Atendiendo las causas… (Sin saber cuáles son)

Baile y Cochino…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Para los que tenemos años o décadas dedicados a la comunicación, nos queda clara una cosa, pocas cosas hay más difíciles que hacernos entender.

No nomás nosotros que se supone primero que entendemos las cosas y luego nos tomamos la pretensiosa libertad de platicárselos a los lectores, radioescuchas, telespectadores o gente pegada a las redes sociales. Nos la pasamos preparándonos para que el mensaje salga lo más diáfano posible ¿y qué pasa?, que del texto emitido, cada quien entiende lo que quiere entender. A veces por razones conscientes, a veces inconscientes, o por lo que sea, lo que las personas captan de lo que otros dicen, nos lleva a pensar en algunos casos extremos, que se está hablando de hechos totalmente diferentes, y como cada quien capta lo que quiere, puede o le conviene, es muy difícil sacar conclusiones razonablemente consensadas respecto a un hecho que por lo demás, a la hora que lo presenciamos, porque ese es el privilegio de los periodistas, ser de los primeros que se enteran de las cosas, nos parece de lo más simple.

El lenguaje es algo complejo, se supone que los seres humanos lo desarrollamos para poder comunicar ideas, sentimientos, hechos, para que tanto quienes lo dicen como quienes lo escuchan, tengan por lo menos, los mismos elementos de información, que les permitan tomar decisiones, que ante todo sean correctas, por corresponder de forma fidedigna a los hechos. Sí, esa es la teoría, porque en la práctica, el lenguaje termina convirtiéndose muchas veces en un obstáculo entre los que se buscan comunicar, que en un puente.

Parte del problema es que muchas palabras no significan lo mismo para unos y para otros, Al contrario, pareciera que están allí para confundirnos mutuamente, para distanciarnos más que para acercarnos, para que nos engañemos, en vez de lo deseable, que nos entendamos.

Y sí, para eso están los comunicadores, los intérpretes, los asesores y en última o primera instancia, los diccionarios, para explicarnos qué es lo que se dijo y qué lo que deberíamos entender, pero pocos son los que hacen caso de los primeros, y de los últimos, rara vez se acuerda alguien, con el agravante de que cuando los abrimos, nos damos cuenta que muchos de los vocablos definidos, tienen varias acepciones o significados, y cada quien termina eligiendo no el que mejor se adapta a la situación, sino el que más nos conviene.

Todo esto viene a cuento porque de nueva cuenta se ha planteado una estrategia de seguridad pública para el país, una que parte de la incomunicación y la incomprensión de los términos utilizados, con lo que hay una alta probabilidad de qué, de no corregirse como se espera y como sería prudente, terminemos en una situación mucho peor que en la que nos encontramos en el punto de partida.

Para uno que es lego en esas cosas, lo simple es: ante un problema, hay que darle solución. Si nos vamos a los orígenes, a las causas, a papalotear entre las ramas, lo más probable es que nos falte tiempo para hacer las cosas, cuando finalmente el conocimiento logrado nos movilice para hacer algo que sea útil, que funcione para el objetivo último de tener el problema resuelto.

En el discurso de presentación de la estrategia de seguridad para el sexenio que comienza, al secretario de seguridad y protección ciudadana, el hombre que se nos quiso vender como el arma secreta para combatir el clima de violencia que campea por buena parte de México, se le ocurrió darle un sesgo político a su planteamiento, en vez de uno estrictamente técnico. ¿qué fue lo que dijo Omar García Harfuch?, ah pues ni más ni menos que lo mismo que en su momento, hace seis años, dijo Andrés Manuel López Obrador, al asumir el poder presidencial: atacar las causas de la inseguridad.

No a la violencia, no a la criminalidad, no a los delincuentes, no la ineficiencia, no el rezago, no la impunidad… las causas. Esto de entrada, perfila que todo lo que se debería de hacer para lograr algo de tranquilidad en este país, se va a quedar pendiente, todo porque los encargados del asunto estarán dedicados a hacerla de benefactores, de servidores de la nación, atacando las causas de la delincuencia.

López Obrador usó una fórmula mágica para todos los problemas, repartir dinero público, dinero que por lo demás, no había en cantidad suficiente: para salir de la pobreza, dinero, para los objetivos del milenio, dinero, para mejorar la educación, dinero, para mejorar la salud, dinero, para ganar elecciones, dinero… y ponga que en el fondo tuviera razón, en esta sociedad todo se puede resolver con dinero, pero invirtiéndolo, no regalándolo.

En materia de seguridad salieron con la vacilada de que dando becas a los alumnos y a los jóvenes sin quehacer, con eso “se los iban a arrebatar” al crimen organizado. ¿de veras creía López Obrador, como lo cree Claudia Sheinbaum y Harfuch, que con una beca de mil ochocientos pesos bimestrales, los jovencitos despreciarán los diez mil o veinte mil que les den los narcotraficantes por servir de halcones, sicarios, burros, o lo que sea?

Pues a lo que parece, sí, sí lo creen y en esto están fundando otro sexenio, ya no de abrazos, pero no de guerra abierta contra el narcotráfico, eso se cuidaron mucho de que quedara claro, los cárteles de la droga pueden estar tranquilos, no los van a perseguir, lo que van a hacer es quitarles a los chavitos, como si no fuera fácil forrarlos de billetes, darles la troca de sus sueños, pistolas y fusiles para que jueguen a matar, y si todavía tienen algo de prurito, volverlos adictos a esta o aquella droga para quebrantarles la consciencia y la voluntad, para que hagan lo que se les ordena para darles más droga.

¿Cuál sería la causa última de la criminalidad en México?, ha quedado claro que no es la pobreza, que dizque han atacado a costos millonarios y hay más crímenes hoy que hace seis años, a lo mejor si no hubiera delincuentes en las calles… a lo mejor si los niños no quisieran ser narcos cuando crecieran, sino como era antes, soldados, marinos, policías…

Total que acabamos enredándonos como si fuéramos políticos. Van a atacar las causas, sin saber cuáles son las causas, por lo pronto cada vez hay más muertos, como si los delincuentes le estuvieran dando la bienvenida a los ingenuos que entienden poco, o tal vez nada del problema que tienen entre manos.

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