como Andrés Manuel López Obrador, José López Portillo, Felipe Calderón Hinojosa, Enrique Peña Nieto, y aquí le paremos porque el listado se haría interminable? Pues al parecer sí, ese es nuestro destino, ya que seguimos eligiendo gente más por sus características histriónicas que por su capacidad de trabajo, sobre todo demostrada con hechos, no confiada en promesas y discursos.
El que nos gobernó Hasta el último de septiembre, y que algunos sospechan que sigue gobernando durante el sexenio que comienza y el que sigue a este, y quien sabe por cuánto tiempo, es uno de esos personajes de la política a la mexicana que hace que gente de otros países nos vean con conmiseración, aunque tampoco vamos a decir que tengamos la patente o la exclusividad de los gobernantes folclóricos.
Lo más extraño no es que López Obrador haya mentido desde el primer día de su mandato, sino que la gente le siguiera creyendo cada palabra que salía de su boca. Ese es un fenómeno digno de estudios científicos del más alto nivel, ¿por qué, o cómo es que los mexicanos, por lo general desconfiados y descreídos, daban por bueno todo lo que decía el tabasqueño? O a lo mejor o es que le creyeran, quizá ni siquiera estaban escuchando lo que decía, pero solo con que saliera de sus labios ya era algo que por protocolo y por conveniencia, había que aplaudirle, no fuera a ser que se cumpliera la amenaza aquella de que si no… les recortaban los apoyos, las becas, las pensiones, alguna otra clase de subvención. Y a esto sí que la gente le tiene miedo, pues sea que tenga pocos o muchos años recibiéndolas, no es algo a lo que se avengan sin chistar.
Solo como mentira puede calificarse que Andrés Manuel anduviera recorriendo el país inaugurando obras que todavía no estaban concluidas, algunas de las cuales inauguró en varias ocasiones. Así, el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles lo inauguró unas tres veces, y según palabras de los propios directivos de este, no será hasta después del año 2030 que se concluya con todas las etapas que contempla el proyecto, que también viéndolo bien, y pese a que se anunció como una obra totalmente nueva, se construyó sobre la infraestructura que se había venido acumulando durante setenta años en la Base Aérea número Uno, en Santa Lucía, municipio de Tecámac, estado de México. Pero política y mediáticamente era importarte inaugurarlo.
¿Y qué se puede decir del Tren Maya?, esa es una verdadera joya de manejo político y de mercadotecnia política también, el tal tren se inauguró varias veces, cada vez que se concluía una etapa de construcción, de las que hay como siete, hubo una inauguración, y eso que igual que el AIFA, se montó sobre vías tendidas desde la época del Gran Fifí, Porfirio Díaz Mori. En nuestra cabeza cabe que las cosas se inauguran una sola ocasión, pero para gente como López Obrador hay que inaugurarlas cada vez que se pueda, y a falta de otros logros, pues este es bastante bueno.
Lo mismo se podría decir de la refinería de Dos Bocas, esta también se inauguró como cuatro veces, y hasta donde se ha podido comprobar, sigue sin producir los combustibles prometidos. Pero lo importante es la foto, y sembrar en la gente la idea de que efectivamente sí se está trabajando, pero por la naturaleza de sus operaciones, se mantienen en secreto.
Todo está en la teoría de la gallina, esa de que hay que cacarear cada vez que pone un huevo, esto para que al granjero, ranchero, o quien sea que sea su dueño, no crea que ya es hora de convertirla en caldo, ante la falta de productividad de huevo, mientras siga cacareando seguirá viva, así los políticos.

Pero no todos. Allí tenemos al presidente municipal de Saltillo, quien efectivamente gusta de aparecer en los medios de comunicación todos los días, sábados y domingos inclusive, pero no ha sabido organizar el trabajo de las diferentes áreas del ayuntamiento como para que le alleguen material para presumir, o siguiendo los pasos del presidente López Obrador, para inaugurar.
Sin ir demasiado lejos, allí tiene la obra más vistosa de su administración, la repavimentación de bulevar Venustiano Carranza, la que daba para visitas de supervisión de quien se inauguró trepado en una máquina y supuestamente tapando baches. Así bulevar Carranza daba para inaugurar cada dos o tres calles, para que se apersonara el alcalde y su séquito, pero claro, para entregar obras más o menos completas o mínimo en proceso de completarse.
Oiga, si ya pasó la raspadora, ya pasó la pavimentadora ¿qué les costaba que pasara una cuadrilla pintando las rayas de los carriles y poniendo las alcantarillas a nivel, dando por concluido y entregado el tramo?, ah no, hace casi dos meses que terminaron el tramo desde la escuela Margarita Maza de Juárez hasta San Isidro, y no han sido para ninguna de las tres cosas, las rayas, las alcantarillas y la inaugurada.
A lo mejor es que lo quieren hacer todo junto, pues bueno, es el estilo, de grillar, porque de administrar, deja mucho que desear y enemista mucho con la gente que desespera de que no puedan acabar.

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